El autor y el paisaje

Después de leer sobre las Brontë y pensar en ellas nuevamente, me viene a la mente una de mis novelas favoritas: “Cumbres Borrascosas”. Sobre todo, recuerdo la descripción de los paisajes. Esas casas frías y grandes, donde el viento se colaba por cada ventana. La vívida imagen de los páramos, áreas expuestas al clima de Yorkshire.

No cabe duda que el lugar donde crecemos o vivimos resulta una influencia innegable. Los colores vivos de Oaxaca, el clima cálido de Querétaro, la actividad del Distrito Federal, y ahora, la neblina, los cerros, el frío, el calor, el viento tempestuoso azotando los techos durante la noche. Un clima cambiante y caprichoso, como mi actual estado de humor.

Me pregunto qué tanto influirá en lo que hoy escribo. Tantos cambios, como fruta fresca, a veces un ambiente más provinciano, en otras una ciudad vibrante, gente con costumbres diferentes, vegetación abundante, hoy una vista desértica.

Tarde o temprano todo reaparece en los libros. La nostalgia, la dicha, la soledad, las personas. Con disfraces, con máscaras, con finales diferentes, pero finalmente brotan por las letras para dejar libre al autor, para ayudarnos a comprender y asimilar lo vivido. Charlotte Brontë le llamaría una sutil venganza; Emily lo consideraría un mal necesario; Anne lo calificaría como la cruda realidad.

Yo le llamo: el ambiente de mi propia novela.

Confiar en el otro

Su esposo puede confiar plenamente en ella y no le faltan ganancias. (NBD)

La confianza plena no es algo de este siglo. El oficio de detective e investigador privado pulula. Se firman acuerdos prenupciales para proteger los bienes materiales. Dr. House predica que: “Todos mentimos”.

Pero el esposo de la mujer que se describe en Proverbios 31 confiaba plenamente en ella. ¿Aún se podrá? Un texto curioso en Juan nos dice que ni siquiera Jesús mismo se fiaba de los hombres, pues los conocía. Por ahí también se menciona la realidad del corazón: engañoso y perverso. ¿Tenemos esperanza?

Me parece que la clave de este verso no está en la mujer, sino en el esposo quien está dispuesto a tomar el riesgo. A final de cuentas, la vida está repleta de retos: nos arriesgamos a tomar el volante de un auto, a aceptar un nuevo trabajo, a creer que nos pagarán por ese trabajo, a lanzarnos al vacío (con la esperanza de que el paracaídas no nos falle) y a buscar nuevos amigos.

La mujer ejemplar fallará tarde o temprano, pero el esposo ha decidido arriesgarse. Ella le ha dado pruebas de ser digna de su confianza, pero es humana; tarde o temprano se equivocará. Él, sin embargo, confía, y al hacerlo, recibe ganancias. ¿De qué tipo? Materiales y emocionales, físicas y espirituales.

A veces tengo miedo de confiar y abrir mi corazón. He sido engañada y traicionada, como todos; pero yo misma he engañado y traicionado (aún no lo hiciera con el afán de lastimar). Sin embargo, cuando me niego a confiar, me convierto en mi peor enemigo. En ocasiones mi desilusión sobre otros surge de mi propia cabeza, donde yo misma tejí una historia o implanté motivaciones que no existían. ¡Gran error! No debo de imaginarme lo que el otro es; solo confiar y darle la oportunidad de ser.

Ensalada y Biblia

Rutina. Noche tras noche. Seis de la tarde. Se abre el refrigerador y se sacan los ingredientes. Lechuga de una bolsa re-sellable, pimientos, tomates, un aguacate, tres botellas de aderezo. La tabla de picar. Se reparte la lechuga en tres platos. Se baña del aderezo elegido: césar, ranchero, italiano. Se retoca con pimientos, aguacate, trozos de tocino o pollo.

Luego frente a la tele, una película o un programa policíaco grabado. Una rápida oración y el crujir de la ensalada entre los dientes. Un dejo de nostalgia por mi hogar, una paz contenida después de un día de trabajo, un descanso mental al hundirme en ficción detectivesca. Un ritual de ensaladas. Un recuerdo que me roba una sonrisa.

Por las mañanas, un desayuno ligero, mirando a las ardillas en el jardín; un día un ciervo. Conducir hasta la oficina. Llegar, desempacar y leer. Leer versículo por versículo la traducción de la Biblia. Revisar, cotejar, consultar el diccionario, los comentarios, los debates en torno al texto.

Ordenar el lonche y tener un breve receso, luego seguir la labor. A las 4 o 5, no recuerdo bien, finalizamos la jornada. Llegar al gimnasio a clase de pilates, unas vueltas en la piscina o sudar en la caminadora. Un baño fresco y, a las seis de la tarde, se abre el refrigerador.

Pero, sobre todo, en medio de esa rutina, durante varias semanas intercaladas, quizá meses, observé la vida de una pareja consagrada a Dios. Participé de sus conversaciones, me introduje en su mundo y aprendí lo que es amar a Dios y a su Palabra. Y por esa oportunidad de trabajar en la Nueva Traducción Viviente, bajo Jaime y Gail Mirón, siempre estaré agradecida.

Completas

Para mis amigas:

Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Señor, es para siempre; no desampares la obra de tus manos. Salmos 138:8 (RVR60)

He comenzado muchas cosas que he dejado a la mitad: novelas y manuscritos, composiciones musicales, proyectos de bordado, rutinas de ejercicio. Sin embargo, ninguna de ellas ha surgido a la vida y gritado: «¡No me abandones!» Los únicos que me han dicho: «No me dejes», cuando es hora de abordar el avión para ir a un viaje de trabajo, son mis hijos y mi esposo. 

Para Dios, por lo tanto, no somos planes aleatorios o buenos proyectos, ¡somos sus hijos! David nos dice en este salmo que Dios es misericordioso y fiel. Después nos cuenta que cuando clamó al Señor, Él le respondió y lo fortaleció. Luego nos recuerda que Dios es grande y excelso. 

En los últimos dos versículos, David cierra con un broche de oro y hace eco a las palabras de Pablo: Dios nos salva y cumple los planes que tiene para nosotros. No nos deja a la mitad. No se cansa y nos bota. No retira de nosotros su compasión. Como explicó Pablo: «Estoy convencido de que Dios empezó una buena obra entre ustedes y la continuará hasta completarla el día en que Jesucristo regrese» (Filipenses 1:6, PDT). 

Quizá hoy estás pasando momentos difíciles y te sientes como un cuadro a medio pintar, o un calcetín a medio zurcir, o una receta incompleta. No te desanimes. Para Dios eres su hija y no se dará por vencido hasta que estés completa, perfecta y preparada para la venida de su Hijo. Él cumplirá su propósito en ti. 

Gracias, Señor, porque no te rindes y sigues moldeando mi vida. 

Tomado de: UN AÑO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Oración por quietud

Tomado de: 180 oraciones poderosas para madres

Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. Salmos 37:7a (NTV)

Príncipe de paz, ¿cómo puedo estar quieta con niños pequeños? Desde que nacieron parece que no paro. ¡Si tan solo pudiera estar quieta! Añoro los días en que podía tomar una taza de café sin interrupciones. Cuando podía mirar por la ventana y soñar, o tomar una siesta. Pero necesito estar quieta para escucharte. Tranquilízame con tu amor. Líbrame de las distracciones. Ayúdame a encontrar un espacio, un lugar, unos segundos de silencio. Cultiva en mí la capacidad de apartarme en mi mente y en mi corazón, cuando espero en el médico o en la clase de dibujo, cuando estoy en el banco formada, para escuchar tu voz. Que mi vida sea una constante oración en tu presencia a pesar de la actividad y el bullicio a mi alrededor. Aquieta mi alma, Señor.