El deber

Por la mañana no quieres despertar, aunque sabes que te espera la oficina. Debes cocinar, limpiar la casa, atender la ropa y recoger los cuartos de los niños. Enfrentarte a un grupo de alumnos que no quiere aprender. Sentarte delante de una pantalla con números y letras. Pagar las cuentas, incluidos los impuestos. Cuidar de tus padres ya mayores como si fueran niños. El deber.

Pero el deber se transforma cuando se acompaña con amor, como bien dijo Anne Shirley mediante la pluma de Lucy Maud Montgomery: «Había mirado su deber con valentía a la cara y lo había encontrado un amigo, como el deber siempre lo es cuando lo enfrentamos con franqueza».

El deber puede ser un amigo cuando te das cuenta que la oficina es el lugar que tienes para servir a los demás. El deber te sonríe cuando tu esfuerzo provee un hogar limpio y ordenado —aunque resulte agotador—, que tus hijos recordarán como un nido acogedor. Uno de varios de tus alumnos se inspirará por tus enseñanzas, y por uno vale la pena. La pantalla se puede transformar en el altar donde buscas el bien del prójimo. Tus esfuerzos por cumplir con tus deberes serán un día recompensados. Tus padres agradecerán tus cuidados, en medio de sus propias luchas con la vejez.

Enfrenta hoy tus deberes con franqueza y encontrarás propósito.

A final de cuentas, el deber llevó a Marilla a quedarse con Anne y encontró el amor de madre en su corazón. Y el deber hizo que Anne se quedara con Marilla un tiempo antes de ir a la universidad, decisión impulsada por el amor.

Con unas gotas de amor en el deber, encontrarás las fuerzas para enfrentar la rutina y el trabajo.

Como un girasol

Así es, de la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones. Mateo 7:20 (NTV)

A mi hija le encantan los girasoles, la alegría del verano. No solo le gusta cómo rotan mirando al sol, sino que admira su tamaño, que va de entre dos y tres metros, y sus pétalos de color amarillo. Pero ¿sabías que no solo sirven como adorno? Son más que flores bonitas. Cuando se secan y parecen morir, nos regalan sus semillas como alimento, su aceite como combustible y sus raíces para limpiar la tierra de metales.

Quizá por eso Jesús terminó su sermón en el monte recordándonos que no es bueno juzgar a los demás. Las apariencias engañan fácilmente pues, aunque muchos lucen los pétalos del supuesto éxito, no producen frutos, es decir, no benefician a los demás. ¿Cómo entonces saber quién es quién?

Así como identificas un manzano por sus manzanas y una higuera por sus higos, identificamos a la gente por sus acciones. Y hay básicamente dos acciones que importan, y que Jesús explica en la última parte de su discurso. Están los que escuchan su enseñanza y la siguen, y los que oyen sus instrucciones, pero no obedecen.

Cuando escuchamos y no obedecemos, somos como árboles malos, sin fruto y utilidad. En otras palabras, somos espinas que jamás producirán uvas. Sin embargo, la obediencia producirá la evidencia de que seguimos a Dios y bendecirá a otros. Cuando la gente nos «pruebe» verá en nosotras el resultado del amor, la paciencia, la bondad y mucho más. Por lo tanto, el día de hoy, seamos girasoles que sigamos a nuestro Sol de justicia en obediencia.

Señor, quiero obedecer tus mandatos y dar así fruto.

Tomado de Un Año con Dios en el Nuevo Testamento, Origen

La noche oscura del alma

¿Has experimentado la noche oscura del alma de la que escribió San Juan de la Cruz?

Por lo general comienza con un despertar a la necesidad que nos embarga; nos recuerda que estamos vacíos y lo que consumimos no nos está llenando. 

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

Le sigue la agonía, real y contundente. Nos embarga el hambre y la sed por algo que no sabemos describir con palabras, pero que buscamos a tientas hasta encontrar.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

Y cuando lo encontramos a Él surge el abandono. Nos rendimos a sus pies y comprendemos que somos suyos y nada más importa. 

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!

Entonces Él, con dulces abrazos, nos recuerda que debemos apropiarnos de su amor por medio de la fe. Nos susurra que no se trata de hacer, sino de permanecer; Él no nos invitó a la ansiedad, sino al descanso. 

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Y así llegamos a la permanencia, a la realidad de que mientras seamos parte de la vid, daremos fruto.

Quedé y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Y entonces recibimos la vida que nos ha prometido, una abundante, la que siempre hemos soñado. 

Tu historia cuenta

«La eternidad lleva las marcas de nuestro presente», escribió James K. A. Smith. Imagina el tapiz de historias en el cielo, como un piso de mosaicos interminables, o una colcha tapizada de pequeños cuadros que cubre toda la tierra, o como las estrellas del cielo (imagen totalmente bíblica). 

Tu historia allá seguirá contándose. Quizá tú la compartas en cada banquete o mientras atiendes a los asuntos del Rey en los cielos nuevos y tierra nueva. Tal vez nos sentaremos a tomar el café, el té o una nueva bebida para intercambiar anécdotas. 

¿Será que las cicatrices aún las llevaremos presentes y serán la introducción a historias redimidas, sanadas y convertidas en un bien para bendecir a los demás? 

¿Qué más nos podemos llevar al más allá sino nuestras vivencias? Copio aquí una oración litúrgica y anglicana de la provincia de Kenia. 

«Oh, Dios de nuestros ancestros, Dios de nuestro pueblo, delante de cuyo rostro las generaciones humanas desaparecen: Te agradecemos pues en Ti estamos seguros para siempre, y porque los fragmentos rotos de nuestra historia se reúnen en el acto redentor de tu querido Hijo, a quien recordamos en el sagrado sacramento del pan y el vino. Ayúdanos a andar diariamente en la comunión de los santos, declarando nuestra fe en el perdón de pecados y la resurrección de nuestros cuerpos. Ahora envíanos en el poder tu Santo Espíritu para vivir y trabajar para tu alabanza y gloria. Amén». 

Qué hermoso pensar en que los fragmentos rotos de nuestras historias se han reunido en el acto redentor de Jesús. En palabras de William Blake: «La eternidad está enamorada de las producciones del tiempo». 

Tu historia cuenta, pues se seguirá contando en el más allá. Solo acuérdate de entregarla en las manos del Redentor para que sea restaurada.

El sonido de la música

Ignoro la cantidad de veces que vi la película The Sound of Music (La novicia rebelde) durante mi infancia y adolescencia. No puedo negar que me enamoré de la música, y después de la historia. Me tomó unos años captar las pequeñas lecciones en cada canción, como el atesorar nuestras cosas favoritas que son más recuerdos que objetos, el amor por la patria traducido en una pequeña flor y la posibilidad de escalar cada montaña hasta alcanzar tu sueño. 

Entonces leí la verdadero historia de la familia Von Trapp y, como suele suceder, mis ojos se abrieron a los altos y bajos de la vida real. Conocí a la verdadera María y su historia me conmovió. Si bien algunas cosas son como en la película como sus travesuras en el convento, las cortinas convertidas en ropa de juego, su talento musical, algunas diferencias me parecen importantes. 

  1. María creció huérfana y sufrió de maltrato por el tío que la cuidaba. Su padre fue una figura itinerante en su vida, pero él le enseñó a tocar la guitarra y se dio cuenta del talento musical de su hija antes de morir. 
  2. María, en el convento, daba clases a niños a quienes les componía canciones para enseñarles, y de ahí la contrataron para ir a ser la maestra de Mitzi, una hija del Capitán Von Trapp que se recuperaba de la fiebre escarlatina, la que cobró la vida de su madre. 
  3. La baronesa era una mujer que el Capitán contrató para mantener en orden su casa. Ella fue la que propició la mayoría de las reglas que se adjudican al Capitán. El Capitán sí pensaba casarse, pero con una princesa. No se comprometió con ella pues se enamoró de María. 
  4. María no amaba al Capitán cuando se casó con él. Amaba a sus hijos, pero aprendió a amar a ese hombre bueno y cariñoso. 
  5. De hecho, los hijos Von Trapp se enfadaron cuando vieron la primera película alemana que se produjo sobre su historia y luego lamentaron la obra musical pues retrataba a su padre como un hombre frío y a María como la amable y cariñosa tutora, cuando en realidad fue al revés. El padre era consentidor y amoroso, y María la que disciplinaba en casa. 
  6. Su primer «productor» fue un sacerdote que les enseñó cantos gregorianos que habían quedado en el olvido muchos años, y él, en cierto modo, los llevó a la fama.
  7. Su talento musical los llevó a presentarse frente al canciller austríaco y a viajar por Europa. Ese talento también los pondría en un aprieto. No huyeron después del festival de música, como sugiere la película, sino cuando, después de perder todo su dinero, trabajar en su villa que convirtieron en una casa de huéspedes y oponerse al régimen nazi, Hitler los invitó a cantar a su cumpleaños y el Capitán recibió órdenes de trabajar en un submarino. Entonces huyeron a Italia en tren, luego llegaron a Estados Unidos hasta que se venció su visa. Con ayuda de otros, lograron ingresar finalmente a Estados Unidos. 
  8. María, probablemente después de su huida, se convirtió en la «tirana» que sus hijos describieron después, obligándolos a ir de tour y cantar todo el tiempo, y hacer que trabajaran todavía a marchas más forzadas. Pero ella lo había perdido todo: su casa, su país, su identidad. Necesitaba sobrevivir. 
  9. Cuando el Capitán murió, el grupo se desbandó y tomó mucho tiempo para que se volvieran a reunir y reconciliarse. Curiosamente, la mayoría de las hijas mayores no se casaron, y trabajaron como maestras en misiones católicas en Nueva Guinea. Los hijos sí se casaron y algunos tuvieron hasta seis hijos. 
  10. Con la hija que María fue más estricta fue, precisamente, su primera hija con el Capitán: Rosemarie. Ella se negaba a cantar; le provocaba mucha ansiedad estar frente a la gente, pero María la obligó a cantar hasta que dos veces Rosemarie colapsó. En una ocasión, entró a un instituto para recibir ayuda. María nunca se perdonó haber metido a sus dos hijas más pequeñas a un internado cuando llegaron a Estados Unidos, para así poder salir de tour y ganar dinero.

María tenía solo 22 años cuando se casó. Su niñez, su abandono, su juventud, su inexperiencia hacen a María una persona más real con la que podemos empatizar, o incluso sentir enojo ante sus errores. De hecho, el musical que tanto amamos fue el último que compuso Hammerstein quien murió de cáncer de estómago nueve meses después de su estreno. 

Aquí puedes escuchar el tipo de cantos que entonaban los Von Trapp y algunas fotos de la verdadera familia: https://www.youtube.com/watch?v=sWbbwShq3SI

Sea lo que sea, María nos enseña que podemos ir a la naturaleza cuando nuestro corazón esté triste y encontrar ahí el sonido de la música. Y ante el dolor y la pérdida, siempre podemos volver a cantar.