Su esposo puede confiar plenamente en ella y no le faltan ganancias. (NBD)
La confianza plena no es algo de este siglo. El oficio de detective e investigador privado pulula. Se firman acuerdos prenupciales para proteger los bienes materiales. Dr. House predica que: “Todos mentimos”.
Pero el esposo de la mujer que se describe en Proverbios 31 confiaba plenamente en ella. ¿Aún se podrá? Un texto curioso en Juan nos dice que ni siquiera Jesús mismo se fiaba de los hombres, pues los conocía. Por ahí también se menciona la realidad del corazón: engañoso y perverso. ¿Tenemos esperanza?
Me parece que la clave de este verso no está en la mujer, sino en el esposo quien está dispuesto a tomar el riesgo. A final de cuentas, la vida está repleta de retos: nos arriesgamos a tomar el volante de un auto, a aceptar un nuevo trabajo, a creer que nos pagarán por ese trabajo, a lanzarnos al vacío (con la esperanza de que el paracaídas no nos falle) y a buscar nuevos amigos.
La mujer ejemplar fallará tarde o temprano, pero el esposo ha decidido arriesgarse. Ella le ha dado pruebas de ser digna de su confianza, pero es humana; tarde o temprano se equivocará. Él, sin embargo, confía, y al hacerlo, recibe ganancias. ¿De qué tipo? Materiales y emocionales, físicas y espirituales.
A veces tengo miedo de confiar y abrir mi corazón. He sido engañada y traicionada, como todos; pero yo misma he engañado y traicionado (aún no lo hiciera con el afán de lastimar). Sin embargo, cuando me niego a confiar, me convierto en mi peor enemigo. En ocasiones mi desilusión sobre otros surge de mi propia cabeza, donde yo misma tejí una historia o implanté motivaciones que no existían. ¡Gran error! No debo de imaginarme lo que el otro es; solo confiar y darle la oportunidad de ser.
