Una pareja de Singapur

Son como una pareja de novios y yo los admiro; han avivado en mí el anhelo por un compañero de vida. Él perdió a su primera esposa por cáncer de pulmón. Se volvió a casar y no funcionó; hubo divorcio. Como pastor evangélico (líder en su iglesia), perdió gran parte de su trabajo y recibió grandes críticas; se hundió en depresión.

Pero se sometió a las reglas impuestas por su iglesia (disciplina), y sacó adelante a sus dos hijos varones. Poco a poco se levantó, volviéndose en el proceso un hombre más compasivo y de ejemplo loable. Cuatro años atrás (si recuerdo correctamente), se topó con una editora para su nuevo libro. Ella, una reciente viuda con dos hijos varones de la misma edad.

Paso a paso por el libro, llegaron al altar. Hoy son una pareja hermosa. Se roban miradas, se toman de la mano, se apoyan en sus proyectos y se respetan con la madurez de sus años. Ella luce serena y derrama cariño y dulzura; él observa la vida y la comenta en poderosos escritos. En sus pupilas se lee un alma herida, pero por lo tanto más compasiva y profunda.

Trabajan y sirven en Singapur. Yo los observo y me dejo mimar por ellos. Con ella me voy de compras al mercado nocturno; con él compartimos libros y lecturas. Reconocemos en el otro un espíritu afín y disfruto su compañía. Cuando los conocí, anhelé encontrar un compañero con el cual compartir mi vida.

Lo conocí, me casé y luego le presenté a mi esposo a esta increíble pareja: una dulce reunión.

Lo aprendí de Winnie Pooh

Cuando estamos teniendo un mal día, basta con sumergirse en el bosque encantado que Alan Alexander Milne inventó, para toparse de nuevo con la inocencia salpicada de fino humor que nos remonta a nuestra niñez.

Milne, un prolífico escritor y amigo de J. M. Barrie (creador de Peter Pan), no pretendía escribir para niños ni ser recordado por sus libros sobre Christopher Robin, pero así sucedió. Su fama surgió a través de sus poemas y de los cuentos infantiles que escribió para su hijo. 

¿Y cómo nació Winnie the Pooh? Cuenta la historia que en 1914, un tren transportaba tropas con destino a Europa desde Winnipeg, Canadá. Se detuvo en Ontario y el teniente Colebourn compró una cachorra de oso negro por veinte dólares. La llamó Winnie, por la ciudad en donde la adoptó. Así, la cachorra se convirtió en la mascota oficial de la brigada 34. De paso por Inglaterra, Colebourn dejó a Winnie en el zoológico de Londres. Esta osita se volvió la favorita del público, así que se quedó allí hasta su muerte.

Por su parte, la esposa de Milne había regalado un osito «Edward» a su hijo Christopher. A los cinco años, Christopher acompañó a sus vecinos al zoológico londinense y conoció a Winnie. Se hizo amigo de la osa de modo que los cuidadores lo dejaban pasar para jugar con ella. Así que Christopher rebautizó a su oso de peluche Winnie the Pooh y aquellas visitas inspiraron a Milne para el primer poema de la serie.

¿Y qué es lo que Milne construyó en este universo de juguetes? Creó personajes interesantes, como Conejo, quien hace innumerables listas de pendientes y no logra terminar nada; o Kangu, quien como toda buena madre, anda detrás de su hijito para darle medicina o remendar su ropa; o Búho, quien finge saber leer cuando en realidad solo tiene los conocimientos básicos.

Sin embargo, podemos rescatar algunas de las valiosas lecciones que las historias de Pooh nos han dejado:

a. Es imprescindible un tentempié.

No podemos funcionar sin detenernos a tomar un refrigerio a eso de las once de la mañana; así lo hacía Pooh, así que, confiemos en su sabiduría. Aun en medio de una importante cacería de «efelantes», uno debe buscar ese «poquito» que llene el «huequito» en el estómago para lograr pensar con más claridad. 

¡Por algo en las escuelas se acostumbra el recreo! ¿Qué haríamos sin esos momentos de gloria? Me acuerdo de mis emparedados o tortas de jamón. Quizá ahora se me antoja más una manzana o unas tiritas de zanahoria con sal y limón, pero no olvidemos que el tentempié es, más que nada, una interrupción bienvenida.

b. Los juegos no tienen que ser complicados para ser divertidos.

Recordemos el pasatiempo preferido de Pooh. Se trataba de un juego muy sencillo en el que se paraban sobre un puente y lanzaban una rama al río. Luego corrían para asomarse del otro lado del puente y la rama que salía primero era la ganadora. Nunca comprendí cómo sabían cuál rama era de quién, pero ¡cómo se divertían! 

A veces olvidamos que los juegos no siempre deben venir en una caja para ser buenos, sino que unas simples ramas de árbol pueden funcionar. Tampoco deben ser violentos o competitivos, sino solo un modo de pasar el tiempo.

c. Se vale tararear canciones mientras trabajas o caminas.

Pooh solía canturrear tonaditas que él mismo inventaba pues en el fondo se ufanaba de ser un gran compositor, aunque sus amigos jamás le dieron el crédito merecido. A mí me gusta entonar alabanzas o silbar, sobre todo en una caminata o durante una actividad mecánica, como lavar los trastes. 

¡Qué crueles somos al silenciar a quienes traen ese ritmo interno! Al igual que los amigos de Pooh, debemos respetar los estilos de otras personas y si traemos la música por dentro, ¡disfrutémosla!

d.  Los de «poquito cerebro» generalmente son los más inteligentes.

¿Recuerdas cómo Pooh insistía que su poco cerebro lo hacía demasiado simplón y que por eso escuchaba a sus amigos, que no siempre le daban los mejores consejos? En la vida real encontramos gran sabiduría en los niños y en aquellos con capacidades especiales. 

¿Qué es lo más importante para un niño? Su familia, su presente y sus amigos. No se preocupan por las cosas materiales ni se la pasan ideando cómo volverse más famosos o más ricos. Disfrutan el hoy y ríen con espontaneidad, se beben el mundo a través de sus cinco sentidos y regalan su amor a los que los rodean.

Estas actitudes no vienen de quien tiene más cerebro, sino más corazón. La Escritura también nos habla de la virtud que hay en la simpleza de la fe de un niño. Tomemos el consejo e imitémoslo.

e. La amistad es lo más importante.

En los cuentos de Pooh encontramos a un Igor deprimido que siempre piensa mal de los demás y que siente que nadie lo aprecia. Sin embargo, sus amigos le preparan una fiesta de cumpleaños. Tigger tiene una manera brusca de saludar, brinca y destruye objetos, pero sus amigos procuran sobrellevarlo. 

Puerquito tiembla de miedo ante la menor provocación e imagina toda suerte de tragedias, pero con Pooh al lado se envalentona y aprende a enfrentar a sus monstruos. A pesar de sus diferentes modos de ver la vida, el pegamento que los une se llama Christopher Robin, una figura de amistad.

La amistad nos permite ver la belleza de los demás y por eso los amamos con todas sus imperfecciones, pues son ellas las que los hacen especiales. Queremos a Winnie por su poco cerebro, a Puerquito por su inseguridad, a Igor por su pesimismo, a Tigger por sus impulsos, a Rito por su inocencia, a Kangu por sus exageraciones, a Conejo por su tacañería, a Búho por su falsa sapiencia y a Christopher Robin por su corta edad. 

¿Cuál es el consejo para tener amigos? En palabras de Pooh: «No puedes quedarte en tu rincón del Bosque esperando a que otros vengan a ti. A veces tú debes ir a ellos».

Así que cuando no estemos teniendo un buen día, tomemos algún consejo de Pooh. Comamos un tentempié, juguemos algo divertido, tarareemos una melodía improvisada o, lo mejor de todo, busquemos a un amigo.

El álbum familiar

Encontramos un viejo álbum de fotografías, y como de costumbre, nos sentamos alrededor de él con un sin fin de preguntas para la abuelita. 

—¿Y éste quién es? ¿El abuelo? ¿El bisabuelo? 

—¿Cómo era este tío?

—¿Dónde vivían en ese entonces?

Mi hijo comienza a darse cuenta de que tiene una familia, y en ocasiones se asoma a los álbumes de fotografías y apunta a diversos miembros. Mi deseo es irle contando poco a poco las historias de sus ancestros, aquellos que le heredaron sus apellidos y algunos atributos. 

Leí un libro para padres donde el autor reflexiona sobre el «álbum familiar» que tenemos en la Biblia. ¿Cómo le narramos a nuestros hijos o nietos la historia de David? Quizá lo hacemos como si se tratara de un cuento, las aventuras de Caperucita Roja o Aladino. Pero tal como el autor de este libro atinó en concluir, la Biblia es mucho más que una colección de historias.

La Biblia es nuestro álbum familiar. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, David, Daniel, Pedro, Pablo y muchos más son nuestros padres en la fe; los ancestros de la gran familia de Dios que cubre muchos siglos y generaciones. 

David no es solo un pastorcito de Belén que derrotó a un gigante. Es el rey que tuvo la oportunidad de continuar con la línea familiar de la que vendría el Mesías. Aún más, ha sido un gran amigo y compañero en mis días de soledad y reflexión. Sus escritos en los salmos me han robado más de un suspiro y me han ubicado en momentos difíciles. David es aquel hermano mayor que me muestra que se vale llorar, siempre y cuando reconozca a final de cuentas que Dios está por encima de todo. 

¿Y qué decir de Pablo? Pablo es ese tío estricto y tierno, sabio y juguetón que inspira al respeto, pero también al cuestionamiento. Pablo llega al sillón de casa mediante sus epístolas para instruirnos y recordarnos que la gracia (el favor inmerecido de parte de Dios) es mayor que todo. 

Podríamos hablar del ejemplo de Daniel o la fidelidad de Noé, pero también tenemos una familia con errores, y ninguno se oculta a nuestros ojos, pues somos familia. Allí está Sansón y su debilidad, o Pedro y su temor. 

Es emocionante aún más saber que el álbum fotográfico no se termina con la Biblia. Existen muchos hermanos mayores por ahí que me han edificado a lo largo de los años. Los escritos de Bonhoeffer o las confesiones de San Agustín. Los poemas de Amy Carmichael y la sencillez de Juliana de Norwich consuelan como lo han hecho mis tíos, mis tías, mis primos y mis abuelos en tiempos de dificultad. 

En C.S. Lewis he encontrado un mentor; en Philip Yancey un amigo. ¡Qué dicha saber que no estoy sola!

Así que la próxima vez que tomemos un álbum de fotografías que muestre a la familia, recordemos que aún hay muchos más parientes qué presentar a nuestros hijos. 

Hablémosles de ellos con cariño y respeto, con emoción y gozo, pues el día que se unan a la familia de la fe, serán parte de esta gran genealogía que se añade cada día. 

Contemos de Abraham y de Isaac con la misma pasión que usaríamos al compartir aquella ocasión en que el tío Fulano casi se desbarranca en el monte; hablemos de Marta y María como lo haríamos de nuestras hermanas. Tenemos una gran familia, y nuestros hijos merecen conocerla. 

El pájaro del alma y los Salmos

“Hondo, muy hondo,

dentro del cuerpo habita el alma.

Nadie la ha visto nunca

pero todos saben que existe.

Y no solo saben que existe,

saben también lo que hay en su interior”. [i]

Estas palabras aparecen en el libro “El Pájaro del Alma” de la escritora y periodista Mijal Snunit, nacida en Israel en 1940. Snunit escribe este libro para niños que es bellamente ilustrado por Francisco Nava Bouchaín.

A través de breves párrafos Snunit explica que dentro del alma está el Pájaro del Alma que siente todo lo que sentimos. Este Pájaro está hecho de cajones y cajones, cada uno cerrado por una llave especial, y el Pájaro del Alma es el único que puede abrirlos.

Snunit enumera una serie de emociones que todos experimentamos tarde o temprano: gozo y tristeza, esperanza y desesperación, paciencia e impaciencia, enojo y odio.

El libro llamó mi atención desde el principio por su temática. Recién había adquirido otro título para mi hijo, ilustrado y escrito por Anthony Browne, uno de los autores favoritos en casa. Anthony Browne usa a su personaje principal, Willie, para describir cómo nos sentimos. Mi hijo, de dos años de edad, puede leerme el cuento de memoria y decir: “A veces me siento solo… me siento culpable… me siento hambriento…”[ii]

¿Y por qué es tan importante que desde pequeños los niños identifiquen sus emociones? ¿Por qué deben conocer al Pájaro del Alma? Siempre he sospechado de las emociones. Me han hecho tomar malas decisiones o me han durado poco cuando he tratado que permanezcan más tiempo en mi pecho.

Pero las emociones son tan reales como la vida misma. El hambre, el enojo y la tranquilidad son tan ciertas como el sol que sale por la mañana. De hecho, la Biblia no las encubre, sino que las muestra en toda su totalidad en uno de sus libros más extensos.

Los Salmos en la Biblia muestran el alma en desnudez total. Más que ser un recetario para el alma: “Si está triste, lea el salmo 23. Si está contento, lea el salmo 8”, los salmos a veces nos parecen repetitivos, en otras nos provocan desconcierto. Exigen venganza, claman por justicia, ríen con los alegres, lloran y piden la muerte. Philip Yancey acierta al sugerir que los salmos se deben leer como alguien que “lee por encima del hombro”. [iii]

Los salmos, en pocas palabras, liberan al Pájaro del Alma y abren los cajones escondidos, aún los más ocultos. Los salmos nos recuerdan que hay cajones que uno no desea abrir pero que surgen en los momentos más inapropiados. Pero lo hermoso de los salmos está en que Dios no se sorprende. No arquea las cejas con desconcierto ni titubea cuando el hombre habla con el Pájaro del Alma: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?”[iv]

Snunit concluye que debemos escuchar al Pájaro del Alma, sobre todo por la noche, cuando todo está en silencio. Los salmos nos recomiendan lo mismo. En la soledad, ya sea de madrugada o cuando otros ya duermen, podemos conversar con el Pájaro del Alma y tratar de encontrar qué ocultan los cajones.

Pero la diferencia entre los salmos y el libro de Snunit radica en qué vamos a hacer una vez que el Pájaro del Alma nos muestre lo que ha sacado del cajón. Los salmos exponen la crudeza de las emociones al que los recita, pero también a Dios. No hay salmo que no se dirija, directa o indirectamente, a Dios mismo.

En este siglo de indiferencia e incredulidad, de rechazo a las religiones y a la espiritualidad, preferimos creer que el centro del universo somos nosotros mismos. Pero cuando se libera al Pájaro del Alma este vuela sin rumbo y corre el riesgo de perderse y golpearse, de morir atrapado por redes desconocidas que buscan destruirlo.

Sin embargo Dios ha creado el Pájaro del Alma. Conoce las emociones y sabe cuándo se han convertido en algo más que la válvula de escape que impide que la olla Express explote. Él no tiene miedo de llamar a algunas emociones pecado. No le inquieta. No le incomoda. Debe señalarlas como lo que son para después ofrecer el remedio: el perdón. Pero para que nosotros mismos las veamos en su realidad, deben salir.

“Cuando callé…” dice un salmista. ¿Qué sucedió cuando escondió al Pájaro del Alma? Envejeció, se enfermó, se debilitó. Quizá por eso hoy día los centros de salud están más que llenos. Por eso los psicólogos ganan millones atendiendo a personas que han acallado, que han escondido, que han aplastado al Pájaro del Alma. Pero ningún doctor puede devolverle su lugar. Ningún médico puede ubicarlo. Solo Dios puede transformar el llanto en alegría, y el lamento en danza. Solo Dios puede calmar la culpa y satisfacer el hambre. Solo Dios puede cubrir la soledad y sofocar la envidia. Solo Dios puede usar la tristeza como un sendero hacia el centro del corazón donde Él mismo habita.

Escuchemos al Pájaro del Alma, pero como dice el salmista, que se inicie una conversación placentera. “Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo».
Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».[v]

[i] Snunit, Mija. El Pájaro del Alma. Fondo de Cultura Económica: 1993.

[ii] Browne, Anthony. ¿Cómo te sientes? Fondo de Cultura Económica: 2012.

[iii] Yancey, Philip. La Biblia que leyó Jesús. Editorial Vida: 2003.

[iv] Salmo 42:11, Santa Biblia, Reina Valera 1960.

[v] Salmo 27:8, Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente.

Un pódcast sobre flores y el alma

¿Quien no ama las flores? ¿Podemos aprender de ellas? ¿Qué relación tienen con nuestra alma? No todos mis libros son escritos, sino por audio también. Descúbrelo a través de este pódcast.

En estos 10 episodios hablo de flores: las flores en la pintura, en la música, en la cocina, en los aromas, en la naturaleza, y lo relaciona con el alma y algunas historias de mujeres bíblicas que nos dejan grandes lecciones.

Puedes escuchar aquí: https://open.spotify.com/show/2MCF7KxHI3nZV3r1cNvwps

O aquí: https://podcastaddict.com/episode/https%3A%2F%2Fapi.spreaker.com%2Fdownload%2Fepisode%2F50148809%2F1_pintando_flores_solo_voz.mp3&podcastId=5094140

Espero que lo disfrutes.