Lágrimas

Tú que viste las lágrimas de…

David cuando era perseguido por sus enemigos

Job cuando padeció una terrible enfermedad

Jeremías cuando miraba la destrucción de Jerusalén

Daniel cuando comprendía el futuro de su pueblo

Magdalena cuando halló la tumba vacía

Pablo cuando escribió sus epístolas

Jesús cuando contempló a María y a Marta endechar a Lázaro

Tú que viste esas lágrimas y los consolaste, ¿verás las mías también?

Maestro de fantasía

Conocí a George MacDonald a través de C. S. Lewis, quien escribió: «Nunca he ocultado el hecho de que lo considero como mi maestro; de hecho, me parece que nunca he escrito un libro en el que no lo cite».

MacDonald ha inspirado a grandes escritores como W.H. Auden, J.R.R. Tolkien y Madeleine L’Engle. Lewis leyó en un tren Phantastes y unas horas después concluyó que había cruzado una importante frontera. G.K. Chesterton citó La Princesa y los Trasgos como el libro que «marcó la diferencia en (su) existencia». Incluso Mark Twain, quien en un principio detestó a Macdonald, se volvió su amigo, y hay cierta evidencia de que Twain fue influenciado por él.

¿Y qué hizo este predicador escocés, de escasos recursos y enfermo, que revolucionó el mundo de la fantasía? MacDonald fue un padre que contaba cuentos, un ministro que se negaba a predicar falsedades y un hombre de oración que hablaba con Dios a través de la poesía.

Sin embargo, no es reconocido por sus tratados teológicos, sino por sus cuentos de hadas. MacDonald comprendió el uso de la fantasía y no tuvo miedo de incluir hadas, ogros, gigantes, trasgos y brujas. Chesterton lo describió como un místico, un hombre que creía en la realidad del mundo espiritual. ¿Y cómo describir lo indescriptible? MacDonald optó por el camino de la literatura y los cuentos de hadas. Él dijo: «Un cuento de hadas, es solo un cuento de hadas, así como un rostro es solo un rostro». La fantasía, pues, no se alcanza a definir.

Abarca desde una princesa encantada, al estilo hermanos Grimm, hasta un gigante de piedra, a un aprendiz de mago o un ropero mágico. El novelista o escritor de fantasía inventa un pequeño mundo propio, con sus leyes particulares, y al hacer esto, se acerca un poco a lo que implica la creación.

MacDonald no siempre tuvo éxito, y quizá algunos no apreciemos del todo su estilo literario; pero preparó el camino para muchos que vendrían detrás de él. Tolkien dijo: «El cuento puede ser un vehículo del Misterio. Por lo menos es lo que George MacDonald intentó, creando historias de poder y belleza cuando lo logró».

Le debo mucho a MacDonald, no solo porque he leído sus fantasías, entre mis preferidas La Princesa y Curdie y The Light Princess, sino porque sus meditaciones en A Diary of an Old Soul me han acompañado en mi tiempo devocional. Me emociona saber que algún día le veré y alrededor de una fogata (quizá), él, Chesterton, Lewis, Tolkien, L’Engle y muchos más, conversaremos sobre las hadas, la fantasía y la imaginación, pero aún más, sabremos que valió la pena servir a Dios a través de la pluma, creando esos mundos mágicos que nos acercan un poquito a la eternidad.

Como MacDonald mismo dijo: «Lo mejor que puedes hacer por tu prójimo —además de despertar su conciencia— no es darle cosas en qué pensar, sino en despertar las cosas que están dentro de él para que él las piense por sí mismo».

Un enojo que dura generaciones

Por Keila Ochoa Harris

(De la Revista Esencia)

¿Puede el enojo durar generaciones? ¿Heredamos las enemistades de nuestros padres? En Esencia creemos que aprender de la historia nos enseña a no repetir los errores del pasado y a mirar el mundo desde otra perspectiva. Por eso, en esta sección, queremos contarte un poco de la historia del cristianismo para que tú evalúes, aprendas y reflexiones. 

Seguramente, si sigues las noticias sabrás que uno de los lugares más conflictivos del mundo es, precisamente la Tierra Santa. El primer escritor en referirse a Israel como la Tierra Santa fue Justino Mártir, en el año 160. Justino intentaba mostrar que la tierra prometida a Abraham un día sería heredada por todos los seguidores del Dios verdadero. 

Sin embargo, ¿qué ha ocurrido en este lugar geográfico? Después de que Jesús murió y resucitó entre los años 30 y 33 D.C., los romanos continuaron al frente hasta que Tito destruyó el templo de Jerusalén en el año 70. Desde entonces, no hay templo judío en esta área. 

Cuando el Imperio romano cayó, surgió el bizantino, con sede en Constantinopla. Durante este gobierno cristiano, se construyó la iglesia del Santo Sepulcro y se hizo común que se visitara Palestina como un tipo de turismo religioso. Se fundaron muchos conventos y monasterios, hasta 639 cuando Jerusalén cayó ante el califa Umar. 

En el año 691, se construyó la Cúpula de la Roca, un lugar de culto islámico en el centro de Jerusalén, precisamente en el lugar del antiguo templo. Luego comenzaron las cruzadas, movimientos armados convocados por los papas para recuperar la Tierra Santa. 

Si revisamos la historia, veremos conquistas y guerras que terminaron con la expulsión total de los cruzados en 1291. Jerusalén continuó bajo gobierno musulmán, y en 1517 los turcos otomanos la conquistaron. Casi cuatrocientos años más tarde, comenzó la historia moderna, cuando, en 1917, la Declaración de Balfour apoyó el regreso de los judíos a Palestina. 

Los británicos gobernaron Palestina durante la Primera Guerra Mundial y al final de la Segunda, David Ben-Gurión declaró el estado de Israel. Aunque pasaron todavía algunas guerras mientras se establecía la nación que hoy conocemos, los judíos finalmente volvieron a ocupar el territorio de la antigua Palestina. 

La pregunta es: ¿por qué tanto pleito y enojo? Porque, como puedes percibir, los romanos, los persas, los árabes, los turcos, los judíos, incluso los franceses y británicos han conquistado, colonizado o invadido la Tierra Santa durante años. Y todos dicen que les pertenece, ya sea porque es la tierra de Abraham, el suelo que tocó Jesús, o el lugar donde Mahoma ascendió a los cielos. 

Sin embargo, existe un pequeño grupo de seguidores de Jesús que han vivido en esa tierra desde el principio. La historia de un hombre quizá nos pueda ilustrar a lo que nos referimos. Elías Chacour nació en la pequeña aldea de Biram, en los montes galileos. Su madre nutrió su fe al contarle las parábolas y las historias de Jesús. Su padre, aunque árabe, oraba por los soldados sionistas que confiscaban sus casas y los presionaban a marcharse. En 1960, Elías se ordenó como sacerdote de la iglesia Melquita (griego-católica) en Nazaret. 

Chacour, quien habla arameo y puede leer los Evangelios en su idioma original, quedó cautivado por las bienaventuranzas de Jesús. Comprendió la pasión de Cristo por un mundo de paz y justicia, y aunque él experimentaba la opresión judía, comprendió también que los judíos venían saliendo de una cruel guerra y un horrible exterminio. 

Chacour pudo haber tomado el camino de muchos de sus compatriotas: el terrorismo. Pudiera odiar a los judíos y causarles daño de muchas formas. Ha sido testigo del profundo enojo entre vecinos, miembros de la iglesia y familiares. Años de humillación, prejuicio e incluso golpizas le mostraron que él también podía volverse un vengador y un hombre violento. 

Aun así, eligió, aunque con lágrimas, ejercer el perdón y luchar por la reconciliación. Para Elías, judíos y palestinos son «hermanos de sangre» y la tierra pertenece al Señor (Levítico 25:23). 

A veces pensamos en la Tierra Santa como un lugar turístico al que podemos acudir o el campo de batalla de cristianos, judíos y musulmanes. Sin embargo, desde que Jesús murió y resucitó, también ha sido la tierra de cristianos que hablan árabe que todavía viven ahí y descienden de esos primeros cristianos, como es el caso de Elías Chacour. 

¿Puede heredarse el enojo? Te aseguro que muchos palestinos desconocen su gran herencia cristiana. Seguramente ni judíos ni palestinos se toman el tiempo para conocerse entre ellos y dialogar. El enojo provoca confrontaciones, como la que se suscitó el 7 de octubre de 2023. 

Quizá no somos judíos ni palestinos, pero probablemente en nuestra historia nacional también hemos heredados enojos ancestrales. Quizá existe un rechazo a las culturas originarias de la tierra o a los mestizos y extranjeros que las han poblado. Tal vez no simpatizamos con los de tal o cual ciudad por eventos del pasado. ¿Pudiera ser que incluso en la misma familia el tío fulano no habla con el tío zutano por una querella de la juventud? 

Elías Chacour describe en uno de sus libros: La forma de resolver conflictos: «Si hay un problema, esto pasa. Tres personas harán algo concreto para arreglar el asunto. Diez personas darán un sermón o discurso sobre lo que los otros tres intentan hacer. Cien personas apoyarán o condenarán a las diez personas que han hablado al respecto. Mil personas discutirán el problema. Y sólo una persona, una sola, estará tan ocupado en hallar una verdadera solución que no escuchará al resto» (Elias Chacour, Blood Brothers). 

¿Seremos de las tres, diez, cien, o mil personas en la lista? Seamos el «uno» que, como Chacour, busca que el enojo se desvanezca y surja el perdón, la paz y el amor. 

Las 3 C’s del arte

Por Keila Ochoa Harris

¿Has visto las creaciones de Hanaco Hanasakura? Después de dibujar hermosas siluetas de chicas, las viste con pétalos caídos, plantas e incluso ramas de árboles. Te ha pasado que piensas: ¿cómo no se me ocurrió antes?  

Todo artista tiene un poco de loco, pero también hay tres ingredientes que necesitas para perfeccionar tu talento. 

1.  Curiosidad. 

Todo buen artista, sea un escritor, un pintor o un escultor, se pregunta: ¿Qué pasaría si…? ¿Cómo se vería esto si…? ¿Y si esto fuera diferente? ¿Y si mezclo este color con este otro? ¿Y si invento mi propio mundo de fantasía?

2.  Creatividad. 

Hay días que amanecemos con mucha inspiración, otras que no. Pero la creatividad no se da antes de empezar a escribir, a pintar o a diseñar, sino «en tanto» lo haces. No puedes ser creativo si no pones manos a la obra. 

3.  Constancia. 

Finalmente, cualquier oficio se perfecciona con la práctica. Estoy segura que Hanaco no logró que su primer boceto lograra ponerla en la mira internacional. Un libro no se escribe en una hora, sino palabra tras palabra, hoja tras hoja, semana tras semana, mes tras mes hasta concluir. 

Sin importar el área artística de tu interés —el baile, la cinematografía, las historietas, el teatro— cultiva la curiosidad, la creatividad y la constancia, y cosecharás arte.  

De corazones

Por Keila Ochoa Harris

Cierto día mi hijo y yo leíamos una historia para niños. Yo le contaba el cuento y él observaba las ilustraciones. Entonces me preguntó: —Mamá, ¿por qué se le sale el corazón al perro?

El dibujante había tratado de mostrar que el perro se enamoraba de una perrita, y dibujo tres corazones sobre su cabeza en señal de enamoramiento. Le expliqué lo que sucedía y él solo guardó silencio. Unos días después, mi hijo estaba acurrucado a mi lado cuando me dijo: —Mami, te quiero mucho. Se me sale el corazón.

En mi rostro se dibujó una sonrisa.

—A mí también se me sale el corazón por ti —le susurré.

Supongo que al Señor Jesús se le sale el corazón por toda la humanidad, pues su amor es inagotable y así lo mostró en la cruz del Calvario. La pregunta es: ¿a mí se me sale el corazón por Él?

Leí también un pequeño verso que un anónimo escribió para San Valentín:

“Le di a mi padre un corazón en San Valentín,

tenía su nombre con el mío escrito en él,

y un Cupido lanzando un beso.

Papá se sorprendió por el Cupido,

pero no ante el corazón,

pues me dijo que ya se acostumbró

a tener mi nombre grabado en su interior”.

Como madre, traigo el nombre de mis hijos en el corazón y ya nada puede borrarlos de allí. Pero más me conmueve saber que el corazón de mi Padre trae mi nombre escrito. La pregunta nuevamente es: ¿traigo yo Su nombre en el mío?