Una mirada perfecta

Escrito hace 15 años.

Susurro porque podrías despertar, y no quiero, por lo menos, no aún. Pero tengo tanto qué decirte. Rescaté de entre los CDs uno de mis favoritos, pero no había adquirido tanto sentido como ahora. Se debe a ti.

Una de las canciones nos invita a acercarnos a la cuna, no tu cuna, sino la de Jesús, donde se encuentra paz y gozo. Sin embargo, una frase me encantó. Dice: “Simplicity speaks in the innocent upward trusting glance of a child”.

Y así me miras hoy. Me hablas de la sencillez de la vida a través de tu mirada inocente, hacia arriba, confiada. Tres cosas que me hacen meditar en esta mañana.

Tu mirada inocente. En la que no existe malicia ni doblez. Una inocencia que no excluye el pecado, sino que más bien acepta su debilidad y dependencia. Así debo mirar a Dios.

Tu mirada hacia arriba. Buscándome, a mí, quien ha prometido protegerte. Siempre miras arriba, no abajo donde no encontrarás ayuda. ¿Y yo? ¿Dónde encontraré auxilio? Arriba. Así debo mirar a Dios.

Tu mirada confiada. Cuando me observas, pones en mis manos tu vida. Por tu mentecita no cruza siquiera la posibilidad de que yo quiera tu mal o te vaya a fallar. Confías en que te daré lo que necesitas. Así debo mirar a Dios.

Gracias por enseñarme lo que significa una mirada perfecta.

Armonía

Que Dios, quien da esa paciencia y ese ánimo, los ayude a vivir en plena armonía unos con otros, como corresponde a los seguidores de Cristo Jesús. Romanos 15:5 (NTV)

¿Sabes cuál es la diferencia entre el ruido y la música? Aunque ambos son sonidos, la música es ordenada pues tiene estructura, longitudes de onda y frecuencia armónica. Una de las palabras claves, por lo tanto, es la armonía.

En su carta a los romanos, Pablo les pide a los lectores que aprendan a vivir en plena armonía. ¿Y cómo se logra esto? Pensemos en la música. Toda pieza musical requiere una melodía, es decir, la tonada o la sucesión de notas musicales que reconocemos. La melodía principal que debemos tocar como seguidores de Jesús es el amor. Por algo, el Señor insistió muchas veces que nos amáramos unos a otros.

Pero la buena música requiere de la armonía que le da profundidad a la composición. En otras palabras, lo que hacemos para mostrar amor ayuda a resaltar la melodía. En este pasaje, Pablo nos da algunos consejos de cómo lograrlo. En primer lugar, no debemos pensar en agradarnos a nosotras mismas solamente. Segundo, debemos ayudar a otros a hacer lo correcto. Tercero, podemos dar ánimo a los otros mientras esperamos que se cumplan las promesas de Dios.

Así como no hay culturas sin lenguaje, tampoco las hay sin música. La música es parte de lo que implica ser un humano. Del mismo modo, los cristianos que traemos en nosotros el ADN de Dios hemos sido salvados para amar a nuestros hermanos y a nuestro prójimo. Busquemos la armonía en todas nuestras relaciones personales y ¡hagamos música celestial!

Padre, ayúdame a vivir en plena armonía con los demás.

Tomado de: Un Año con Dios en el Nuevo Testamento, editorial Origen

Oración para un maestro

(Una interpretación de 1 Corintios 13)

Si pudiera enseñar todas las materias pero no amara a mis alumnos, yo solo sería un metal ruidoso o un címbalo que resuena. 

Si tuviera la mejor didáctica y entendiera todos los nuevos descubrimientos de la ciencia y contara con todo el conocimiento, y si tuviera una fe que me hiciera capaz de abrir muchas escuelas, pero no amara a mis colegas, yo no sería nada. 

Si diera todo mi tiempo a la escuela y hasta sacrificara mi cuerpo, podría jactarme de eso; pero si no amara a mi propia familia, no habría logrado nada.

El amor es paciente con los alumnos que avanzan lentamente y bondadoso con los que quieren llamar la atención.

El amor no es celoso de los maestros que parecen lograr más, ni es fanfarrón de sus logros, ni orgulloso de sus éxitos, ni ofensivo en sus malos días.

No exige que las cosas se hagan a su manera, sino que se somete a la autoridad.

No se irrita con la misma pregunta, ni lleva un registro de las ofensas recibidas por el alumno más travieso.

No se alegra de la injusticia, cuando ve que la educación no se toma en cuenta con seriedad, sino que se alegra cuando la verdad triunfa y se hacen reformas pensando en el niño. 

El maestro que ama nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.

Los modelos educativos, los planes curriculares y las pruebas diagnósticas se volverán inútiles. ¡Pero el amor durará para siempre! 

En el día que temo

Una madre puede acumular una enorme lista de temores. De por sí yo ya me consideraba un tanto aprehensiva, pero al tener un hijo, mis miedos se multiplicaron. Sin embargo, abro la Biblia y encuentro un poema que tranquiliza mi alma.

Mamá puede estar serena porque Dios la rescatará. El salmo 91 lo confirma en el verso 3: “Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales” (Nueva Traducción Viviente). El Señor me rescatará de toda trampa, esas flechas del enemigo que se posan en nuestra contra. De toda enfermedad mortal, y no porque jamás vayamos a enfermar, sino porque él es mayor que todo. De los terrores de la noche, con la oscuridad envolviendo peligros que nuestra imaginación aumenta. De los ataques de día, cuando muchos prefieren ya no salir a la calle. De las pestes y epidemias que de pronto se ciernen a nuestro alrededor.

Mamá puede estar serena porque Dios la protegerá. “Si haces al Señor tu refugio y al Altísimo tu resguardo, ningún mal te conquistará; ninguna plaga se acercará a tu hogar. Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas. Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra” (9-12, Nueva Traducción Viviente). No veo los ángeles, pero sé que están ahí solo porque Dios lo ha dicho. Puedo caminar en paz.

Mamá puede estar serena porque Dios le responderá. “Cuando me llamen, yo les responderé” (15, Nueva Traducción Viviente). ¿Qué tan cerca está Dios? Tan cerca como una sombra que nos sigue a todas partes. El salmista pinta un hermoso cuadro, el de una gallina cubriendo a sus polluelos, el de un águila defendiendo a los aguiluchos. Nos dice que sus plumas nos cubrirán; sus alas nos darán refugio. Así de cerca está, así que ¡por supuesto que puede escuchar nuestra voz!

Mamá puede estar serena porque Dios le recompensará. ¿Con qué? Con larga vida. Y quizá no sea en la tierra, pero sí por la eternidad. Su recompensa irá más allá de lo que pueda transitar sobre el planeta. De hecho, su regalo ya lo puedo experimentar hoy, al vivir bajo su amparo y al encontrar descanso bajo su sombra.

Mientras otras mamás corren y sufren, se angustian o lloran, mamá puede estar serena porque habita al abrigo del Altísimo.

Tomado de Suspiros para mamá, editorial Verbo Vivo

Un llanto particular

(Febrero 2011)

Tu papá me compartió este susurro, y me gusta tanto que lo escribo ahora. Los primeros días, mientras nos cambiábamos para entrar a la sección de neonatos a visitarte, varios papás nos colocábamos la ropa esterilizada cuando se escuchaba un chillido. ¿Será el mío?

Unos días después, podíamos reconocer el llanto de nuestros hijos. En medio de otros varios, podíamos detectar si eras tú o Emiliano o Toñito. Cada madre, cada padre, reconocía a su pequeño.

Del mismo modo, cuando Dios escucha mi llanto, dice: “Ella es mía”. El dolor de cada uno de sus hijos no pasa desapercibido. En medio de la muchedumbre, no me pierdo ante su atento oído.

El día de hoy, escucho tu llanto y corro a atenderte. A veces te alimento, en otras te arrullo, incluso solo me detengo a mirar y no hago nada, pues creo que es lo que en ese momento necesitas.

El día de mañana, seguiré reconociendo tu llanto entre los demás. Así como el día de ayer aprendí a conocer tu voz.

Pero siempre recuerda que si yo no estoy, por alguna circunstancia, Él siempre estará allí y permanecerá fiel. Y aún estés en los momentos más difíciles y solitarios de tu existencia, Él oirá y dirá: “Ése es mi niño”, y no dudará en darte lo que necesitas.

No en balde su nombre es Jehová, es decir, quien es todo lo que necesito en cualquier circunstancia.