Perlas

Cuando me invitó al salón del tesoro, no lo podía creer. ¿Qué hacía yo entre las joyas del Rey? Aun así, acepté y crucé la puerta con expectación. No me decepcioné. ¡El lugar brillaba!  Oro, plata, bronce, diamantes, esmeraldas, y perlas, muchas perlas.

En primer lugar, me llamó la atención una fuente de perlas. Las delicadas esferas, más pequeñas que una gota, brotaban con armonía. El Rey se acercó y tomó unas cuantas en su mano.  “Son lágrimas de mis hijos”, me explicó.  “En esta fuente guardo todas aquellas lágrimas que he enjugado; perlas de dolor por la muerte de un ser querido, enfermedad o decepción”.

Entonces vi unos collares de perlas que colgaban del techo formando una cortina de luz. ¿Y éstas? El Rey contestó:  “Son lágrimas de alegría que he compartido con los míos.  Así como estoy presente en su dolor, también lo estoy en su gozo”.

Noté que también en las coronas había perlas, mayores a las de la fuente y más luminosas. ¿Serían especiales?  “Son las lágrimas que mis siervos han derramado al ofrecerme su vida y su tiempo. Ellas simbolizan la frustración de verse perseguidos o malinterpretados; muestran la batalla terrenal que será recompensada en el futuro”. ¡En todo el mundo no hallaría perlas así! 

De pronto, el Rey me sonrió: “Y aún no has visto las más perfectas”.  Entonces sacó un cofre. Al abrirlo, perdí el habla.  ¡Eran. . . indescriptibles!  ¿También eran lágrimas?  “Sí, pequeña. Estas ocupan un lugar único en mi corazón. Las más grandes que iniciaron la colección son las de mi Hijo, y todas las demás son las de aquellos que simplemente derraman lágrimas al decirme: TE AMO”.

Vi la imagen de hombres y mujeres a lo largo de la historia, hincados o de pie, susurrando o gritando: “Te amo, Señor, te amo”.  Y apareció la imagen de su Hijo postrado en un jardín, aceptando su destino y reiterando su amor incondicional. 

Las lágrimas que el Rey junta, son las de aquellos que le dicen: “Te amo”.  ¿Qué perlas le he dado yo?     

El legado de oro

¿Qué se le puede legar a un hijo? Existen las herencias donde se dejan casas, cuentas de banco o joyas que tarde o temprano se acaban. Pero la mayoría de los padres se esfuerzan en darle a sus hijos algo «no palpable», aunque sí vital: la educación.

¿Cómo podemos construir este legado para nuestros hijos? A continuación, siete consejos que nos pueden ayudar.

1. Seamos ejemplo. 

El dicho común afirma: «con la palabra se predica, pero el ejemplo arrastra». «No fumes», le dice el padre al niño prendiendo su quinto cigarrillo. «No digas malas palabras», aconseja la madre después de haber proferido un sin fin de maldiciones a algún conductor inconsciente. No lo pidamos, hagámoslo.

2. No intentemos correr antes de caminar. 

Recuerdo mi primer día como maestra de preescolar. La típica mamá llenaba de besos a su hijo en la puerta del colegio, casi llorando, como si su pequeño estuviera a punto de graduarse. Padres, la educación preescolar no es la universidad. Al jardín de niños se va a jugar. ¿Para qué gastar una fortuna, que tal vez no tenemos, en las altas colegiaturas? Mejor usemos ese dinero para llevar a nuestros hijos al parque o al zoológico y ahorremos para su futuro académico.

3. Leamos. 

¡Qué difícil es esto en nuestra cultura donde todo nos da pereza! ¿Cuántos libros leemos al año? Si no lo hacemos, no esperemos que nuestros hijos lo hagan. Empecemos a formar este hábito. Compremos libros, desde cuentos de hadas hasta los clásicos. Sentémonos con ellos en las noches y tratemos de terminar un libro por mes, según la edad de nuestros hijos. Disfrutaremos la lectura, ¡y ellos también!

4. Seamos parte de su educación. 

Esto no significa que resolvamos la tarea por ellos o que nos involucremos en cada comité que la escuela organice, sino que estemos al tanto de lo que pasa en clase. ¿Quiénes son sus maestros? ¿Qué están viendo en ciencias? ¿Cómo les va en deportes? Con esa información podremos reforzar los temas que nuestros hijos estudian e incluso aprender con ellos.

5. Reconozcamos su esfuerzo. 

Esto no se limita a los días de firma de boletas. Un «muy bien» no solo se debe escuchar cuando se obtiene una buena calificación, sino también cuando el niño muestra su empeño y persiste en sus tareas de cada día. 

6. Dejemos que se equivoquen. 

Las madres corremos, quitamos obstáculos y movemos montañas con tal de que nuestro niño no cometa un error. Sin embargo, una equivocación puede ser una oportunidad para reconocer nuestras debilidades, aprender de ellas y salir adelante. Este proceso es una parte importante de la vida.

7. Respetemos su estilo para estudiar. 

Cada hijo es distinto. Algunos necesitan un lugar tranquilo, otros música de fondo o la vigilancia constante de mamá o papá. Investiguemos qué les funciona mejor y brindemos nuestra ayuda.

Por último, recordemos que un niño equilibrado será más eficiente en el estudio. Este balance debe ser físico, mental, emocional y espiritual. Tener padres afectivos, curiosidad por aprender y una fe sólida son pilares para un desarrollo óptimo. Esto es indispensable para resistir la presión negativa de los amigos y la sociedad. Además, pertenecer a una comunidad de fe y participar en ella fomenta la cooperación con otros y un sano desarrollo social.

La escuela no lo es todo. A veces se aprende más en el campo o en una tarde familiar. Los niños más felices son aquellos que se sienten amados, lo cual influirá para bien en todas las áreas de su vida. ¡Este es el mejor legado!

Desde Irlanda con amor

Recuerdo aquella tarde en que cursaba secundaria y escuché por primera vez “Orinocco Flow” de Enya. Desde entonces, quedé prendida de esa música suave, tranquila, armónica, pero que se catalogaba como Nueva Era, y como cristiana, cierta parte de mí se preguntaba qué relación había entre la música y la ideología de sus autores.

Pero entonces conocí a Moya Brennan y todo cambió. De hecho, Moya o Maire, es la hermana mayor de Enya. Moya, dos hermanos y dos tíos formaron mucho antes que Enya fuera famosa un grupo llamado Clannad. Sus canciones salieron en películas como “El último de los mohicanos” y “Titanic”. Cuando Enya abandonó el grupo para ser solista, el mundo discográfico denominó esta nueva música como “Nueva Era”, y allí colocaron a Clannad, a Moya y a muchos otros músicos celtas.

En realidad, esta música está basada en la música tradicional irlandesa, más que en religiones o pensamientos, y cuando Moya Brennan también grabó como solista lo demostró, pues ella es una cristiana y su álbum “Perfect Time” refleja esto a la perfección.

Moya, la mayor de nueve hijos, creció como católica, pero se rebeló a Dios. Se dedicó a la música, pero reconoció que estaba sola. Entró a una etapa de su vida donde bebía demasiado, usaba drogas y tuvo un aborto. Cuando perdió a su bebé supo que su vida era un caos, y su matrimonio también. Se dio cuenta que aún cuando subía al escenario y hacía películas, su vida estaba vacía y sin propósito.

Entonces buscó a Dios. Simplemente empezó a orar y a pedir que Dios la ayudara y la guiara para ser una mejor persona y encontrar la paz en su corazón. Todo sucedió poco a poco, pero en 1987 conoció a Tim. Tim, hijo de un misionero de profundas convicciones cristianas, se convirtió en su esposo y padre de sus dos hijos. También llegó a ser el mentor de una nueva etapa de Moya en su recién iniciado camino en el cristianismo.

Como escribió en su canción “Where I Stand”:

No temas a la quietud, una voz gentil me guiará fuera… días hermosos… hermosa vida de amor… lluvia que se diluye desde donde estoy, tenía una vida echada a perder en mis manos, iba por sendas desviadas, pero soy débil, no me dejes ir. Encontré tu amor en mi corazón cuando mi mundo se hacía pedazos. Tu aliento de oro borró mi oscuridad. Si te lo pido, no me dejes ir.

La música de Moya es una dulce cadencia que evoca la música celta, de la que ella es un experta. Habla las lenguas ancestrales y toca el arpa. Conoce bien el folclor de su pueblo y ha cantado junto a grandes luminarias, y ha compuesto canciones para muchas películas.

Moya, como ella misma lo explica, sigue una tradición cristiana que surgió cuando san Patricio pisó la Isla Esmeralda y habló de Jesús. Desde entonces, y a pesar de las guerras y la sangre, el amor de Cristo ha vencido y ha tocado a muchos corazones que hoy cantan a Dios y le alaban.

Moya ayuda a muchas organizaciones cristianas, como una para niños ciegos y otra para quienes se recuperan de adicciones. Pero lo más importante es que ha dedicado su música a Dios, y desde Irlanda, con amor, nos ofrece hermosas composiciones que nos remontan a praderas verdes, horizontes lejanos y la nostalgia de una hermosa isla.

Busca su música. Te recomiendo su álbum navideño.

¿A tu manera?

Hace poco leí en una noticia que una anciana trató de restaurar una pintura de Ecce Homo en un santuario de Borja, Zaragoza, España. Su intento fracasó. En lugar de un Cristo mirando hacia arriba, con facciones definidas y una corona de espinas, la anciana pintó prácticamente un dibujo infantil con un rostro deforme, cabello espinado y boca borrosa. Los curadores se infartaron. La mujer había destruido una obra maestra por hacerlo a su manera.

Del mismo modo, los seres humanos nos empeñamos con echar a perder la obra maestra que Dios hizo al crearnos. El pecado ha empañado esa imagen para siempre pero ese sello divino sigue en cada uno de nosotros. Aún más, si confiamos por fe en Jesús y creemos que Él es Dios y nuestro Salvador, Dios comienza a hacer la obra perfecta de restauración en la pintura de nuestra alma.

Poco a poco nos damos cuenta de que no somos ya esa pintura corroída por el moho y manchada por el pecado, sino que de esos trazos casi inservibles empieza a surgir un rostro, el de Jesús. Somos transformados a imagen de Jesús. Cada vez nos parecemos más al proyecto original que Dios tuvo en mente al crear al hombre en Edén.

Se cuenta de un predicador y escritor que vivía en Nueva York. Estaba preocupado por el conserje de su edificio que no quería saber nada de Dios. Aprovechó que el hombre pintaba cuadros en su tiempo libre, así que le pidió un retrato. El conserje aceptó. Tarde tras tarde el predicador posaba para el artista, quien no permitía que observara el producto.

Finalmente, el cuadro estuvo listo. El predicador clamó con horror cuando observó sus facciones con una expresión desprovista de toda buena voluntad. Frente fruncida, cejas arrugadas, una boca recta sin la menor compasión. El cuadro revelaba un hombre duro y amargado.

—Pero ¡este no soy yo! —exclamó.

El artista contestó: —Así es. El hombre que pinté es lo que usted sería si no tuviera el amor de Dios.

Tal como lo instruyó el artista, el predicador guardó la pintura en el armario. Así, cada vez que lo abría, recordaba lo que sería si Cristo no morara en él. Y por supuesto, fue el principio de una hermosa amistad y el conserje quiso saber más del amor de Dios.

Quizá la pregunta es: ¿qué tanto nos ha cambiado el amor de Dios? ¿Reflejamos lo divino más que nuestra humanidad caída? ¿Cómo va la restauración de la pintura de nuestra alma?

Que la imagen de Cristo aumente cada día más en cada rasgo de nuestro ser.

Amistades que cambiaron al mundo

Por Keila Ochoa Harris

Cuando uno se acerca a un cumpleaños o al fin de un ciclo, por alguna razón nos gusta hacer un recuento de vida y quizá te ha pasado, como a mí, que piensas en tus amigos, los que todavía conservas y los que, de alguna manera, has perdido por la distancia geográfica o los desacuerdos. 

¿Qué tipos de amistades has experimentado o cuáles te gustaría tener? Veamos lo que las amistades pueden lograr.

Amistades de misión

En 1885, siete amigos de la universidad de Cambridge dejaron sus fortunas para ir a China como misioneros. ¿Quiénes eran estos personajes? Stanley P. Smith, capitán del equipo de remo de la universidad de Cambridge; C. T. Studd, capitán del equipo de cricket; Willam Cassels, cura anglicano; Cecil Polhill-Turner, teniente de los Dragones Reales; su hermano Arturo, quien deseaba ser sacerdote; Montague Beauchamp, estudiante de Teología; y Dixon Hoste, teniente de la Artillería Real. 

Studd era bastante conocido por sus hazañas en el deporte, pero no dudó en dejar Inglaterra rumbo a China. Su vida misionera incluyó cuatro continentes: Europa, Asia, América y África. Llegó a decir: «Algunos quieren vivir dentro del sonido de campana de la iglesia o la capilla; yo quiero estar en una tienda de campaña a una yarda del infierno». 

Estos amigos lo tenían todo: educación, herencias familiares, proyectos personales, pero ahí, en su Colegio, en medio de comidas y conversaciones, deporte y estudios, decidieron dejar todo para seguir a Cristo. ¿Tienes un grupo de amigos que sueña con obedecer la Gran Comisión y compartir con los que no han oído de Jesús las Buenas Nuevas?

Amistades del alma

Entre los cristianos irlandeses del siglo IX existía una palabra muy especial: anamchara. ¿Cómo definirla? Aunque la traducción literal podría ser «alma gemela», la idea central está en comprender el alma como el espíritu. En otras palabras, hablamos aquí de un mentor espiritual a quien puedes revelarle las partes más oscuras de tu corazón, y quien te puede guiar, apoyar, confrontar y enseñar. 

Para entender este concepto está la historia de un joven sacerdote irlandés que un día visitó a la abadesa Brígida en Kildare. «¿Tienes un anamchara?», le preguntó. Él respondió afirmativamente, pero le contó que había muerto y ella le recomendó: «Ve y encuentra otro amigo, porque una persona sin un anamchara es como un cuerpo sin cabeza». 

¿Tienes un amigo a quien confiarle lo más profundo del corazón con la expectativa de que puede reprenderte y señalarte lo que haces mal sin que eso termine su amistad? Búscalo, para no andar como un cuerpo sin cabeza.

 Amistades que son familia

Amy Carmichael llegó a India en 1895. A los pocos años reunió a un grupo de mujeres creyentes de India que eran solteras o viudas, y se denominaron los Starry Cluster o las «Estrellas Brillantes». Juntas, rescataron a niñas y niños de los templos donde se les forzaba a la prostitución ritual o que, por diferentes motivos, eran abandonados. 

Pero no solo crearon orfanatos, sino una familia. Amy escribió: «A veces, en Dohnavur, nosotros, que tanto amamos a los niños pequeños que nos rodean, y también a los mayores, nos hemos encontrado con un niño a nuestro lado, que espera en silencio. Él nos dice en tamil “He venido/Aquí estoy”. Entonces, pensando que viene a confesar o pedir algo, preguntamos: “¿Para qué?”. Y él contesta: “Solo para amarte”. Así venimos, Señor Jesús; no tenemos nada que ofrecer; no venimos a pedir nada, ni siquiera guía. Venimos solo para amarte». 

¡Qué hermoso tener una familia donde no es necesario hacer o pedir nada, solo amarnos! ¿Podemos aspirar a amistades así?

Amistades que transforman la sociedad

Dios orquestó todo para que un día Hannah More conociera a William Wilberforce mediante un amigo en común: John Newton. Los tres tenía una causa que superaba todas las demás: la abolición de la esclavitud. More era quince años mayor que Wilberforce, pero con el amor de una hermana mayor ayudó, mediante su pluma, a remover las conciencias de sus lectores para hablar de lo que sufrían los esclavos. 

Wilberforce, por su parte, apoyó financieramente a More y a su hermana para que abrieran escuelas de alfabetización para niños. De manera curiosa, Wilberforce y More murieron el mismo año, 1833, el mismo en que el Parlamento inglés aprobó el Acta de la Abolición de la Esclavitud. Su amistad no solo transformó sus tiempos, sino sus propios corazones. 

¿Tienes amigos que luchan por la misma causa? ¿Los mueve un mismo tema y buscan justicia, sanidad o despertar conciencias? Ni Wilberforce, ni Newton, ni More acudieron a la violencia, sino a la pluma, el sano debate y la exposición de los hechos. Y aunque pasaron por muchas dificultades e incluso desprecios, lucharon por lo que sabían que era lo correcto.

Amistades que empujan a la creatividad

Concluimos con un grupo muy conocido de amigos, los Inklings, que nació por la amistad entre J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis y su amor por los cuentos y la mitología. Durante diecisiete años se encontraron cada semana en un pub inglés donde hablaron de literatura y arte, y donde compartieron sus lecturas en espera de una crítica honesta. 

La amistad no fue perfecta, pues al final Lewis y Tolkien se distanciaron. Pero su amistad fue fundamental para que El señor de los anillos y Las crónicas de Narnia se publicaran. Las amistades no siempre duran para siempre, ni carecen de roces, pero como Lewis escribió: «¿Hay algo más placentero en la tierra que un círculo de amigos cristianos alrededor del fuego? Lo que les debo es incalculable». 

¿Tienes un grupo de amigos creyentes con quienes crear y hacer arte, sea pintura, música o literatura? ¿Puedes decir que a tus amigos les debes algo incalculable? Lewis, probablemente pensó en que Tolkien hizo lo que nadie más: le expuso con claridad el mensaje de Jesús. No hay nada más grande que podamos hacer por nuestros amigos. 

Que tus amistades te impulsen a servir a Dios, a crear belleza, a formar una familia y a ser un «amigo del alma».