Cuando sale un nuevo libro

Leí que C. S. Lewis no se consideraba un gran escritor original. 

En una carta a un amigo cercano, Lewis reconoce que a menudo se siente insatisfecho con lo que escribe, y que teme no estar a la altura de otros autores que admira. Aun así, continúa escribiendo porque cree que Dios puede usar incluso palabras imperfectas.

Me encuentro en buena compañía. Me encanta escribir pero me aterra cuando el libro sale a la luz. Sé también que no estoy a la altura de otros escritores que he querido imitar, emular o seguir, pero, igual que Lewis, escribo porque debo hacerlo, porque no puedo dejar de hacerlo, y porque solo cuando lo hago encuentro el Norte. 

Y así, camino un paso a la vez, un libro a la vez, una entrada en el blog a la vez, con temor y temblor, nunca cien por ciento satisfecha, pero con una oración en mis labios de que algo, poco o mucho de lo que escriba, ayude a alguien más. 

El fin de semana pasado salió un nuevo libro a la luz. Ahora está en manos de muchos lectores. Y mi oración es que sea de ánimo y aliento.

(Si quieres compartir tus comentarios sobre el libro, de antemano, ¡gracias!).

Leer alrededor del mundo

Muchos conocemos a Steve McCurry por la icónica foto de una niña afgana de ojos verdes que apareció en la portada de National Geographic y dio la vuelta al mundo. La foto ha provocado todo tipo de comentarios, e incluso acusaciones, pero el fotógrafo solo captó una imagen en su cámara que encontró resonancia con muchas personas. 

Sin embargo, McCurry reunió las muchas fotos que tenía alrededor de un tema que a mí me interesa: Sobre la lectura. Al dejar que su cámara capturara las imágenes de personas leyendo, se dio cuenta que cruzaba las fronteras culturales y socioeconómicas. En sus palabras: «La lectura ofrece un tiempo de contemplación. Incluso en Afganistán, donde la vida no es fácil, encuentras personas leyendo en las circunstancias más improbables». 

La lectura, en palabras de McCurry, es algo que nos conecta a todos. Entre sus favoritas está un joven tailandés leyendo un libro, recargado contra un elefante; o un grupo de hombres chinos leyendo el periódico; y el de unos monjes italianos en contemplación con su Biblia en mano. 

En este artículo puedes encontrar algunas de sus fotografías: https://www.bbc.com/culture/article/20170116-striking-photos-of-readers-around-the-world

La siguiente frase se atribuye a C.S. Lewis, pero al parecer más bien surgió de la película Shadowlands en la que Anthony Hopkins representa al escritor y le dice a un alumno: «Leemos para saber que no estamos solos». 

¿Cuál es tu razón para leer? ¿Tener compañía? ¿Conversar con las voces del pasado? ¿Encontrar respuestas? ¿Escapar del presente? ¿Conocer más del mundo? Que sea también encontrar la verdad, la belleza y la bondad que el Espíritu de Dios nos puede dar y usar para dar vida a nuestras almas, como decía Eugene Peterson. 

Y finalmente, si un Steve McCurry se encontrara contigo en un día común, ¿te fotografiaría con libro en mano? ¿No estaría genial llenar un día todas las redes sociales con imágenes de personas leyendo?

El deber

Por la mañana no quieres despertar, aunque sabes que te espera la oficina. Debes cocinar, limpiar la casa, atender la ropa y recoger los cuartos de los niños. Enfrentarte a un grupo de alumnos que no quiere aprender. Sentarte delante de una pantalla con números y letras. Pagar las cuentas, incluidos los impuestos. Cuidar de tus padres ya mayores como si fueran niños. El deber.

Pero el deber se transforma cuando se acompaña con amor, como bien dijo Anne Shirley mediante la pluma de Lucy Maud Montgomery: «Había mirado su deber con valentía a la cara y lo había encontrado un amigo, como el deber siempre lo es cuando lo enfrentamos con franqueza».

El deber puede ser un amigo cuando te das cuenta que la oficina es el lugar que tienes para servir a los demás. El deber te sonríe cuando tu esfuerzo provee un hogar limpio y ordenado —aunque resulte agotador—, que tus hijos recordarán como un nido acogedor. Uno de varios de tus alumnos se inspirará por tus enseñanzas, y por uno vale la pena. La pantalla se puede transformar en el altar donde buscas el bien del prójimo. Tus esfuerzos por cumplir con tus deberes serán un día recompensados. Tus padres agradecerán tus cuidados, en medio de sus propias luchas con la vejez.

Enfrenta hoy tus deberes con franqueza y encontrarás propósito.

A final de cuentas, el deber llevó a Marilla a quedarse con Anne y encontró el amor de madre en su corazón. Y el deber hizo que Anne se quedara con Marilla un tiempo antes de ir a la universidad, decisión impulsada por el amor.

Con unas gotas de amor en el deber, encontrarás las fuerzas para enfrentar la rutina y el trabajo.

Como un girasol

Así es, de la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones. Mateo 7:20 (NTV)

A mi hija le encantan los girasoles, la alegría del verano. No solo le gusta cómo rotan mirando al sol, sino que admira su tamaño, que va de entre dos y tres metros, y sus pétalos de color amarillo. Pero ¿sabías que no solo sirven como adorno? Son más que flores bonitas. Cuando se secan y parecen morir, nos regalan sus semillas como alimento, su aceite como combustible y sus raíces para limpiar la tierra de metales.

Quizá por eso Jesús terminó su sermón en el monte recordándonos que no es bueno juzgar a los demás. Las apariencias engañan fácilmente pues, aunque muchos lucen los pétalos del supuesto éxito, no producen frutos, es decir, no benefician a los demás. ¿Cómo entonces saber quién es quién?

Así como identificas un manzano por sus manzanas y una higuera por sus higos, identificamos a la gente por sus acciones. Y hay básicamente dos acciones que importan, y que Jesús explica en la última parte de su discurso. Están los que escuchan su enseñanza y la siguen, y los que oyen sus instrucciones, pero no obedecen.

Cuando escuchamos y no obedecemos, somos como árboles malos, sin fruto y utilidad. En otras palabras, somos espinas que jamás producirán uvas. Sin embargo, la obediencia producirá la evidencia de que seguimos a Dios y bendecirá a otros. Cuando la gente nos «pruebe» verá en nosotras el resultado del amor, la paciencia, la bondad y mucho más. Por lo tanto, el día de hoy, seamos girasoles que sigamos a nuestro Sol de justicia en obediencia.

Señor, quiero obedecer tus mandatos y dar así fruto.

Tomado de Un Año con Dios en el Nuevo Testamento, Origen

La noche oscura del alma

¿Has experimentado la noche oscura del alma de la que escribió San Juan de la Cruz?

Por lo general comienza con un despertar a la necesidad que nos embarga; nos recuerda que estamos vacíos y lo que consumimos no nos está llenando. 

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

Le sigue la agonía, real y contundente. Nos embarga el hambre y la sed por algo que no sabemos describir con palabras, pero que buscamos a tientas hasta encontrar.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

Y cuando lo encontramos a Él surge el abandono. Nos rendimos a sus pies y comprendemos que somos suyos y nada más importa. 

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!

Entonces Él, con dulces abrazos, nos recuerda que debemos apropiarnos de su amor por medio de la fe. Nos susurra que no se trata de hacer, sino de permanecer; Él no nos invitó a la ansiedad, sino al descanso. 

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Y así llegamos a la permanencia, a la realidad de que mientras seamos parte de la vid, daremos fruto.

Quedé y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Y entonces recibimos la vida que nos ha prometido, una abundante, la que siempre hemos soñado.