La lectura como disciplina espiritual

El libro Alabanza a la disciplina o Celebremos la disciplina de Richard Foster llegó a mis manos en el momento justo. Atravesaba una serie de altibajos emocionales, combinados con dudas sobre mi fe y mi cosmovisión cuando entendí que las disciplinas espirituales no eran condicionantes de mi salvación ni un requerimiento para que Dios aprobará más de mí. 

Recuerdo la libertad que sentí cuando Foster describió a las disciplinas espirituales como las actividades o posturas del alma que nos ponen en el lugar exacto para interactuar con Dios y recibir la transformación. No hacen nada por ellas mismas, salvo ubicarnos en el lugar donde Dios hace todo. 

Mediante esa definición comprendí la importancia de la meditación y el estudio bíblico, la oración y la confesión, la adoración y la celebración, el silencio y la soledad, la sencillez y la humildad. Pero, algo en mí percibía que faltaba la lectura, no de la Biblia, sino de los libros antiguos y modernos, clásicos y nuevos, porque en más de una ocasión, durante una mañana o tarde de beber un libro fui transformada y Dios habló a mi corazón. 

Por esa razón, me emocionó leer World of Wonders: a Spirituality of Reading de Jeff Crosby, quien, entre otras cosas, menciona la lectura como una disciplina espiritual. Donald S. Whitney, otro autor que ha hablado mucho de las disciplinas espirituales, incluyó en uno de sus libros el leer libros, incluso si es solo una página al día, como una disciplina necesaria en el camino de fe. 

Y el pastor J. K. Jones dijo que «culaquier práctica que me lleva a amar a Dios más y a mi prójimo, mientras me lleva a la presencia de Dios donde Dios hace su obra transformadora, es una disciplina espiritual». Y estoy totalmente de acuerdo. 


Al empezar un nuevo año y crear la lista de buenos propósitos, incluyamos leer un poco más. Una página al día, como sugiere Whitney, es más que suficiente. Comienza con eso y en seis meses terminarás un libro. Pero, dudo que cuando adquieras el hábito puedas detenerte en una página. ¿Lo importante? Trata de hacerlo diario, y verás sus inmensos beneficios. 

Un año de liturgia

Celebra todo el año

¿Te imaginas un año sin Navidad? ¿O una primavera sin Semana Santa? A final de cuentas, incluso las personas no religiosas organizan sus años alrededor de muchas fechas establecidas por la tradición cristiana o el año litúrgico. 

Antes de que te pongas nerviosa, la palabra «liturgia», que es bastante elegante, se utiliza para describir el orden en un servicio eclesiástico, pero también podríamos decir que encierra la idea del «drama de adoración». 

Dios estableció siete festivales para el pueblo de Israel que celebraban su salida de Egipto, la cosecha y el nuevo año, entre otras cosas. Cuando surgió la iglesia, comenzaron a usar algunos días para recordar la vida de Jesús, desde su nacimiento, hasta su muerte y resurrección. 

Así se creó el calendario litúrgico que, podríamos decir, es como un guion general de las fechas establecidas. Sin embargo, si le das el mismo guion a dos directores obtendrás dos películas diferentes. ¿Por qué? Porque existe un margen para la creatividad y la personalización. 

Lamentablemente, así como sucedió en el pueblo de Israel, corremos del riesgo de alterar tanto el guion que dejamos de usar las fechas correctamente y se vuelven tan solo una excusa para estar de vacaciones, comer de más y salir de la rutina. Por ejemplo, el guion se ha alejado tanto de su origen que Papá Noel eclipsa al Niño de Belén.

Sin embargo, los seres humanos necesitamos ciclos, repeticiones y recordatorios para no olvidar. ¿Y cómo lo hacemos? Rescatando el guion. Pensemos en algunas de las fechas que en un año podemos disfrutar. Empecemos en diciembre.

El Adviento nos recuerda la venida de Cristo y se celebra los cuatro domingos antes de Navidad. Puedes encender una vela cada domingo e ir preparando tu corazón al meditar en lo que Jesús nos vino a dar: esperanza, paz, gozo y amor. Añade al guion decoraciones navideñas, música navideña o comida típica de la temporada, pero no olvides leer las profecías bíblicas que se hicieron sobre el Mesías. 

La Navidad, como todos sabemos, celebra el nacimiento de Cristo. Seguramente has participado de programas navideños o has asistido a reuniones especiales en torno al evento. No olvides personalizar tu guion y buscar maneras de profundizar en este día. Recuerda la importancia de que Dios nos dio a su Hijo, y busca maneras de dar y darte a otros. 

En la iglesia ortodoxa se celebra la Epifanía, que en nuestros países se conoce como los Reyes Magos. Sin embargo, más allá de los regalos, no olvidemos que los enemigos de Dios trataron de asesinar al niño Jesús. Del mismo modo, ¿cuántos niños no están hoy en peligro debido a la pobreza o la criminalidad? ¿Qué te parece usar esta fecha para hacer algo a favor de la niñez?

Muchos nos hemos apartado de la práctica de la Cuaresma. Sin embargo, nuevamente, este es un tiempo de preparación antes de una de las fechas más importantes de nuestro calendario: la Semana Santa. Una forma en la que podemos alistarnos es leyendo los Evangelios para no olvidar quién es Jesús y por qué murió por nosotros. El ayuno también nos puede beneficiar, pues nos ayuda a enfocarnos. No tienes necesariamente que dejar de comer, sino quizá dejar las redes sociales por unos días; en otras palabras, abandonar algo que te estorba para poder centrarte en Jesús. 

Por cierto, ninguna de estas actividades o festivales se deben usar para señalar a los que no las practican y alzarnos el cuello. Todas deben surgir de la motivación correcta: recordar lo que Jesús hizo por nosotros. 

Semana Santa. Tristemente, para muchos de nosotros suena a playa. De todas las fechas, esta es probablemente la única que cae en las fechas más acertadas pues sigue el calendario judío. Culmina con el domingo de Pascua o resurrección. ¿Qué haces cada año? Ciertamente, muchos recordamos cada mes, cada semana, cada día la cruz de Jesús, pero no está de más tener pequeñas tradiciones personales que nos aproximen al guion original. Busquemos lecturas, música y espacios de silencio para dar gracias a Dios por un amor tan grande. 

La iglesia ortodoxa, en particular, se acuerda del Día de la Ascensión, cuarenta días después de la muerte de Jesús. ¿Qué te parece ese día subir una colina, un monte o una montaña para meditar en la divinidad de Cristo? Se suele también comer algún tipo de ave. O simplemente, ese día toma un tiempo para contemplar las nubes y lee de nuevo la historia de la ascensión y la promesa de que Jesús vendrá otra vez. 

¿Has celebrado el Pentecostés? Cincuenta días después del viernes santo festejemos la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la iglesia universal. Puede ser una buena oportunidad para apoyar la traducción de la Biblia a otras lenguas o para visitar otras congregaciones y gozarte con hermanos de diferentes denominaciones. El Pentecostés vino a revertir lo que perdimos en la Torre de Babel, así que es una buena oportunidad de agradecer a Dios por el regalo del lenguaje. 

Finalmente, entre Pentecostés y Adviento parece que no hay muchas festividades, pero en septiembre se festeja el mes de la Biblia, ya que el 26 de septiembre de 1569 se concluyó la impresión de la primera Biblia en castellano. Podría ser una buena ocasión para regalar las Escrituras a algún amigo, vecino o familiar. 

Con tu familia o amigos, encuentren fechas qué celebrar. Lo importante es siempre regresar al guion original: la vida de Jesús, y utilizar estas oportunidades para hablar de Él a otros y, sobre todo, para hablar con Él sobre lo que festejamos. 

Sobornos

El regalo en secreto calma el enojo, el soborno por debajo de la mesa aplaca la furia. (Proverbios 21:14, NTV)

La palabra soborno nos trae a la mente la imagen del dinero que damos a un servidor público para que acelere nuestro trámite o acepte una documentación incompleta. Pensamos, también, en el oficial de tránsito que prefiere algo para su «refresco» en lugar de levantar la multa. O en el jefe que recibe botellas de vino en Navidad para incentivarlo a darnos un ascenso o estar en buenos términos con él. Pero el soborno también puede darse en casa.

La pareja discute y al otro día el esposo trae flores y la esposa cocina un excelente manjar. La madre se siente culpable por trabajar fuera de casa y descuidar a los niños, así que les compra juguetes para sentirse mejor. Ahora que, según el proverbio de hoy, estos regalos secretos y sobornos suavizan el terreno y aplacan el enojo. Tristemente, ¡no solucionan el problema! Y lo mismo sucede en nuestra vida espiritual.

Ofrendamos mucho para no sentirnos tan culpables por no leer la Biblia u orar. Asistimos a todas las reuniones, pero no dejamos los pecados de chisme y envidia que nos están consumiendo. ¿Y sabes qué? Ni las personas ni Dios quieren nuestros sobornos. Dios dijo: «Quiero que demuestren amor, no que ofrezcan sacrificios. Más que ofrendas quemadas, quiero que me conozcan» (Oseas 6:6, NTV).

Toma unos minutos para meditar en los ejemplos antes mencionados. Más que flores y una cena, debemos pedir perdón a nuestra pareja. Más que juguetes, tomemos el poco tiempo que tenemos con nuestros hijos para hacer algo significativo, como jugar o conversar. No caigamos en el juego del soborno a las autoridades, sino que hagamos las cosas con orden y dejemos que Dios obre milagros. Finalmente, vayamos a Dios con el corazón desnudo y aceptemos nuestra apatía o desinterés, y Él nos dará un corazón que le ame y le conozca.

Señor, líbrame de sobornar a otros. Dame un corazón recto.

Tomado de UN AÑO CON DIOS, editorial Origen

Para mis amigas

He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Mateo 1:23 (RVR60)

Una mujer en las noticias decía: «No saben lo que es vivir aquí». Tiene razón. No sé lo que es vivir en Afganistán bajo el régimen talibán; no sé cómo es vivir en una aldea empobrecida de la India; no sé lo que es tener un hijo con un defecto congénito del corazón y darme cuenta de que en mi país no hay hospitales capaces de operarlo.

Quizá así se sintieron los muchos personajes mencionados en el primer capítulo de Mateo. Después de muchas generaciones de judíos, desde Abraham hasta José el padre de Jesús, podían haber dicho: «Mira, Dios, somos el pueblo escogido y queremos seguirte. ¡Pero tú no sabes cómo es vivir en este mundo!» Y ¿qué hizo Dios?

Se mudó al vecindario. Dios se hizo hombre. Vino al mundo como un bebé que nació en Belén y al que nombraron Jesús. ¿Para qué? Para mostrarnos su amor y su plan de salvación. No había otra manera de ayudarnos, salvo muriendo en nuestro lugar por nuestros pecados. Nadie más, salvo Dios mismo, podía unir la brecha de separación.

Al empezar un nuevo año, podemos descansar en esta hermosa promesa: Dios está con nosotras. No es ajeno al dolor ni a la enfermedad, a la traición o al desengaño porque ya lo experimentó. No creemos en un dios indiferente a nuestros problemas; no leemos sobre un creador que hizo todo, se dio la media vuelta y se fue. ¡No! Tenemos un Dios al que podemos llamar Emanuel: Dios con nosotras.

Señor, gracias porque estás conmigo.

Recetas de invierno

Mientras mi mamá y Samy cocinaban el pay de nuez, empecé a redactar la lista de invitados a Navidad y fui diciendo los nombres en voz alta.

1 Mamá

2 Papá

3 Samy

4 Kahty

5 Bebé Benjamín

6 Abuela Teté

7 Tía Gaby

Me detuve.

—Mamá, ¿debe venir la tía Gaby?

—Por supuesto.

La tía Gaby tenía un solo defecto: siempre repetía la misma historia. Por ejemplo, si alguien mencionaba la palabra “accidente”, la tía volvía a contar aquella vez en que se cayó de las escaleras y se fracturó un brazo.

Seguí:

8 Primo Ricardo

Samy interrumpió mientras mamá mezclaba la harina, la sal y la mantequilla para formar una especie de migas de pan. 

—Ricardo seguramente traerá un nuevo teléfono. Yo ni teléfono tengo.

9 Tía Zaira

—¿Tía Zaira? —pregunté.

—Grita mucho —suspiró Samy.

Mamá agregaba el huevo y el agua. No dejaba de amasar.

10 Prima Aurora

—Es muy berrinchuda. Pelea por todo —añadí.

—Solo tiene cuatro años —me recordó mamá.

¡Qué complicada fiesta!

11 Primo Fernando

12 Tío Hugo

¡Tío Hugo! Samy y mamá habían formado una bola que ahora refrigerarían durante treinta minutos, tiempo suficiente para lamentar que el tío Hugo estaba en la ciudad.

El tío Hugo podía ser el más divertido de la fiesta, siempre y cuando no tomara alcohol. Papá tenía prohibido ingerir bebidas alcohólicas en la casa, pero el tío Hugo se las ingeniaba para cargar una botellita oculta en su saco.

—¿Por qué hace eso, mami? ¿Por qué se emborracha?

—Tío Hugo está lejos de Dios. Debemos orar por él.

Y mientras tanto, corrían el riesgo de que les arruinara la fiesta.

13 Tío Nacho

Otro gran problema. Tío Nacho era un aguafiestas. Nada le gustaba. Si proponían ver una película, él ya la había visto y la consideraba aburrida. Si jugaban, tío Nacho se desaparecía. Si comían pavo, le hacía daño. Si optaban por bacalao, tío Nacho, de repente, detestaba alimentos marinos.

Mamá y Samy comenzaron a preparar el relleno: nuez, huevos, mantequilla, azúcar, miel y vainilla.

—Ya voy trece. ¿Quién falta?

—Tu tía Rosa y tu tío Manuel.

Samy y yo nos miramos con alegría. Eran los únicos tíos que nos simpatizaban de común acuerdo, y adorábamos al pequeño Isaí de año y medio.

Mamá sacó la masa y la extendió para añadir el relleno. Mientras lo hacía, terminé la lista.

—Dieciséis personas.

Mamá terminó el pay y lo metió al horno. Los tres nos sentamos alrededor de la mesa y mamá nos miró con seriedad.

—Comprendo que no todos en la familia son como uno quisiera. Pero para un pay se requieren varios elementos. ¿Qué pasa si comes cada ingrediente por sí solo, Samy?

—¡Guácala! No me gusta el huevo sin cocer, ni el azúcar a solas.

—Del mismo modo, una familia se compone por diferentes miembros. La suma de todos nos hace un rico pay, aunque quizá el tío Hugo por ahora sepa a….

—Huevo crudo —interrumpí.

—Y aún así, Navidad implica amar como Jesús. Dios ama al tío Nacho tanto como a la tía Rosa, o a la abuela Teté. Y nosotros podemos ser una luz en esta familia, amándolos, respetándolos y honrándolos. No elegimos en qué familia nacer, pero sí podemos decidir amarla y respetarla

—¿Aún si el tío Hugo llega… borracho?

—Mucho más si llega así, pues entonces él comprenderá que lo amamos, a pesar de su conducta, y quizá eso le recuerde que Dios también le ama, y que desea cambiarlo.

—Creo que falta alguien más en la lista, Kathy.

—No, Samy, ya son todos.

—Falta Jesús. Solo si él es el invitado principal, podremos amar a todos. Aún al primo Ricardo.

—Y no olviden el pay de nuez. No hay Navidad en la familia Pimentel sin mi famoso pay de nuez —declaró mamá.

—¿No les huele a quemado? —preguntó Samy.

—¡Oh no! ¡El pay! —gritó mamá.

Nueva lista: alternativas urgentes de postre porque el pay se quemó. ¿Ideas?