Amor desinteresado

«La verdadera felicidad se encuentra en un amor desinteresado: un amor que aumenta entre más se comparte». Thomas Merton

No sabía cómo lucía un amor desinteresado hasta que tuve a mi primer bebé y aprendí a pensar en el otro más que en mí.

-Pasar noches en vela junto a la cuna del bebé enfermo.

-Llorar junto con el bebé cuando uno no sabe por qué llora o qué le aqueja.

-Mirar la carita sonriente de un bebé durmiendo y dejar que los minutos corran sin preocupación ni desgaste.

-Dar de mi propio cuerpo, durante el embarazo, después la lactancia, para nutrir al otro.

-Invertir tiempo, dinero, trabajo en el bienestar de ese ser indefenso.

-Cambiar mi manera de gastar el dinero, ahora poniendo a alguien primero.

-Abrazar, besar sin límite, solo por ese amor que brota de las entrañas y no puede contenerse.

-Pasar los momentos más felices del día meciendo a ese pequeñito o haciéndolo reír.

Amor desinteresado. Amor infinito. Privilegio que Dios nos da a los que tenemos hijos. Regalos inmerecidos. Obsequios abundantes. Y es que entre más amamos, más amor tenemos para dar.

Esto me hace pensar en Dios, cuyo amor nunca se agotará.

«Yo te amo con amor eterno. Por eso te he prolongado mi misericordia». Jeremías 31:3

Limitaciones

«No puedo descubrir a Dios en mí mismo ni a mí en Él hasta que tenga el valor de verme tal como soy, con todas mis limitaciones, y aceptar a los demás como son, con todas sus limitaciones». Thomas Merton

Limitaciones: «circunstancias o condiciones de algo o de alguien que impide o dificulta su desarrollo».

Tipos de limitaciones como mamá: no lo sé todo; no lo puedo todo; no lo veo todo. No soy Supermamá, y como una amiga dijo, aunque me sepa toda la teoría, no todo funciona bien.

Por ejemplo, cuando nació mi primer hijo me ilusionaba la lactancia materna, pero nada sucedió como lo había planeado. Me sentí limitada, frustrada, triste. Las voces exteriores me hacían sentir aún peor: «no lo estás haciendo bien, todas pueden, no seas cobarde».

Me sentí limitada cuando mi hija estudió en un colegio en una cultura distinta y percibí su frustración por el idioma, por la comida, por el trato. Cuánto hubiera querido entrar con ella a clases y protegerla.

Soy humana. Soy pecadora. Tengo limitaciones, y mi esposo las tiene también; mis hijos no se quedan atrás.

Podemos enumerar las limitaciones, pues pudieran ser espirituales, emocionales, físicas, económicas, sociales, relacionales, etc. Sin embargo, como escribió Michael Card en su canción En el desierto (In the wilderness), cuando cruzamos los páramos de nuestras limitaciones aprendemos que su «gracia es suficiente».

«Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad». 2 Corintios 12:9

Por Keila Ochoa Harris

Regalos

«Si mi regalo tiene la intención de atar al otro a mí, ponerlo bajo obligación, o ejercer cualquier tipo de tiranía moral sobre su alma, entonces no lo estoy amando; en realidad, me estoy amando a mí mismo». Thomas Merton

Regalos. Los regalos cuestan. ¿Soy egoísta cuando elijo algo para los demás?

A veces doy para que me den.

A veces doy para quedar bien.

A veces doy para que me deban.

A veces doy para recibir el doble.

A veces doy por obligación.

¿Cómo se debe dar? ¿Cómo elegir un regalo de una manera desinteresada? ¿Cómo elegir el mejor regalo?

Supongo que debo dar como Dios.

Gratuitamente. Sin esperar recibir de regreso.

Abundantemente. Sin esperar recibir a la par.

Genuinamente. Con un corazón sincero y sin doble intención.

No, no es fácil. Ni siquiera cuando uno es mamá.

«Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento». Santiago 1:17

Amarme a mí misma

«Si nos amamos a nosotros mismos de la manera incorrecta, somos incapaces de amar a los demás». Thomas Merton

¿Cómo amarnos a nosotros mismos de la manera correcta? ¿Será que, en realidad, nos amamos demasiado, pero de una manera egoísta? Thomas Merton propone que la única manera de amarnos a nosotros mismos es amando a los demás.

Como mamá, podría pensar que es algo que hago de manera natural. ¿Pero en realidad amo a mis hijos?

A veces los miro como un estorbo. Un estorbo para mis metas profesionales, para mis gustos y preferencias, para mis sueños e ilusiones.

A veces los considero un mal necesario. A final de cuentas, todos queremos hijos. Forman parte de la vida, ¿cierto?

A veces quisiera pasar un día sin ellos. Para descansar, me digo. Pero ¿es en realidad este el amor sacrificial que Dios espera de mí?

Solo un amor sobrenatural puede lograr que yo ame a los demás con la calidad divina. Solo Dios puede poner en mí ese amor sincero que se da y se entrega, y que no busca lo suyo propio.

Puedo pretender que, simplemente por ser mamá, conozco el amor incondicional y lo practico. Pero, si no conozco y practico el amor del Calvario, me engaño a mí misma.

«¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!» (Isaías 49:15)

Ansiedad

«La ansiedad es la marca de la inseguridad espiritual». Thomas Merton

¿Lo estoy haciendo bien? ¿Soy buena mamá? ¿Mis hijos crecerán sanos y con sueños e ilusiones?

Ansiedad: preocupación constante; según Merton, inseguridad espiritual. Supongo que tiene razón. Leo las promesas de Dios, pero ¿las creo? Él está conmigo en este quehacer llamado maternidad. Él cuida de mis hijos, incluso cuando yo no puedo estar con ellos todo el tiempo o cada segundo. A Él le interesa más que mis hijos tengan éxito porque ¡Él los hizo!

Entonces, ¿por qué tantas preguntas sin respuesta? Quizá porque, en primer lugar, no las formulo. Tal vez ni siquiera son las preguntas correctas, pues no son sinceras. ¿O tengo miedo de que no tengan respuesta? ¿O quizá temo que no me gustarán las repuestas?

Ansiedad: preocupación constante. ¿Lo contrario?

«No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo». Filipenses 4:6