La noche oscura del alma

¿Has experimentado la noche oscura del alma de la que escribió San Juan de la Cruz?

Por lo general comienza con un despertar a la necesidad que nos embarga; nos recuerda que estamos vacíos y lo que consumimos no nos está llenando. 

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

Le sigue la agonía, real y contundente. Nos embarga el hambre y la sed por algo que no sabemos describir con palabras, pero que buscamos a tientas hasta encontrar.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

Y cuando lo encontramos a Él surge el abandono. Nos rendimos a sus pies y comprendemos que somos suyos y nada más importa. 

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!

Entonces Él, con dulces abrazos, nos recuerda que debemos apropiarnos de su amor por medio de la fe. Nos susurra que no se trata de hacer, sino de permanecer; Él no nos invitó a la ansiedad, sino al descanso. 

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Y así llegamos a la permanencia, a la realidad de que mientras seamos parte de la vid, daremos fruto.

Quedé y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Y entonces recibimos la vida que nos ha prometido, una abundante, la que siempre hemos soñado. 

Tu historia cuenta

«La eternidad lleva las marcas de nuestro presente», escribió James K. A. Smith. Imagina el tapiz de historias en el cielo, como un piso de mosaicos interminables, o una colcha tapizada de pequeños cuadros que cubre toda la tierra, o como las estrellas del cielo (imagen totalmente bíblica). 

Tu historia allá seguirá contándose. Quizá tú la compartas en cada banquete o mientras atiendes a los asuntos del Rey en los cielos nuevos y tierra nueva. Tal vez nos sentaremos a tomar el café, el té o una nueva bebida para intercambiar anécdotas. 

¿Será que las cicatrices aún las llevaremos presentes y serán la introducción a historias redimidas, sanadas y convertidas en un bien para bendecir a los demás? 

¿Qué más nos podemos llevar al más allá sino nuestras vivencias? Copio aquí una oración litúrgica y anglicana de la provincia de Kenia. 

«Oh, Dios de nuestros ancestros, Dios de nuestro pueblo, delante de cuyo rostro las generaciones humanas desaparecen: Te agradecemos pues en Ti estamos seguros para siempre, y porque los fragmentos rotos de nuestra historia se reúnen en el acto redentor de tu querido Hijo, a quien recordamos en el sagrado sacramento del pan y el vino. Ayúdanos a andar diariamente en la comunión de los santos, declarando nuestra fe en el perdón de pecados y la resurrección de nuestros cuerpos. Ahora envíanos en el poder tu Santo Espíritu para vivir y trabajar para tu alabanza y gloria. Amén». 

Qué hermoso pensar en que los fragmentos rotos de nuestras historias se han reunido en el acto redentor de Jesús. En palabras de William Blake: «La eternidad está enamorada de las producciones del tiempo». 

Tu historia cuenta, pues se seguirá contando en el más allá. Solo acuérdate de entregarla en las manos del Redentor para que sea restaurada.

El sonido de la música

Ignoro la cantidad de veces que vi la película The Sound of Music (La novicia rebelde) durante mi infancia y adolescencia. No puedo negar que me enamoré de la música, y después de la historia. Me tomó unos años captar las pequeñas lecciones en cada canción, como el atesorar nuestras cosas favoritas que son más recuerdos que objetos, el amor por la patria traducido en una pequeña flor y la posibilidad de escalar cada montaña hasta alcanzar tu sueño. 

Entonces leí la verdadero historia de la familia Von Trapp y, como suele suceder, mis ojos se abrieron a los altos y bajos de la vida real. Conocí a la verdadera María y su historia me conmovió. Si bien algunas cosas son como en la película como sus travesuras en el convento, las cortinas convertidas en ropa de juego, su talento musical, algunas diferencias me parecen importantes. 

  1. María creció huérfana y sufrió de maltrato por el tío que la cuidaba. Su padre fue una figura itinerante en su vida, pero él le enseñó a tocar la guitarra y se dio cuenta del talento musical de su hija antes de morir. 
  2. María, en el convento, daba clases a niños a quienes les componía canciones para enseñarles, y de ahí la contrataron para ir a ser la maestra de Mitzi, una hija del Capitán Von Trapp que se recuperaba de la fiebre escarlatina, la que cobró la vida de su madre. 
  3. La baronesa era una mujer que el Capitán contrató para mantener en orden su casa. Ella fue la que propició la mayoría de las reglas que se adjudican al Capitán. El Capitán sí pensaba casarse, pero con una princesa. No se comprometió con ella pues se enamoró de María. 
  4. María no amaba al Capitán cuando se casó con él. Amaba a sus hijos, pero aprendió a amar a ese hombre bueno y cariñoso. 
  5. De hecho, los hijos Von Trapp se enfadaron cuando vieron la primera película alemana que se produjo sobre su historia y luego lamentaron la obra musical pues retrataba a su padre como un hombre frío y a María como la amable y cariñosa tutora, cuando en realidad fue al revés. El padre era consentidor y amoroso, y María la que disciplinaba en casa. 
  6. Su primer «productor» fue un sacerdote que les enseñó cantos gregorianos que habían quedado en el olvido muchos años, y él, en cierto modo, los llevó a la fama.
  7. Su talento musical los llevó a presentarse frente al canciller austríaco y a viajar por Europa. Ese talento también los pondría en un aprieto. No huyeron después del festival de música, como sugiere la película, sino cuando, después de perder todo su dinero, trabajar en su villa que convirtieron en una casa de huéspedes y oponerse al régimen nazi, Hitler los invitó a cantar a su cumpleaños y el Capitán recibió órdenes de trabajar en un submarino. Entonces huyeron a Italia en tren, luego llegaron a Estados Unidos hasta que se venció su visa. Con ayuda de otros, lograron ingresar finalmente a Estados Unidos. 
  8. María, probablemente después de su huida, se convirtió en la «tirana» que sus hijos describieron después, obligándolos a ir de tour y cantar todo el tiempo, y hacer que trabajaran todavía a marchas más forzadas. Pero ella lo había perdido todo: su casa, su país, su identidad. Necesitaba sobrevivir. 
  9. Cuando el Capitán murió, el grupo se desbandó y tomó mucho tiempo para que se volvieran a reunir y reconciliarse. Curiosamente, la mayoría de las hijas mayores no se casaron, y trabajaron como maestras en misiones católicas en Nueva Guinea. Los hijos sí se casaron y algunos tuvieron hasta seis hijos. 
  10. Con la hija que María fue más estricta fue, precisamente, su primera hija con el Capitán: Rosemarie. Ella se negaba a cantar; le provocaba mucha ansiedad estar frente a la gente, pero María la obligó a cantar hasta que dos veces Rosemarie colapsó. En una ocasión, entró a un instituto para recibir ayuda. María nunca se perdonó haber metido a sus dos hijas más pequeñas a un internado cuando llegaron a Estados Unidos, para así poder salir de tour y ganar dinero.

María tenía solo 22 años cuando se casó. Su niñez, su abandono, su juventud, su inexperiencia hacen a María una persona más real con la que podemos empatizar, o incluso sentir enojo ante sus errores. De hecho, el musical que tanto amamos fue el último que compuso Hammerstein quien murió de cáncer de estómago nueve meses después de su estreno. 

Aquí puedes escuchar el tipo de cantos que entonaban los Von Trapp y algunas fotos de la verdadera familia: https://www.youtube.com/watch?v=sWbbwShq3SI

Sea lo que sea, María nos enseña que podemos ir a la naturaleza cuando nuestro corazón esté triste y encontrar ahí el sonido de la música. Y ante el dolor y la pérdida, siempre podemos volver a cantar. 

La lectura como disciplina espiritual

El libro Alabanza a la disciplina o Celebremos la disciplina de Richard Foster llegó a mis manos en el momento justo. Atravesaba una serie de altibajos emocionales, combinados con dudas sobre mi fe y mi cosmovisión cuando entendí que las disciplinas espirituales no eran condicionantes de mi salvación ni un requerimiento para que Dios aprobará más de mí. 

Recuerdo la libertad que sentí cuando Foster describió a las disciplinas espirituales como las actividades o posturas del alma que nos ponen en el lugar exacto para interactuar con Dios y recibir la transformación. No hacen nada por ellas mismas, salvo ubicarnos en el lugar donde Dios hace todo. 

Mediante esa definición comprendí la importancia de la meditación y el estudio bíblico, la oración y la confesión, la adoración y la celebración, el silencio y la soledad, la sencillez y la humildad. Pero, algo en mí percibía que faltaba la lectura, no de la Biblia, sino de los libros antiguos y modernos, clásicos y nuevos, porque en más de una ocasión, durante una mañana o tarde de beber un libro fui transformada y Dios habló a mi corazón. 

Por esa razón, me emocionó leer World of Wonders: a Spirituality of Reading de Jeff Crosby, quien, entre otras cosas, menciona la lectura como una disciplina espiritual. Donald S. Whitney, otro autor que ha hablado mucho de las disciplinas espirituales, incluyó en uno de sus libros el leer libros, incluso si es solo una página al día, como una disciplina necesaria en el camino de fe. 

Y el pastor J. K. Jones dijo que «culaquier práctica que me lleva a amar a Dios más y a mi prójimo, mientras me lleva a la presencia de Dios donde Dios hace su obra transformadora, es una disciplina espiritual». Y estoy totalmente de acuerdo. 


Al empezar un nuevo año y crear la lista de buenos propósitos, incluyamos leer un poco más. Una página al día, como sugiere Whitney, es más que suficiente. Comienza con eso y en seis meses terminarás un libro. Pero, dudo que cuando adquieras el hábito puedas detenerte en una página. ¿Lo importante? Trata de hacerlo diario, y verás sus inmensos beneficios. 

Un año de liturgia

Celebra todo el año

¿Te imaginas un año sin Navidad? ¿O una primavera sin Semana Santa? A final de cuentas, incluso las personas no religiosas organizan sus años alrededor de muchas fechas establecidas por la tradición cristiana o el año litúrgico. 

Antes de que te pongas nerviosa, la palabra «liturgia», que es bastante elegante, se utiliza para describir el orden en un servicio eclesiástico, pero también podríamos decir que encierra la idea del «drama de adoración». 

Dios estableció siete festivales para el pueblo de Israel que celebraban su salida de Egipto, la cosecha y el nuevo año, entre otras cosas. Cuando surgió la iglesia, comenzaron a usar algunos días para recordar la vida de Jesús, desde su nacimiento, hasta su muerte y resurrección. 

Así se creó el calendario litúrgico que, podríamos decir, es como un guion general de las fechas establecidas. Sin embargo, si le das el mismo guion a dos directores obtendrás dos películas diferentes. ¿Por qué? Porque existe un margen para la creatividad y la personalización. 

Lamentablemente, así como sucedió en el pueblo de Israel, corremos del riesgo de alterar tanto el guion que dejamos de usar las fechas correctamente y se vuelven tan solo una excusa para estar de vacaciones, comer de más y salir de la rutina. Por ejemplo, el guion se ha alejado tanto de su origen que Papá Noel eclipsa al Niño de Belén.

Sin embargo, los seres humanos necesitamos ciclos, repeticiones y recordatorios para no olvidar. ¿Y cómo lo hacemos? Rescatando el guion. Pensemos en algunas de las fechas que en un año podemos disfrutar. Empecemos en diciembre.

El Adviento nos recuerda la venida de Cristo y se celebra los cuatro domingos antes de Navidad. Puedes encender una vela cada domingo e ir preparando tu corazón al meditar en lo que Jesús nos vino a dar: esperanza, paz, gozo y amor. Añade al guion decoraciones navideñas, música navideña o comida típica de la temporada, pero no olvides leer las profecías bíblicas que se hicieron sobre el Mesías. 

La Navidad, como todos sabemos, celebra el nacimiento de Cristo. Seguramente has participado de programas navideños o has asistido a reuniones especiales en torno al evento. No olvides personalizar tu guion y buscar maneras de profundizar en este día. Recuerda la importancia de que Dios nos dio a su Hijo, y busca maneras de dar y darte a otros. 

En la iglesia ortodoxa se celebra la Epifanía, que en nuestros países se conoce como los Reyes Magos. Sin embargo, más allá de los regalos, no olvidemos que los enemigos de Dios trataron de asesinar al niño Jesús. Del mismo modo, ¿cuántos niños no están hoy en peligro debido a la pobreza o la criminalidad? ¿Qué te parece usar esta fecha para hacer algo a favor de la niñez?

Muchos nos hemos apartado de la práctica de la Cuaresma. Sin embargo, nuevamente, este es un tiempo de preparación antes de una de las fechas más importantes de nuestro calendario: la Semana Santa. Una forma en la que podemos alistarnos es leyendo los Evangelios para no olvidar quién es Jesús y por qué murió por nosotros. El ayuno también nos puede beneficiar, pues nos ayuda a enfocarnos. No tienes necesariamente que dejar de comer, sino quizá dejar las redes sociales por unos días; en otras palabras, abandonar algo que te estorba para poder centrarte en Jesús. 

Por cierto, ninguna de estas actividades o festivales se deben usar para señalar a los que no las practican y alzarnos el cuello. Todas deben surgir de la motivación correcta: recordar lo que Jesús hizo por nosotros. 

Semana Santa. Tristemente, para muchos de nosotros suena a playa. De todas las fechas, esta es probablemente la única que cae en las fechas más acertadas pues sigue el calendario judío. Culmina con el domingo de Pascua o resurrección. ¿Qué haces cada año? Ciertamente, muchos recordamos cada mes, cada semana, cada día la cruz de Jesús, pero no está de más tener pequeñas tradiciones personales que nos aproximen al guion original. Busquemos lecturas, música y espacios de silencio para dar gracias a Dios por un amor tan grande. 

La iglesia ortodoxa, en particular, se acuerda del Día de la Ascensión, cuarenta días después de la muerte de Jesús. ¿Qué te parece ese día subir una colina, un monte o una montaña para meditar en la divinidad de Cristo? Se suele también comer algún tipo de ave. O simplemente, ese día toma un tiempo para contemplar las nubes y lee de nuevo la historia de la ascensión y la promesa de que Jesús vendrá otra vez. 

¿Has celebrado el Pentecostés? Cincuenta días después del viernes santo festejemos la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la iglesia universal. Puede ser una buena oportunidad para apoyar la traducción de la Biblia a otras lenguas o para visitar otras congregaciones y gozarte con hermanos de diferentes denominaciones. El Pentecostés vino a revertir lo que perdimos en la Torre de Babel, así que es una buena oportunidad de agradecer a Dios por el regalo del lenguaje. 

Finalmente, entre Pentecostés y Adviento parece que no hay muchas festividades, pero en septiembre se festeja el mes de la Biblia, ya que el 26 de septiembre de 1569 se concluyó la impresión de la primera Biblia en castellano. Podría ser una buena ocasión para regalar las Escrituras a algún amigo, vecino o familiar. 

Con tu familia o amigos, encuentren fechas qué celebrar. Lo importante es siempre regresar al guion original: la vida de Jesús, y utilizar estas oportunidades para hablar de Él a otros y, sobre todo, para hablar con Él sobre lo que festejamos.