Regalos

«Si mi regalo tiene la intención de atar al otro a mí, ponerlo bajo obligación, o ejercer cualquier tipo de tiranía moral sobre su alma, entonces no lo estoy amando; en realidad, me estoy amando a mí mismo». Thomas Merton

Regalos. Los regalos cuestan. ¿Soy egoísta cuando elijo algo para los demás?

A veces doy para que me den.

A veces doy para quedar bien.

A veces doy para que me deban.

A veces doy para recibir el doble.

A veces doy por obligación.

¿Cómo se debe dar? ¿Cómo elegir un regalo de una manera desinteresada? ¿Cómo elegir el mejor regalo?

Supongo que debo dar como Dios.

Gratuitamente. Sin esperar recibir de regreso.

Abundantemente. Sin esperar recibir a la par.

Genuinamente. Con un corazón sincero y sin doble intención.

No, no es fácil. Ni siquiera cuando uno es mamá.

«Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento». Santiago 1:17

Amarme a mí misma

«Si nos amamos a nosotros mismos de la manera incorrecta, somos incapaces de amar a los demás». Thomas Merton

¿Cómo amarnos a nosotros mismos de la manera correcta? ¿Será que, en realidad, nos amamos demasiado, pero de una manera egoísta? Thomas Merton propone que la única manera de amarnos a nosotros mismos es amando a los demás.

Como mamá, podría pensar que es algo que hago de manera natural. ¿Pero en realidad amo a mis hijos?

A veces los miro como un estorbo. Un estorbo para mis metas profesionales, para mis gustos y preferencias, para mis sueños e ilusiones.

A veces los considero un mal necesario. A final de cuentas, todos queremos hijos. Forman parte de la vida, ¿cierto?

A veces quisiera pasar un día sin ellos. Para descansar, me digo. Pero ¿es en realidad este el amor sacrificial que Dios espera de mí?

Solo un amor sobrenatural puede lograr que yo ame a los demás con la calidad divina. Solo Dios puede poner en mí ese amor sincero que se da y se entrega, y que no busca lo suyo propio.

Puedo pretender que, simplemente por ser mamá, conozco el amor incondicional y lo practico. Pero, si no conozco y practico el amor del Calvario, me engaño a mí misma.

«¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!» (Isaías 49:15)

Ansiedad

«La ansiedad es la marca de la inseguridad espiritual». Thomas Merton

¿Lo estoy haciendo bien? ¿Soy buena mamá? ¿Mis hijos crecerán sanos y con sueños e ilusiones?

Ansiedad: preocupación constante; según Merton, inseguridad espiritual. Supongo que tiene razón. Leo las promesas de Dios, pero ¿las creo? Él está conmigo en este quehacer llamado maternidad. Él cuida de mis hijos, incluso cuando yo no puedo estar con ellos todo el tiempo o cada segundo. A Él le interesa más que mis hijos tengan éxito porque ¡Él los hizo!

Entonces, ¿por qué tantas preguntas sin respuesta? Quizá porque, en primer lugar, no las formulo. Tal vez ni siquiera son las preguntas correctas, pues no son sinceras. ¿O tengo miedo de que no tengan respuesta? ¿O quizá temo que no me gustarán las repuestas?

Ansiedad: preocupación constante. ¿Lo contrario?

«No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo». Filipenses 4:6

El significado de la vida

«Sin importar cuán arruinado el hombre o su mundo parezcan estar, y sin importar cuán terrible el desánimo pueda ser, mientras el hombre siga siendo un hombre, su misma humanidad le seguirá diciendo que la vida tiene sentido». Thomas Merton

Hoy divago sobre el significado de la vida. ¿Quién sabe realmente cuál es el propósito de la misma? Supongo que todos luchamos con esa pregunta tarde o temprano. Sin embargo, Merton nos recuerda que, tristemente, solemos recibir las soluciones incorrectas de todo el mundo para los problemas de esta existencia.

Temo que mis hijos, por la época que viven, acuden a un Youtuber o un influencer, a un video de TikTok o a una solución simplista, pues, por naturaleza, siempre buscamos lo más sencillo, sobre todo si eso implica la aceptación de nuestros pares.

Así que, ¿dónde saber cuál es el propósito de la vida? No hay otra opción, por lo menos para mí, que acudir al Manual del Creador. La pregunta es: ¿cómo invitar a mis hijos a considerar este texto como la base de nuestra existencia?

Si bien ellos tendrán que tomar una decisión al respecto, por ahora puedo modelar lo que para mí implica este Libro Santo. Quiero que me vean leerlo. Quiero leérselos por las noches también. Quiero citarlo en los días buenos y malos, y quiero memorizarlo para tenerlo listo cuando se necesite.

Como dice Merton, todos, mientras estemos en nuestra humanidad, seguiremos buscando. La buena noticia es que hay un lugar donde podemos encontrar que la vida tiene un significado.

«Para gloria mía los he creado». Isaías 43:7

Por Keila Ochoa Harris

Un Stradivarius

Imagen de Wikipedia.

Por Keila Ochoa Harris

Un Stradivarius es un instrumento de cuerda creado por un miembro de la familia italiana de Antonio Stradivari. Son valorados por los intérpretes del mundo y los coleccionistas de antigüedades porque las características sonoras de estos instrumentos son únicas. A menudo estos instrumentos se identifican por el nombre del músico famoso que lo utilizó en algún momento para sus interpretaciones.

¿Pero qué hace a un Stradivarius especial? Lo mismo que nos hace especiales a nosotros, los hijos de Dios.

En primer lugar, está la edad. Un Stradivarius antiguo es ampliamente valorado pues la experiencia y el tiempo le dan mayor resonancia. Nosotros somos tan antiguos como los pensamientos de Dios sobre nuestra existencia. Es verdad que apenas estamos en este mundo, pero en la mente de Dios ya existíamos desde antes de la fundación de la Tierra, cuando él planeó salvarnos y elegirnos para buenas obras.

Un Stradivarius está creado por un maestro. Del mismo modo, los seres humanos hemos sido hechos por un experto en la materia. Dios no se equivocó al darnos piernas largas o mucho cabello. Su destreza como artesano es superior a la de cualquier miembro de la familia Stradivari.

Tercero, a diferencia de los que no creen en Jesús, nos volvemos un instrumento virtuoso ya que un violín tocado con exquisitez durante mucho tiempo guarda los sonidos exquisitos que escucha. Se dice que “la madera recuerda”. En otras palabras, un virtuoso del violín educa a su instrumento. Somos especiales pues el Maestro nos toca día a día, y al producir sonidos perfectos nos va moldeando para ser perfectos.

Finalmente, somos un Stradivarius pues en estudios recientes se ha encontrado que algo especial que usaba la familia Stradivari provenía de la materia prima de la región en la que aún quedaban cenizas volcánicas. El fuego de esa tierra quedó en la memoria de las cenizas que hoy bañan a estos famosos violines. Esto nos recuerda que nosotros también hemos sido cubiertos por las cenizas, es decir, por la sangre preciosa de Cristo, y su sufrimiento nos da hoy vida.

Quizá en una subasta nadie daría más de dos pesos por nosotros. Tal vez ante el mundo no lucimos como un Stradivarius. Pero a final de cuentas, un instrumento en manos de un Maestro se vuelve un Stradivarius. ¿Estamos en las manos del Maestro?