Ator vuelve

Después de muchas peticiones, escribí la segunda parte de Los Guerreros de la Luz.

Algunas reseñas de lectores:

No había tenido oportunidad de leer tus libros. Desde hace tiempo deseaba comprarlos pero no había tenido condiciones. Hoy adquirí Los Guerreros de la Luz y La Fortaleza.
 
Acabo de terminar el de los Guerreros y tengo que decirte que me fascinó. Es una historia muy emocionante al estilo del Progreso del Peregrino. Estabas en lo cierto. No pude soltarlo, a pesar de que debería estar pasando un cuento en limpio y escribiendo un artículo. En fin la noche es joven, ¿verdad?
 
Me enamoré de Sila… Mañana voy a leer La Fortaleza a ver que tal. Supongo que será genial.
 
Esa es la mejor parte de esperarse para comprar los dos volúmenes juntos. No tuve que aguardar por la secuela. Es probable que yo sea quien te suplique por una tercera parte.
 

Terminé tu libro de la Fortaleza. Me gusto mucho la trama. Ese clima de suspenso donde no sabes cómo van a salir del dilema es genial. Hubo un detalle en particular que captó mi atención, la forma en que tus personajes enfrentan la muerte. Cuando se leen los libros de Harry Potter, creo que la muerte es el verdadero enemigo que todos intentan derrotar, y cuando muere algún personaje, se convierte en una desgracia. Pero en La Fortaleza, la muerte es sólo un paso más al que los Guerreros se enfrentan con valentía y no es motivo de tristeza cuando lo dan. Es una lección importante.

Y te comparto los blurbs:

¡Tengo una nueva heroína! Se llama Keila Ochoa Harris. La Fortaleza Siniestra es un relato atrapante y vertiginoso que te hará pensar en tu propia vida y evitará que sueltes este libro hasta terminarlo. Si estabas buscando una novela que te lleve de la emoción al suspenso pero que te invite a la reflexión y a la esperanza; te aseguro que esta es. Sin duda uno de los mejores libros de fantasía escrito en el último tiempo.

Lucas Leys, autor y conferencista internacional.

¡Qué tiempo el que pasé leyendo! Me hice amigo de Celeste cuando se quedó sin amigos. Ella es tan diferente, no sabía bordar, ni tejer. Me enamoré de ella pero su corazón ya tenía dueño, Ator; ese valiente con ojos de miel que apenas a los 18 años ya cazaba dragones. Esta historia, es la tuya, es la mía. ¡Hay que leerla!

Junior Zapata, escritor, pensador y comunicador cristiano.

Mi novela más navideña

Este libro comenzó con dos cosas: un pueblo y una canción. El pueblo: Tlalpujahua, donde siempre parece Navidad y hay fabricantes de esferas. La canción: Luna de miel, interpretada por Paloma San Basilio.

Podríamos decir que esta es mi versión moderna de la Navidad, o un canto a las muchas tradiciones navideñas que me gustan. Lo cierto es que resultó en un libro que me sacó más de una lágrima, y que también gustó a mis lectores.

Reseña de Elizabeth RH:

Nunca sabré de Keila Ochoa Harris

Una autora mexicana, cristiana y de pluma que nos absorbe en su tinta. Su novela me ha dejado uno de los sabores de boca más deliciosos de la literatura cristiana. Nunca sabré entra perfectamente en esta lista navideña porque la historia sucede, precisamente, en un contexto de navidad que está lejos del estereotipo de la nieve, las costumbres europeas o el ambiente extranjero.

Una historia de Navidad en México. Luchas internas y externas, errores cometidos y la posibilidad de no hallar el camino correcto. La protagonista, una joven llamada Clara, debe regresar a su natal Tlalpujahua, en Michoacán, luego de quedar embarazada de un hombre al que conoció en una fiesta (y el que no se hará cargo del bebé, desde luego). Al mismo tiempo, su amigo de la infancia, Adrián regresa también, suspendiendo una importante carrera como músico de orquesta debido a la notica del cáncer recién hallado en su padre.

Las historias de ambos personajes se entretejen a las de sus respectivos padres y vecinos. Sus prejuicios o nueva fe, sus errores y sueños frustrados, aportan en esta novela situada en Michoacán, una historia honesta sobre lo mucho que cuesta aceptar el error y admitir que quizá, necesitamos más que sueños personales, que necesitamos luz en nuestras vidas.

La manera en la que Harris une el embarazo no deseado de Clara con aquel embarazo de una mujer de Belén hace 2000 años, es simplemente ingeniosa. Y leer nombres de comidas mexicanas, palabras coloquiales, prejuicios sobre la fe que tenemos en México, la dota de un realismo que a veces falta en la ficción cristiana. La historia de la tradición de esferas navideñas en Tlalpujahua también es increíble (poco conocida por mexicanos, tristemente) y una razón más para leer Nunca sabré esta Navidad.

Y aquí puedes leer la reseña de Erika Simone: https://erikasimone.com/resena-nunca-sabre/

Un suspiro para mamá

Y de pronto fui mamá. Y como dicen por ahí, mi vida cambió.

Pero Paty Vergara y yo seguíamos soñando con libros que ayudaran a mujeres en distintos caminares de la vida y nos preguntamos: ¿cómo sería juntar los esfuerzos de una mamá novata y una más experta?

El blurb del libro dice: «Los retos y desafíos que enfrentan las madres tienen que ver con aplicar varias virtudes que las múltiples demandas y roles o el tiempo, les pueden robar. El libro propone y da claves para ejercer la maternidad procurando: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza en el hogar. En breves y poderosas reflexiones este libro inspirará a sembrar aquellas semillas que darán el mejor fruto en el corazón de los hijos no importa la edad que tengan».

Así que tomamos los llamados «frutos del Espíritu» y de cada uno de ellos escribimos un capítulo sobre una madre en tiempos bíblicos, una madre de los anales de la Historia de la iglesia, también una meditación sobre un proverbio y un salmo; agregamos también un poema, un cuento y una oración final.

El resultado fue un libro inspiracional, lleno de pequeños detalles para robarle un suspiro a mamá, o una sonrisa.

Si eres mamá y un día necesitas un respiro, este libro te puede ayudar. Y para muestra, un botón. Aquí está una de las oraciones en capítulo sobre la bondad:

Solo te pido

Solo te pido…

Manos suaves que alienten

Dedos firmes que sostengan

Brazos fuertes que abracen

Pies certeros que avancen

Solo te pido…

Ojos sabios que disciernan

Oídos atentos que escuchen

Labios tiernos que consuelen

Cabellos fragantes que cubran

Solo te pido…

Una mente sumisa a ti

Una boca sujeta a ti

Un estómago controlado por ti

Un corazón entregado a ti

Cuando necesitas un abrazo

Este ha sido uno de los libros más difíciles que he tenido que escribir, pero tenía que hacerlo. Este extracto resume el tema.

«Viví la experiencia de una persona muy cercana a mí que tardó muchos años en aceptar que había sido víctima de abuso sexual en su niñez. Calló durante mucho tiempo ese evento que marcó su vida para siempre. Ni sus padres ni sus hermanos lo sospechaban. Creció en la iglesia y escuchó de Jesús; aceptó la vida nueva, pero tardó mucho en sanar las heridas. ¿Por qué? Por las mentiras en su mente.

“Quizá para otros sí, pero para mí no”, se decía. En sus propias fuerzas, trataba de ser una persona perfecta; siempre se equivocó. Cansado de tratar, se dejó llevar por la locura de la juventud. Probó drogas y alcohol para mitigar el dolor; escapó de relaciones sanas, y prefirió relaciones tormentosas. Pero siempre terminó insatisfecho, y sintiéndose todavía más culpable. En su opinión, no merecía el amor de Dios.

Cambió de ciudad y comenzó de nuevo. Allí nadie lo conocía. Podría comportarse correctamente. De hecho, se entregó al servicio de Dios. Y fue precisamente allí, cuando quiso dar todo, que Dios lo detuvo y lo hizo enfrentar este hecho en su vida. Mediante la confesión y el amor de consejeros espirituales comenzó el proceso. Pero no fue sencillo. Una lucha espiritual encarnizada surgió. Me atrevo a decir que los demonios lo atacaron mediante pensamientos fatídicos. “No vales nada”. “Ninguna mujer te querrá”. “Has pecado tanto contra Dios, ¿por qué habría de perdonarte?” “¿Tú? ¿Servir a Dios?”

Estoy segura de que las oraciones de mucha gente lo ayudaron, pero él tuvo que tomar la decisión final. Cierta noche de lucha, cayó rendido, literalmente postrado, ante Dios y le dijo: “Soy tuyo. Ya no puedo más. No en mis fuerzas, sino solo por Jesús”. Vio la cruz, comprendió la cruz, abrazó la cruz. No necesitaba más. Entonces Dios le confirmó sus promesas. Él no estaba descalificado por aquello que había sucedido en su pasado. Dios no lo veía como un vaso roto, sino como un vaso útil. Fue como si Dios le dijera: “No te amo porque seas perfecto o bueno; no te amo por lo que haces o no haces; te amo porque soy Dios, y he decidido amarte”.

Por muchos años temió la noche. No soportaba que alguien tocara su espalda, en recuerdo de aquella experiencia traumática de su niñez. Dormía hecho un ovillo, con pesadillas constantes. Pero de pronto todo cambió. Encontró el abrazo de Dios, y ahora duerme en paz y con una sonrisa.

Hoy es un hombre restaurado, con una esposa y un hijo. Ayuda a otros que han pasado por el mismo dolor, y ha perdonado a sus agresores. Cuando me cuenta lo que experimentó, se me humedecen los ojos, porque sé que por mucho que yo lo trate de entender, jamás comprenderé lo que para él significa el abrazo del Padre.

Abracemos. Dejemos que nos abracen. Porque si bien los abusadores de este mundo han manchado y herido nuestra confianza, si bien hoy nos asusta cualquier intento de contacto, hallaremos sanidad, precisamente, mediante el toque de la mano de Dios y de un alma amiga».

Sueños rotos

En el 2010 escribí dos libros «complicados», por llamarlos de alguna manera. En ellos abordé temas difíciles, pero necesarios. Primero hablaré del Bargueño.

Uno de los retos de este libro fue el salto de épocas. Parte de la historia ocurre en el mundo contemporáneo, la otra mitad pasa en tiempos virreinales. Siempre he sentido interés por el México Colonial, y he dicho que de haber vivido entonces, habría sido una monja, tipo Sor Juana Inés de la Cruz, para poder leer y escribir sin distracciones.

No he vuelto a intentar estos saltos de época, quizá porque otras novelas no lo han requerido, pero me gustó mucho el ejercicio, así como toda la investigación histórica que exigió.

No es una historia sencilla, ya que hablo de la soledad, el alcoholismo, el divorcio, la religión que mata la fe, pero espero que a través de estas páginas se vislumbre un poco de esperanza.

Agradezco que a algunas de mis lectoras y amigas más exigentes les haya gustado.

«He terminado El Bargueño. Tengo que decirte que me ha encantado. En mi opinión este es uno de tus mejores libros hasta ahora, un excelente trabajo. Un libro intenso en todo los sentidos. Disfruté mucho las tramas en dos épocas diferentes, el retrato historico tan detallado, el poder visualizar los sentimientos de Francisco Javier, de Magdalena, de Laura, como siempre tus personajes son muy humanos, muy reales, y el final me pareció buenísimo». 

Si alguien me pidiera resumir el libro en una frase, diría que habla de sueños rotos.

«¿Sueños rotos? ¡Qué tontería! La vida se componía de deberes: obediencia absoluta, castidad extrema y pobreza total. Se asomó por el balcón antes de dirigirse a la sala donde Catalina lo esperaba con un banquete. En el patio, vio la fuente con agua, y unas capuchinas sembradas en los alrededores, pero algo lo movió a bajar al cuarto donde Catalina guardaba cachivaches y allí encontró el bargueño que había pertenecido a Magdalena. Trató de abrir uno de los cajoncitos y se desprendió el pestillo. Sucedió lo mismo con el segundo cajón, así que se dio por vencido.

La vida estaba hecha de sueños rotos, según Magdalena, y al parecer, ella encontró el sueño mejor antes de morir. Francisco Javier meneó la cabeza y ocultó la carta entre la madera detrás de los arcos. Luego le dio la espalda a ese mueble que solo lo atormentaba. Magdalena se equivocaba; no podía tener razón. En la vida solo había tragedias y desatinos. ¿Habría sido feliz? ¿Y él? Tristemente, viviera diez o cincuenta años más, nunca olvidaría a su dulce capuchina. Él la lloraría de por vida y la recordaría hasta dar su último suspiro. ¿Y a él? ¿Alguien lo endecharía? ¿Qué hacía con su vida? Si tan solo tuviera la fe de Magdalena. Si pudiera regresar a su niñez cuando se sentaba sobre la fuente para soñar. Entonces se preguntó si algún día, de alguna forma, las piezas de sus propios sueños rotos se reunirían para formar un sueño mejor».