Profetas menores para los menores

Por el momento, este libro ya no está en circulación, pero esperemos que pronto regrese, aunque sea de modo digital. Fue un proyecto en conjunto con un talentoso autor, Samuel Lagunas, y una increíble artista, Susana Sánchez Huanosto.

La introducción dice:

Los Profetas Menores son 12 libros que están al final del Antiguo Testamento. Se les llama “menores” no porque sean poco importantes o de poco valor, sino porque escribieron menos que los profetas mayores. Los profetas mayores tienen más profecías que los menores.

Además, los profetas menores son de vital importancia en la Biblia. Ellos predicaron en una época en que el pueblo de Israel se desviaba de Dios y de la fe. Hablaron de juicio y de castigo, lo que no los hizo muy agradables al pueblo, y sobre todo, cumplieron una misión especial.

Algunos son conocidos como Jonás. De otros no sabemos casi nada, como el caso de Abdías o Nahum. Una razón posible es que los libros de los profetas menores carecen de una historia secuencial; es decir, no hay una serie de hechos que se narren en estos libros como sí ocurre en el libro de  Génesis o Éxodo; sino que son en su mayoría grupos de sentencias, advertencias y bendiciones pronunciadas por el profeta. Por eso este libro puede ser útil pues hemos creado, a partir de la imaginación, 9 historias que posiblemente ocurrieron en el tiempo de los profetas y otras tres que bien pueden ocurrir en nuestros días. En cada una de ellas ilustramos algunos de los mensajes más importantes que Dios dio a su pueblo.

Esperamos que estos cuentos despierten la imaginación y provean un cuadro histórico y geográfico de lo que estos profetas vivieron, sintieron y dijeron. Pero sobre todo, deseamos que al leer estos relatos surja la necesidad de ir a la Biblia misma y leer de primera mano el mensaje de estos siervos de Dios. Oramos porque al leer a los profetas, como lectores y estudiantes de la Palabra, nos comprometamos a cumplir con lo que Dios pide de nosotros.

Los autores

Les aviso si se vuelve a publicar.

El arte de esperar

Este libro ya no se vende en físico, pero lo escribí durante un tiempo de espera en mi vida.

La contratapa dice:

La vida es una constante espera y no puede haber otra mujer más apropiada en “El arte de esperar” que Sara, la esposa de Abraham, el patriarca bíblico.

Para Dios somos como en un lienzo y Él es el artista, la autora presenta después de cada capítulo una aplicación en la que muestra la pincelada que Dios da a nuestra vida para ir perfeccionando su obra.

Les comparto la pincelada final de este libro:

El arte de esperar

He tomado la imagen del arte para hablar de la espera. El arte se plasma en diversas disciplinas, como la arquitectura, la pintura o la música, la escultura o la literatura. Nos hace pausar y suspirar, contemplar su belleza o su poca estética y arrugar las cejas. ¿Qué nos quiso comunicar el artista?

He propuesto que esperar es un arte. Algo que no se logra de la noche a la mañana, sino que conlleva un proceso. No es algo que de momento luzca hermoso sino hasta que se ha contemplado. Nadie pudo decir que el David de Miguel Ángel sería una maravilla tan solo observando un bloque de mármol. Del mismo modo, hoy vemos la obra en proceso, pero falta tiempo para mirarla completa y en exhibición.

Así que termino este pequeño tratado reflexionando en los elementos del arte.

El artista

Es quien practica una disciplina artística o destaca en ella, desde un gramático, un astrónomo o un músico, hasta un albañil, un alfarero o un ebanista. El artista es alguien que desea expresar o comunicar su visión del mundo a través de lo que crea. Y para fines de este libro, no me refiero a nosotras, sino al verdadero artista, Jesús. Él es quien se destaca en el arte de restaurar y salvar vidas. Sólo él sabe cómo crear algo bello de la nada. Y a través de ese arte, comunica a los demás su mensaje. ¿Acaso no hemos aprendido grandes cosas de Sara?

Obra de arte

Somos nosotras, aunque aún estamos en proceso de restauración. Lo que hoy ven los demás son pinceladas o brochazos sin ton ni son; notas musicales desordenadas que aún no adquieren una melodía definida. El artista trabaja con nosotras, un material menospreciado y corriente, para volvernos una verdadera inspiración. De hecho, el término proviene del latín «opera» que deriva de «opus» o trabajo. Hoy nosotras somos el trabajo del artista quien está moldeando nuestro carácter, y en un futuro cercano seremos el resultado de esa transformación.

Público

Un libro que no es leído, una pintura que no es admirada, una canción que no es interpretada, ¿es arte? En la Biblia se nos compara a cartas abiertas. Algunas personas, como Abraham, Sara e Isaac ya están en exhibición. Solo basta elevar la vista y contemplar sus vidas para aprender de ellos. Nosotras estamos en proceso de restauración, pero el público ya está aquí. Vecinos, amigos, familiares; cualquier par de ojos que se pose en nosotras, puede ver cómo Jesús, poco a poco, trabaja en nosotras.

Percepción

El arte es un fenómeno subjetivo, motivado por la cultura, la herencia y la opinión de las personas. Del mismo modo, cuando alguien contemple lo que Dios hace en nuestras vidas, habrá quien niegue con la cabeza y sienta compasión de nosotras. Para muchos será locura. Otros se intrigarán del resultado, pero quizá lo consideren tedioso. Unos más aprenderán de nuestras experiencias, como nosotras lo hemos hecho con Sara. Pero la opinión más importante será la del Artista, cuando deje la brocha a un lado y vea en nosotros su propio reflejo: la imagen de Jesús.

Técnicas

Todo comienza en la mente del Artista. Dios nos diseñó desde antes de la fundación del mundo. Somos su idea, y no se detendrá hasta plasmar en nosotras su propósito. Pero debe utilizar diversas técnicas dependiendo del material. A veces, usará el fuego del sufrimiento que moldea el vidrio; en otras, tomará el cincel de la disciplina que graba la piedra. Quizá seremos la pintura de las alegrías que decora el cuadro; tal vez la repetición del castigo hasta que la sinfonía adquiera coherencia. Pero ¿se quejará la obra por la aplicación de alguna técnica?

En el arte de la espera el experto es Dios. Que él plasme en nosotras su mano, y si esto implica uno, veinte, cincuenta años, ¿acaso importa? Seguimos en la trinchera, aguardando y esperando, y confiando en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y por supuesto, de la bella Sara.

¿Quién es Jesús?

Cuando nacieron mis hijos les leía durante horas libros ilustrados en inglés y en español. Me enamoré de las ilustraciones y de las muchas posibilidades que estos cuentos ofrecían, e intenté un primer libro.

Pero mi chip de maestra y mi amor por Dios me llevaron a componer un pequeño libro ilustrado que habla de quién es Jesús para un niño prescolar. Observé sus miedos y sus necesidades y concluí en que Dios se comunica con nosotros con suma sencillez.

¿Quién es? Un pan. Un pastor. Una luz. Y algunas otras cosas más. Imágenes sencillas que un niño comprende. Pinturas mentales que todos necesitamos. Y así nació este libro para un lector que empieza o para una tarde lluviosa en el regazo de papá o mamá.

¿Lo han leído tus hijos?

Ocurrió en el año 250 A.D.

Este libro fue muy especial por diversas razones, pero la más importante está en lo que deja en los lectores. Comparto una reseña:

Tercer siglo. Cártago. Persecución.

Ésta es la historia de un padre y sus dos hijas, sus luchas, secretos, dudas y amenazas en 250 A.D., la época de San Cipriano.

Ésta es la historia de Timoteo, un padre dispuesto a dar su vida por su fe pero que jamás perderá el amor por sus hijas; de Irene, una hija mayor, responsable y obediente que enfrentará la realidad de morir, vivir o sobrevivir por su Dios; y de Juliana, una hija menor que después de perderlo todo, volverá en sí.

Ésta es la historia del ágape de los griegos, la caridad de los romanos, el ahava de los judíos: el amor incondicional que se entrega y todo lo soporta. Ésta es la historia de un hogar, en el que hay lugar más que suficiente.

Cuando terminé de leer este libro quise llorar. No porque fue muy triste ni porque no me gustó, sino todo lo contrario, es una gran historia llena de muchos acontecimientos que pudieron suceder en el pasado.

En este libro hay grandes mensajes, como la obediencia a los padres, la caridad, el perdón, entre otros.

Este libro me hizo pensar en cómo los cristianos de la antigüedad dieron toda su vida por Cristo, y cómo muchos lo negaron. Actualmente, como cristianos no somos perseguidos, pero hay situaciones en nuestras vidas en las que caemos, y de esa manera negamos a Jesús. Pero Dios está con los brazos abiertos dispuesto a perdonarnos; y de eso se trata el libro, que perdonemos a pesar de todo lo que hagamos.

Definitivamente 250 A.D es un libro que debes leer, no por las historias contenidas en ella; sino por el mensaje que te hará reflexionar. Estoy segura de que no te arrepentirás.

Reseñado por Little Reader

Una mirada a los salmos

Una mirada a los salmos

Una peruana, una venezolana y una mexicana. Un devocional: un viaje por los salmos.

Como dice la contratapa:

Este libro devocional para mujeres lleva a la reflexión, pero principalmente a la adoración. Patricia Adrianzén de Vergara y Angélica Díaz de Vera pensaron en un libro de la Biblia que pudiera proveer sanidad integral, que fuera el instrumento para tener diariamente una cita con el médico eterno, un tratamiento auténtico de fe, una píldora para cada día. Por eso eligieron los Salmos, el salterio ubicado en el corazón de la Biblia que por más de 2000 años ha sido la guía de adoración, oración y comunión para ciento de mujeres. ¡Una autentica terapia espiritual! Aprendiendo a deleitarnos en su presencia y a responder con reverencia a su amor cada día.

Yo llegué un poco más tarde al proyecto, pero pude poner mi granito de arena y meditar en los salmos junto con ellas. ¡Qué gran experiencia!

Una píldora para hoy:

Yo me alegro cuando me dicen:
«Vamos a la casa del Señor.». (Salmo 122:1) NVI

Alegría en la casa de Dios

¿Cómo te sientes, cuando después de un pesado viaje, llegas a tu destino? Hace poco viajé a Costa Rica sin mi hijo. El regreso fue una pesadilla. Un avión demorado, una conexión trunca, un equipaje extraviado. Pero nada me robó la sonrisa cuando abracé a mi hijo y lo pude besar. Del mismo modo, el salmista llegó a su destino, la ciudad de Jerusalén y prorrumpe en un canto de gozo.

Podemos imaginar la ciudad de Jerusalén a través de su descripción que nos habla de grandeza, hermosura, seguridad y solidez. Quizá todas tenemos una ciudad preferida, y al contar de ella a otros brillan nuestros ojos y tiembla nuestra voz. Pero el fundamento del gozo del salmista estaba en la casa del Señor, que representaba la presencia divina.

En tiempos bíblicos del Antiguo Testamento, la presencia de Dios habitaba el tabernáculo y moraba después en el templo. Sin embargo, hoy día sabemos que Dios no se encierra en el local donde la gente se reúne para alabar a Dios y estudiar la Biblia. Las Escrituras nos enseñan que Dios mismo mora en el corazón de sus hijos. Aun así, las epístolas comparan al pueblo de Dios con un edificio, con una casa que se construye ladrillo por ladrillo.

Del mismo modo, hoy podemos alegrarnos cuando otros nos invitan a convivir con otros hermanos en la fe. Ya sea en nuestra iglesia local, en una casa o un congreso, en un evento, en un concierto de alabanza o en una velada de oración, nuestros corazones deberían saltar de gusto al saber que iremos a reunirnos con la casa de Dios, los creyentes. Pero quizá hay situaciones que han menguado nuestro gozo. Recuerdo a mi sobrino despertar y quejarse por ser domingo. “¿Por qué no me quedo aquí? Desde aquí alabo a Dios”. Podríamos usar el mismo pretexto, pero sería inválido ante Dios, pues lo que él anhela es, precisamente, una adoración en unidad, en conjunto, en un solo cuerpo.

Si estás luchando con el desánimo, recuerda que no hay iglesia perfecta, que todos estamos en proceso de ser transformados día a día a imagen de Jesús. Pide a Dios que vuelva a darte esa alegría de ir a reunirte con tus hermanos, pues donde dos o tres se reúnen en nombre de Jesús, allí está él, en medio de ellos. Es verdad que también está en tu corazón, pero cuando varios de sus hijos nos unimos en armonía, su poder se desborda de maneras extraordinarias.

Oración: Señor, enséñame a alegrarme cuando vaya al lugar donde puedo adorarte con otros creyentes. Amén.