Una madre puede acumular una enorme lista de temores. De por sí yo ya me consideraba un tanto aprehensiva, pero al tener un hijo, mis miedos se multiplicaron. Sin embargo, abro la Biblia y encuentro un poema que tranquiliza mi alma.
Mamá puede estar serena porque Dios la rescatará. El salmo 91 lo confirma en el verso 3: “Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales” (Nueva Traducción Viviente). El Señor me rescatará de toda trampa, esas flechas del enemigo que se posan en nuestra contra. De toda enfermedad mortal, y no porque jamás vayamos a enfermar, sino porque él es mayor que todo. De los terrores de la noche, con la oscuridad envolviendo peligros que nuestra imaginación aumenta. De los ataques de día, cuando muchos prefieren ya no salir a la calle. De las pestes y epidemias que de pronto se ciernen a nuestro alrededor.
Mamá puede estar serena porque Dios la protegerá. “Si haces al Señor tu refugio y al Altísimo tu resguardo, ningún mal te conquistará; ninguna plaga se acercará a tu hogar. Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas. Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra” (9-12, Nueva Traducción Viviente). No veo los ángeles, pero sé que están ahí solo porque Dios lo ha dicho. Puedo caminar en paz.
Mamá puede estar serena porque Dios le responderá. “Cuando me llamen, yo les responderé” (15, Nueva Traducción Viviente). ¿Qué tan cerca está Dios? Tan cerca como una sombra que nos sigue a todas partes. El salmista pinta un hermoso cuadro, el de una gallina cubriendo a sus polluelos, el de un águila defendiendo a los aguiluchos. Nos dice que sus plumas nos cubrirán; sus alas nos darán refugio. Así de cerca está, así que ¡por supuesto que puede escuchar nuestra voz!
Mamá puede estar serena porque Dios le recompensará. ¿Con qué? Con larga vida. Y quizá no sea en la tierra, pero sí por la eternidad. Su recompensa irá más allá de lo que pueda transitar sobre el planeta. De hecho, su regalo ya lo puedo experimentar hoy, al vivir bajo su amparo y al encontrar descanso bajo su sombra.
Mientras otras mamás corren y sufren, se angustian o lloran, mamá puede estar serena porque habita al abrigo del Altísimo.
Tomado de Suspiros para mamá, editorial Verbo Vivo
