El siguiente paso

Por Keila Ochoa Harris

¿Y ahora qué sigue? Me he preguntado esto en diversas ocasiones, cuando termino de llenar un formulario con mis datos para algún trámite oficial y miro alrededor. ¿Ahora qué? ¿Dónde lo llevo? ¿Qué hago?

Sucede lo mismo con el camino de la vida. He elegido a Jesús. ¿Ahora qué? 

El momento de elección es mágico, tanto así que los que transitan por él siempre regresan a ese punto cuando se extravían, y lo relatan con una sonrisa en los labios y lágrimas en los ojos, pues se trata de un momento trascendental, un cambio de dirección, una nueva aventura. 

Pero ¿y después? El apóstol Pablo lo explica en el libro de Colosenses: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos» (2:6).

En un campo verde o en un terreno pedregoso no se vislumbran senderos claros. Solo se ve el pasto, y en algunas partes éste luce más seco debido a las pisadas. La vida cristiana, en mi opinión, no se traduce como una carretera moderna, con señalamientos claros, asfalto y ayuda en el camino. Simula más bien un viaje donde las estrellas dirigen y uno encuentra posadas en el camino para refrescarse y proseguir. 

Pero también comprendo que la vida no es al cien por ciento una caminata, como cuando salgo a practicar senderismo; sino que incluye despertarme, tomar una ducha, salir a la escuela o al trabajo, lidiar con las pequeñas tribulaciones diarias, llamar por teléfono, escribir correos, contar el dinero para hacerlo rendir y relacionarme con otros. 

¿Cuáles son los pasos de Jesús que debo seguir? 

Una interpretación errónea sería vestir como en el primer siglo en Palestina y hacer exactamente lo que hizo Jesús. ¿Multiplicar panes? ¿Conseguir doce discípulos? ¿Hablar a multitudes? ¿Andar sobre el mar?

Cuando interpretamos la Biblia, lo más lógico siempre resulta lo más acertado. Seguir los pasos de Jesús implica vivir como él vivió. ¿A qué me refiero? A cambiar mi mentalidad y ver las cosas como Él las vio. A realizar ciertas acciones concretas como el perdón, el amor y la constancia. 

Un paso a la vez. 

¿Y si fallo? Soy una mujer de orden. Decenas de papelitos decoran mi escritorio y mi refrigerador. En ellos anoto mis pendientes, mis listas y mis objetivos. Cuando en un día puedo palomear cada artículo en la lista, me felicito.

A veces hago trampa. Borro una anotación de uno de los papelitos y lo copio en otro. Lo pospongo, pero me repito que se llevará a cabo en su momento. Sin embargo, cuando la lista queda con pendientes, cuando por la noche me doy cuenta de que mis proyectos no se cumplieron, me entristezco y me castigo. 

Comencé la vida cristiana de la misma manera. Papelitos con pendientes: orar por la mañana, hacer el devocional matutino, realizar una buena obra, compartir con alguien de Jesús, orar por la noche, leer la Biblia otra vez. 

No hubo un sólo día en que lograra cumplir todos mis buenos propósitos. De hecho, generalmente fallaba en tres o más. Así que me taché de mala cristiana y de alguien que no merecía gracia ni vida eterna. 

Si bien en mi juventud por lo menos abarcaba dos o tres actividades de mi impuesta lista, a la hora de tener una familia el sueño se desvaneció por completo. Imposible mantener un horario. 

Pero en el camino de la vida cristiana andamos un paso a la vez. Y Jesús no está a nuestro lado con una libreta en mano para marcar cada vez que erramos. De hecho, me parece que tiene tanto amor y misericordia, que nos anima a acertar, pero nos da un campo con un abundante margen de error. 

Me explico mejor. Al hacer mis listas, es como si delante de mí viera una pisada del tamaño del pie de mi padre. Debo complacerlo al acertar, pero aún más, debo «caber» dentro de ese espacio. 

Sin embargo, Dios no es mi padre. Su pisada no es la de un ser humano. Dios es Dios. ¿No será que su pisada es diez, veinte, cien veces más grande, y que, por eso, al avanzar por fe, al levantar mi pie para dar un paso, forzosamente caeré dentro de la pisada? Quizá no le atine a la mitad, pero sí en la periferia. ¿Y no será suficiente?

Mis listas no sirven salvo para frustrarme y derrotarme. Pero en Jesús hallo gracia. La gracia suficiente para dar el siguiente paso de fe. El único modo de no errar es si Él me toma de la mano, apunta al piso y a su pisada, y me ayuda a atinarle. Así de fácil, así de difícil. 

Así que me abrazo a Él y me aferro, como mi hija se cuelga de su papá para que él no se vaya al trabajo. Él es el camino, Él ha hecho las pisadas, Él me guiará. Éste no es un viaje donde Jesús se sienta como espectador para ver qué hago. Más bien es su modo de recordarme que Él hace todo: me da la vida, me da las opciones, me muestra el camino. Él va a mi lado, y de ese modo, puedo dar el siguiente paso.

Mi abuelo contaba la anécdota de un niño que se extravió. Se acercó a un señor de traje gris y le pidió indicaciones sobre cómo ir a su casa. «¿Sabes tu dirección?», le preguntó el hombre. 

El niño la recitó de memoria. Entonces el señor contestó: «Camina dos cuadras hacia arriba, luego giras a la derecha. Tres calles después, te toparás con un crucero. Gira a tu izquierda para más tarde…»

Esto hacen las religiones, las que creen conocer el camino y hacen listas y listas que jamás se cumplen. Pero el niño encontró a un segundo hombre. Le hizo la misma petición, luego recitó su dirección. El hombre entonces lo tomó de la mano y le dijo: «Yo te llevo».

Eso hace Jesús. Él es el camino. Él es el guía. Él es la pisada siguiente. Sólo me debo dejar conducir.

Chocolate amargo

Por Keila Ochoa Harris

El chocolate amargo no es menos chocolate. Contiene las mismas propiedades; de hecho, diríamos que se encuentra en su forma más elemental, sin la añadidura de azúcar, leche y otras sustancias que componen el chocolate que es más conocido.

Supongo que en la vida las relaciones de pareja son así también. La sociedad nos vende un chocolate más comercial (con azúcar y leche), donde el novio nos abre la puerta del auto, nos recita palabras románticas, nos sorprende con regalos costosos y nos conquista.

Sin embargo, cuando llegamos al matrimonio, la diaria convivencia nos muestra, en muchas ocasiones, el chocolate en su forma más elemental, con un sabor semiamargo. Entonces nos quejamos. ¿Dónde ha quedado el romance? ¿Qué de las flores? ¿Cuándo volverán las canciones románticas?

Quizá es cuestión de enfoque. ¿Qué es lo que nos gusta del chocolate? No solo es su dulzura, pues en ese caso compraríamos miel. No es tampoco su consistencia, pues podríamos optar por goma de mascar o algo crujiente como unos cacahuates. Son las propiedades mismas del chocolate las que conquistaron a los aztecas, luego a los españoles y hoy, a las mujeres.

El chocolate es nutritivo pues contiene fibra, hierro y magnesio, entre otros. Es un poderoso antioxidante y ayuda con enfermedades del corazón. Buscamos el chocolate por los neurotransmisores que estimula, entre ellos la dopamina, que nos hace sentir bien. Nos gusta el chocolate porque podemos hornearlo, cocinarlo y beberlo. Está en postres, aperitivos, sopas, ensaladas y algunos platillos principales.

El chocolate amargo, entonces, no es menos chocolate. Al igual que una relación de matrimonio del día a día, con los roces naturales de la convivencia no es menos romántica, especial ni real. 

¿Qué hago cuando recibo un trozo de chocolate amargo? Me lo como. Lo disfruto. Lo combino con otros sabores. Del mismo modo, en aquellos días de fricción con mi pareja debo hacer lo mismo. Seguir adelante. Poner de mi parte. Combinarlo con mis recuerdos.

La vida tiene días buenos y malos, altos y bajos, dulces y amargos, pero sigue siendo vida. No nos quedemos solo con las ideas que nos ha vendido la cultura comercial como el romance hollywoodense, sino aprendamos a encontrar el valor y la belleza de las cosas reales, desde un chocolate amargo, hasta una relación de pareja que madura con el paso de los años.

La razón de su cansancio

Por Keila Ochoa Harris

«Jean estaba cansada». Así comienza el cuento/parábola de la pluma del sacerdote James J. Kavanaugh; historia que me hizo pensar y reflexionar sobre mi propia vida.

Jean y Bill comenzaron el viaje para seguir la estrella y llegar al Niño a través del desierto, que al principio se veía vasto e inmenso en su grandeza. Sus hijos, sin embargo, con sus quejas y demandas podían hacer que olvidaras todo sobre la estrella. Además, esta brillaba solo de noche, así que durante el día, la locura de las actividades confundía.

Por otro lado, cada vez que llegaban a un oasis, añoraban lo que habían dejado: unas vidas aparentemente placenteras y tranquilas como las del resto. Muchas veces pensaron que lo mejor sería dejar de seguir la estrella, sobre todo cuando había tantas otras luces alrededor.

Finalmente, un día decidieron quedarse en un oasis y vivir como los demás. Por las noches, alrededor de la fogata, escucharon historias que se burlaban del matrimonio y se envolvieron por las palabras que anunciaban que el impulso suplantaba la razón.

El día que Jean se dio cuenta que ella y Bill ya no tenían nada importante que susurrar por las noches antes dormir, o que lo mismo daba chismear de sus amigas que reír con ellas, cuando palpó que el trabajo la dejaba exhausta y que no lograba relajarse, cuando las canas y las arrugas ya no eran las marcas del desierto, sino algo de qué avergonzarse, cuando miró de reojo la estrella titilante, lloró.

Al otro día, Jean y Bill se cubrieron con sus ropas beduinas y montaron los camellos. Y salieron, como tiempo atrás, para seguir la ruta de la estrella, pues ahí encontrarían al Niño infante que esperaba para decirles la razón de su cansancio.

Yo también estoy cansada. Muchos días siento que no puedo más. ¿Será que estoy desviándome de la ruta del desierto? «Niño Rey, dime la razón de mi cansancio».

Confesiones de una hija de pastor

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Aquí están los capítulos, uno por uno.

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Capítulo 1: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-1?rq=keila%20ochoa

Capítulo 2: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-2?rq=confesiones

Capítulo 3: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-3?rq=confesiones

Capítulo 4: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-4?rq=confesiones

Capítulo 5: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-5?rq=confesiones

Capítulo 6: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-6?rq=confesiones

Capítulo 7: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-7?rq=confesiones

Capítulo 8: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-8?rq=confesiones

Capítulo 9: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-9?rq=confesiones

Capítulo 10: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-10?rq=confesiones

Capítulo 11: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-11?rq=confesiones

Capítulo 12: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-12?rq=confesiones

Capítulo 13: https://esencia.milamex.com/blog/confesiones-de-una-hija-de-pastor-capitulo-13?rq=confesiones

Oración por unidad

Que el Dios que infunde aliento y perseverancia les conceda vivir juntos en armonía, conforme al ejemplo de Cristo Jesús. Romanos 15:5 (NVI)

Padre de nuestro Señor Jesucristo, da paciencia y ánimo a mi familia. Ayúdanos a vivir en plena armonía, como corresponde a los que te seguimos. Permite que nos aceptemos unos a otros, reconociendo que somos diferentes y que tenemos muchas veces ideas y opiniones distintas. Pero eso no implica que no nos debamos respetar o amarnos. En especial te pido por las ocasiones especiales en que nos juntamos, sean cumpleaños o días especiales como Navidad o Año Nuevo. Que la armonía reine, porque tú estás en medio de nosotros. Que busquemos apreciarnos, motivarnos y aprovechar la oportunidad de estar juntos dejando a un lado la tecnología, como el televisor o los celulares. Danos el deseo de estar presentes para los demás y fomentar la unidad.

Amén.

Tomado de 180 Oraciones poderosas para madres, editorial Origen