Cómo elegir un buen libro

Quizá comienzas a transitar por el camino de la lectura, tal vez eres una ávida lectora, aún así, novata o experta, siempre nos preguntamos: cómo elegir un buen libro.

¿La respuesta? ¡Nadie lo sabe! Es decir, no existe un solo método. Pero propongo algunas ideas para quien desea un poco de frescura y variedad:

–  Si hay una biblioteca cerca de tu casa, pídele al bibliotecario alguna sugerencia. O pregunta cuál es el libro más solicitado. Muchas veces ellos son una mina de información.

– Entra a un sitio web donde vendan libros. Salta al azar de página en página y lee los comentarios de los lectores. Muchas veces ellos califican los libros; revisa cuáles son los más recomendados.

– En una librería, camina hacia la sección que casi nunca visitas: “libros de terror”, “novela romántica”, “suspenso”. Lee las contratapas de varios títulos y elige el que más te llame la atención.

– Revisa los clásicos. Siempre habrá alguno o algunos títulos que no hayas leído. Vale la pena invertir en ellos. Por algo son clásicos.

– Presta atención en los convites sociales. ¿Alguien menciona un libro? ¿Cuál? ¿Por qué lo recomienda? ¿Qué le interesó del tema?

– Si tienes un autor preferido, simplemente ponte al día. ¿Ha publicado nuevos libros? ¿Cuál te falta en tu colección?

– No huyas de los “best sellers”. Ciertamente no todos serán de tu agrado, ni cubrirán tus expectativas, pero de repente surge algo en el horizonte que puede alegrar tu tarde.

– Si en tu país los libros son escasos o de precio elevado, busca lugares donde vendan libros usados. Hallarás clásicos a buen precio; incluso algunas joyas antiguas que quizá te roben el aliento.

– Si tienes amigos que leen, haz un trato con ellos. ¡Intercambien libros! Acude a su biblioteca y pide prestado un título y viceversa. Solo recuerden: si devuelves el libro, podrás leer muchos más. Si no lo regresas, habrás perdido una “biblioteca” gratuita.

Quiero aclarar que no he respondido a la pregunta: cómo elegir un buen libro. ¿Por qué? Porque lo que para mí puede ser un gran libro a otro le puede parecer demasiado cursi. Aún así, de vez en cuando, varias o muchas personas coincidimos en que cierto título vale la pena. Así que no tengas miedo de indagar. Descubrirás muchos tesoros.

El líder misterioso

Lee Ezequiel 45 y 46.

Y, cuando entren y cuando salgan, el príncipe deberá estar entre ellos. Ezequiel 46:10 (NVI)

Cada noche, el comedor del campamento quedaba sucio. Aunque un grupo de camperos lo barría después de la cena, debido a otras actividades volvía a desordenarse y empolvarse. Misteriosamente, cada mañana, cuando los encargados despertaban, se encontraba en óptimas condiciones. ¿Quién lo mantenía en orden?

Durante la revelación de Dios a Ezequiel sobre la futura gloria del templo, se presenta al príncipe. No sabemos mucho de él, pero no se trata del Mesías. Quizá, simplemente, ejemplifica lo que un verdadero líder debe ser. ¿Qué hace? Ofrece sacrificios, presenta ofrendas en representación del pueblo y no se aísla del pueblo, sino que forma parte de la multitud.

Este misterioso personaje nos ofrece grandes lecciones. En muchas empresas e incluso iglesias, los líderes viajan en autos especiales y no se mezclan con el resto. Entran por puertas laterales y solo conviven con otros del mismo rango. Esta no es la imagen del príncipe misterioso que leemos aquí. Este es un líder siervo, uno que tiene un rol de pastor, pero un corazón de oveja.

¿Te acuerdas del comedor del campamento? Una mañana, los encargados se levantaron más temprano y descubrieron el secreto. Se trataba del conferencista y orador invitado, quien, sin llamar la atención, hacía un acto de amor y servicio todos los días, en silencio y en el anonimato. Todos se asombraron de la humildad de este líder-siervo, quien dijo: «No soy especial. Soy como el resto de los camperos. A todos nos toca limpiar». ¿Nos parecemos a este príncipe misterioso?

Señor, dame un corazón de siervo.

Tomado de Un Año en el Antiguo Testamento, Editorial Origen

Y sí, el líder misterioso fue mi abuelito Ronaldo.

Dos palomas

Escribí Palomas hace muchos años, pero las historias de Jonás y Zuú todavía me conmueven.

Retraté a Jonás como un hombre con defectos, dilemas, miedo y compasión, destinado a cumplir una misión profética en la ciudad de Nínive. Paralelamente, aparece una mujer ninivita llamada Zuú que observa los eventos, el arrepentimiento del pueblo, la decadencia y el regreso a la crueldad. Las vidas de los judíos (representados por Jonás) y de los ninivitas (representados por Zuú y su entorno) se entrelazan para mostrar un panorama del plan de redención, del juicio, del arrepentimiento y de la misericordia.

Así que, la narrativa combina elementos históricos, bíblicos y de ficción para dar vida a personajes y conflictos que quizá no se detallan en el texto bíblico original, pero que buscan humanizar y ampliar la historia.

¿Qué busqué aportar?

  • Frescura al relato tradicional de Jonás, ofreciendo personajes más vívidos, motivaciones más profundas y escenarios emocionales intensos.
  • Ambientar bien la historia, presentando culturas antiguas, tensiones entre pueblos, el sufrimiento humano y la esperanza de cambio.
  • Una herramienta para reflexión: sobre el llamado, la obediencia, el perdón, tanto personal como comunitario.

Probablemente este libro no es para todos. A algunos no les gustarán mis libertades alrededor del texto y a otros no les gustan los temas en torno a la fe, pero para los que quieran buscarla, la pueden encontrar en versión Kindle.

Perlas

Cuando me invitó al salón del tesoro, no lo podía creer. ¿Qué hacía yo entre las joyas del Rey? Aun así, acepté y crucé la puerta con expectación. No me decepcioné. ¡El lugar brillaba!  Oro, plata, bronce, diamantes, esmeraldas, y perlas, muchas perlas.

En primer lugar, me llamó la atención una fuente de perlas. Las delicadas esferas, más pequeñas que una gota, brotaban con armonía. El Rey se acercó y tomó unas cuantas en su mano.  “Son lágrimas de mis hijos”, me explicó.  “En esta fuente guardo todas aquellas lágrimas que he enjugado; perlas de dolor por la muerte de un ser querido, enfermedad o decepción”.

Entonces vi unos collares de perlas que colgaban del techo formando una cortina de luz. ¿Y éstas? El Rey contestó:  “Son lágrimas de alegría que he compartido con los míos.  Así como estoy presente en su dolor, también lo estoy en su gozo”.

Noté que también en las coronas había perlas, mayores a las de la fuente y más luminosas. ¿Serían especiales?  “Son las lágrimas que mis siervos han derramado al ofrecerme su vida y su tiempo. Ellas simbolizan la frustración de verse perseguidos o malinterpretados; muestran la batalla terrenal que será recompensada en el futuro”. ¡En todo el mundo no hallaría perlas así! 

De pronto, el Rey me sonrió: “Y aún no has visto las más perfectas”.  Entonces sacó un cofre. Al abrirlo, perdí el habla.  ¡Eran. . . indescriptibles!  ¿También eran lágrimas?  “Sí, pequeña. Estas ocupan un lugar único en mi corazón. Las más grandes que iniciaron la colección son las de mi Hijo, y todas las demás son las de aquellos que simplemente derraman lágrimas al decirme: TE AMO”.

Vi la imagen de hombres y mujeres a lo largo de la historia, hincados o de pie, susurrando o gritando: “Te amo, Señor, te amo”.  Y apareció la imagen de su Hijo postrado en un jardín, aceptando su destino y reiterando su amor incondicional. 

Las lágrimas que el Rey junta, son las de aquellos que le dicen: “Te amo”.  ¿Qué perlas le he dado yo?     

El legado de oro

¿Qué se le puede legar a un hijo? Existen las herencias donde se dejan casas, cuentas de banco o joyas que tarde o temprano se acaban. Pero la mayoría de los padres se esfuerzan en darle a sus hijos algo «no palpable», aunque sí vital: la educación.

¿Cómo podemos construir este legado para nuestros hijos? A continuación, siete consejos que nos pueden ayudar.

1. Seamos ejemplo. 

El dicho común afirma: «con la palabra se predica, pero el ejemplo arrastra». «No fumes», le dice el padre al niño prendiendo su quinto cigarrillo. «No digas malas palabras», aconseja la madre después de haber proferido un sin fin de maldiciones a algún conductor inconsciente. No lo pidamos, hagámoslo.

2. No intentemos correr antes de caminar. 

Recuerdo mi primer día como maestra de preescolar. La típica mamá llenaba de besos a su hijo en la puerta del colegio, casi llorando, como si su pequeño estuviera a punto de graduarse. Padres, la educación preescolar no es la universidad. Al jardín de niños se va a jugar. ¿Para qué gastar una fortuna, que tal vez no tenemos, en las altas colegiaturas? Mejor usemos ese dinero para llevar a nuestros hijos al parque o al zoológico y ahorremos para su futuro académico.

3. Leamos. 

¡Qué difícil es esto en nuestra cultura donde todo nos da pereza! ¿Cuántos libros leemos al año? Si no lo hacemos, no esperemos que nuestros hijos lo hagan. Empecemos a formar este hábito. Compremos libros, desde cuentos de hadas hasta los clásicos. Sentémonos con ellos en las noches y tratemos de terminar un libro por mes, según la edad de nuestros hijos. Disfrutaremos la lectura, ¡y ellos también!

4. Seamos parte de su educación. 

Esto no significa que resolvamos la tarea por ellos o que nos involucremos en cada comité que la escuela organice, sino que estemos al tanto de lo que pasa en clase. ¿Quiénes son sus maestros? ¿Qué están viendo en ciencias? ¿Cómo les va en deportes? Con esa información podremos reforzar los temas que nuestros hijos estudian e incluso aprender con ellos.

5. Reconozcamos su esfuerzo. 

Esto no se limita a los días de firma de boletas. Un «muy bien» no solo se debe escuchar cuando se obtiene una buena calificación, sino también cuando el niño muestra su empeño y persiste en sus tareas de cada día. 

6. Dejemos que se equivoquen. 

Las madres corremos, quitamos obstáculos y movemos montañas con tal de que nuestro niño no cometa un error. Sin embargo, una equivocación puede ser una oportunidad para reconocer nuestras debilidades, aprender de ellas y salir adelante. Este proceso es una parte importante de la vida.

7. Respetemos su estilo para estudiar. 

Cada hijo es distinto. Algunos necesitan un lugar tranquilo, otros música de fondo o la vigilancia constante de mamá o papá. Investiguemos qué les funciona mejor y brindemos nuestra ayuda.

Por último, recordemos que un niño equilibrado será más eficiente en el estudio. Este balance debe ser físico, mental, emocional y espiritual. Tener padres afectivos, curiosidad por aprender y una fe sólida son pilares para un desarrollo óptimo. Esto es indispensable para resistir la presión negativa de los amigos y la sociedad. Además, pertenecer a una comunidad de fe y participar en ella fomenta la cooperación con otros y un sano desarrollo social.

La escuela no lo es todo. A veces se aprende más en el campo o en una tarde familiar. Los niños más felices son aquellos que se sienten amados, lo cual influirá para bien en todas las áreas de su vida. ¡Este es el mejor legado!