Oración de amor por los hijos

Señor, dame más amor para mis hijos.

Que sea paciente y bondadosa.

Que no sea celosa ni orgullosa ni ofensiva.

Que no exija que las cosas se hagan a mi manera.

Que no me irrite ni lleve un registro de las ofensas recibidas.

Que no me alegre de la injusticia.

Que me alegre cuando la verdad triunfe.

En pocas palabras,

Que nunca me dé por vencida,

Que jamás pierda la fe,

Que siempre tenga esperanza,

Que me mantenga firme en toda circunstancia.

Sé que el amor durará para siempre,

Por eso, dame más amor.

Tomado de Suspiros para mamá, Verbo Vivo

Mi guardador

Jehová te guardará de todo mal;
Él guardará tu alma. (Salmo 121:7) RV60

Varias veces se usa la palabra “guardar” en la versión Reina Valera dentro del salmo 121. Dios guarda a su pueblo. Dios es nuestro guardador. Dios nos guarda de todo mal. Dios guarda nuestra alma o nuestra vida. Dios guarda nuestras salidas y nuestras entradas. La palabra guardar viene del hebreo “shamar”. La palabra en sí implica cierto cuidado tierno, pues viene de la palabra “shemurah” que significa párpados. Los párpados, como sabemos, son los guardadores de los ojos. Si los párpados del ojo se abren, permiten que el ojo vea. Si se cierran, dejan que el ojo descanse. Pero tiene otra función más: defienden al ojo de partículas extrañas que pueden lastimarlo.

Dios se refiere a Israel como la niña de sus ojos. Pero hoy tiene otro pueblo, al que trata con el mismo amor y cuidado. Somos su pueblo, un pueblo redimido comprado con sangre, y por lo tanto, también nos protege como a la niña de sus ojos. ¿Qué hace?

Nos permite ver más allá de los montes y nos enseña que la ayuda viene de su mano, y de ningún otro lado. Abre los ojos de nuestro entendimiento y nos enseña que él es Dios. Si hoy dudas o tienes miedo, pide a Dios que guarde tu alma de la incredulidad. Ruega a Dios que abra tus ojos para ver su cuidado.

Pero también él nos hace descansar. Como esos párpados que protegen el ojo, Dios nos invita a vivir confiados pues él nunca duerme ni se adormece. Podemos dormir tranquilos porque él nos guarda.

Finalmente, él nos defiende. Dios guarda nuestras salidas y nuestras entradas, en pocas palabras, cada aspecto de nuestra vida. Notemos que el salmo repite varias veces la palabra guardar. Cuando en la Biblia encontramos algo más de tres veces podemos entender que se repite una verdad. Dios nos guarda. Dios shamar. Y esta verdad es inalterable.

Señor, no quiero olvidar que tú eres mi guardador. Tú guardas cada aspecto de mi vida.

Tomado de Isha, devocionales basados en los Salmos, Verbo Vivo

Pris y Aquila

Priscila:           ¿Dónde andabas?

Aquila:           Bajé al puerto. Han llegado más refugiados. ¿Crees que podemos hospedar a algunos?

Priscila:           Supongo que sí. Nosotros sabemos lo que es dejar todo lo que uno conoce por lo desconocido.

Aquila:           Sí, jamás olvidaré cuando tuvimos que salir de Roma por órdenes del emperador Claudio; todo por ser judíos.

Priscila:           Me alegra que encontráramos trabajo en Corinto.

Aquila:           Hubiera preferido Ponto (se ríe). Ahí nací. No fui de cuna noble y de la alta alcurnia como tú.

Priscila le da una palmada juguetona. Aquila revisa el cielo.

Priscila:           Bueno, pero ahora estamos en Éfeso.

Aquila:           Falta poco para abrir el negocio. En dos meses llegará muchísima gente para las fiestas, así que podremos vender bien. El ejército también nos ha pedido tiendas de cuero para su próxima campaña militar en Bretaña.

Priscila:           Habrá suficiente dinero entonces para apoyar el siguiente viaje de Pablo.

Aquila:           Por cierto, tenemos clase por la noche con Apolos.

Priscila:           Ha avanzado mucho en su entendimiento del bautismo del creyente. Es un gran orador.

Aquila:           Le tienes mucho cariño, ¿verdad?

Priscila:           Quizá es el hijo que no tuvimos. Así como Timoteo es el hijo de Pablo. ¿Quién diría que yo, una romana, educaría a un nativo de Alejandría? ¡Un egipcio!

Aquila:           Pero uno bien educado y versado en las Escrituras. No lo olvides. Ese joven será de gran ayuda para la cimentación de más iglesias. Así que no te encariñes mucho. Tarde o temprano se irá.

Priscila:           Todos tarde o temprano se van. Pablo. Lucas. Timoteo.

Aquila:           Pero no te preocupes, siempre tendrás a quién enseñar.

Priscila:           «Tendremos», querido.

Aquila:           ¡Ah no! A ti te tocan las mujeres. No lo olvides. En esos terrenos peligrosos no me meto.

Priscila:           Bueno, ya es hora de abrir el negocio y ver que todo marche bien en la casa porque mañana es reunión y la iglesia vendrá.

Aquila:           Yo bajaré al puerto para ofrecer hospedaje a algunos de los refugiados. ¿Crees que nos volvamos a mudar algún día?

Priscila:           Seguro que sí. Si algo he aprendido es que tenemos que estar dispuestos a ir a donde Dios nos mande para compartir el Evangelio.

Aquila:           Hacemos buen equipo, ¿no crees, Prisca?

Priscila:           Me parece que sí.

Remar en pareja

Llegamos a un parque recreativo. Una de las actividades consistía en remar una balsa por un río subterráneo. Pero aprendí grandes lecciones en esta sencilla actividad:

1. No es fácil remar juntos. Requiere coordinación, tiempo y dedicación. Supongo que a parejas con más años les cuesta menos trabajo, ¿o más? ¿O se sentirán todos tan torpes como yo que hasta dudaba de cuál era mi izquierda y cuál mi derecha? Sobre todo, remar juntos requiere ceder. Doblegar la voluntad y ver por el bien común: avanzar por el río.

2. Existen tres rutas (por lo menos en este parque). La ruta corta, la ruta mediana y la ruta completa. A los dos minutos de remar, (y de atorarnos otros cinco en una encrucijada) optamos por la ruta corta, pero una vez en la desviación, decidimos ir por la larga. Supongo que a veces lo corto suena más atractivo, pero ¿cómo sabremos si remamos bien si desistimos tan temprano? Al final de cuentas, la ruta larga es mejor.

3. Hay una meta. A veces uno pierde los objetivos de vista. Quizá pudimos quedarnos en una de esas cavernas hechas por estalactitas por una hora o dos, pero de eso no se trataba el paseo. Supongo que en la vida existen tramos más cómodos, otros más complicados que deseamos evadir. Pero a final de cuentas existe una meta para cada familia. Lo importante es alcanzarla. No estamos aquí para “estancarnos” sino para seguir adelante.

Gracias por el ejercicio, las discusiones, los acuerdos y la meta cumplida. Hoy, seguimos remando juntos y eso es lo que importa.

(Por cierto, descubrí que tengo menos fuerza en el brazo izquierdo. Habrá que hacer algo al respecto).

 

Carta abierta

Querido tú,

Aunque no quiero tocar el tema más, porque ya lo discutimos hace poco que estuvimos juntos, no puedo dejar de pensar en ti. A veces siento que soy torpe con las palabras, y he encontrado algo que quiero compartir contigo para explicarme mejor. Tomo las palabras de mi querido Henri Nouwen:

«Es posible llevar una vida muy sana, emocionalmente rica y “sensible” sin ser una persona espiritual, es decir, sin un conocimiento o una experiencia personal del terreno en el que se ocultan el significado y la finalidad de nuestra humana existencia».

Quizá tú seas de estas personas. O tal vez has comenzado a buscar las respuestas. Lo cierto es que te rodeas de este tipo de individuos, lo que no está mal. Sin embargo, ¿acaso no nos ves a nosotros como un par de chiflados por buscar algo más?
¿Y qué es la vida espiritual? Nouwen la define: «La vida espiritual conduce a una nueva forma de vivir, más que a una forma de pensar. La vida espiritual es una búsqueda, y en cada fase de mi búsqueda he descubierto también que Jesucristo permanece en el centro de mi búsqueda. Para mí, por lo tanto, vivir espiritualmente significa vivir con Jesús en el centro».

Y ahí está la razón de mi insistencia. Verás, toda esa gente sana en sus emociones, incluso rica y sensible, pero que no tienen a Jesús en el centro, se haya presa de una condena, aún cuando se le intente negar. ¿Y tú?

No descuides esa parte espiritual, te lo ruego. Que Jesús sea tu centro. Busca las respuestas, y darás con él, te lo aseguro. ¿Y por qué mi prisa y mi volver al mismo punto? Tú también nos aconsejas, y quizá no hemos hecho caso de todo lo que nos cuentas. Pero si bien aún nos falta camino por recorrer, aquello que tú nos apremias no implica la vida y la muerte, pero este punto que late en nuestros pechos, sí.

Te amamos, te queremos ver a nuestro lado hoy y en la eternidad. Perdona la insistencia. O más bien, no la perdones. Enójate si quieres, táchanos de locos, pero recuerda que hay una parte espiritual, y que descuidarla, resulta mortal.

Atentamente,

Yo