Que Dios, quien da esa paciencia y ese ánimo, los ayude a vivir en plena armonía unos con otros, como corresponde a los seguidores de Cristo Jesús. Romanos 15:5 (NTV)
¿Sabes cuál es la diferencia entre el ruido y la música? Aunque ambos son sonidos, la música es ordenada pues tiene estructura, longitudes de onda y frecuencia armónica. Una de las palabras claves, por lo tanto, es la armonía.
En su carta a los romanos, Pablo les pide a los lectores que aprendan a vivir en plena armonía. ¿Y cómo se logra esto? Pensemos en la música. Toda pieza musical requiere una melodía, es decir, la tonada o la sucesión de notas musicales que reconocemos. La melodía principal que debemos tocar como seguidores de Jesús es el amor. Por algo, el Señor insistió muchas veces que nos amáramos unos a otros.
Pero la buena música requiere de la armonía que le da profundidad a la composición. En otras palabras, lo que hacemos para mostrar amor ayuda a resaltar la melodía. En este pasaje, Pablo nos da algunos consejos de cómo lograrlo. En primer lugar, no debemos pensar en agradarnos a nosotras mismas solamente. Segundo, debemos ayudar a otros a hacer lo correcto. Tercero, podemos dar ánimo a los otros mientras esperamos que se cumplan las promesas de Dios.
Así como no hay culturas sin lenguaje, tampoco las hay sin música. La música es parte de lo que implica ser un humano. Del mismo modo, los cristianos que traemos en nosotros el ADN de Dios hemos sido salvados para amar a nuestros hermanos y a nuestro prójimo. Busquemos la armonía en todas nuestras relaciones personales y ¡hagamos música celestial!
Padre, ayúdame a vivir en plena armonía con los demás.
Tomado de: Un Año con Dios en el Nuevo Testamento, editorial Origen
