Cuando la disciplina no cuaja

¿Alguna vez has hecho una gelatina que no cuaja? ¡Es frustrante! Cuando la consistencia es viscosa y líquida no parece gelatina. Es obvio que algo salió mal.  
Lo mismo me ha ocurrido en la disciplina con mis hijos. Estas semanas he tenido más derrotas que victorias. Siento que algo no está «cuajando». Así que me puse a analizar. Confesaré mis errores de estos días:
1. Muchas amenazas, pero poco cumplimiento.
2. Demasiadas reglas y consecuencias.
3. Mamá cansada, mamá que pasa por alto ciertos comportamientos.
En la disciplina, el ingrediente más importante es la consistencia. ¡Y ahí es donde he fallado más! Es claro por qué las cosas no están cuajando en casa.
Como no soy una experta, realicé una investigación sobre el tema. Encontré muchos consejos, que he resumido en cinco puntos principales:
1. Establecer reglas. 
Quizá en casa hay muchas reglas, pero como son demasiadas, es más difícil hacerlas cumplir. Para edad preescolar se recomienda de tres a cinco reglas esenciales, es decir, sobre las que no se admiten excepciones. 
Por ejemplo, no pegar, no hacer berrinches o no saltar en los sillones. Se pueden añadir reglas de tipo rutinario: hacer la tarea o tender la cama. Debemos elegir con cuidado qué reglas urgen más en casa y trabajar solo en ellas hasta que se dominen.
2. Tener un plan. 
¿Cuáles son las consecuencias si los niños fallan en alguna de las reglas? Existen varias posibilidades como el  tiempo fuera, la pérdida de privilegios o el castigo corporal. 
Cada regla debe tener su consecuencia específica, real y aplicable, no cosas imposibles de cumplir. Un plan nos ayudará a ser consistentes.
3. Llevar a cabo el programa. 
Si no le hacemos ver a nuestros hijos que las reglas están allí para cumplirse, harán lo que muchos en nuestra sociedad: romperlas y salirse con la suya. Aun cuando nos cueste trabajo, si el niño desobedeció una de las reglas, debemos aplicar las consecuencias advertidas.
4. Cuidado con los cambios de ánimo. 
Cuando estamos cansadas, es más fácil ser violentas o ignorar la conducta negativa. En medio del cansancio o del mal humor, debemos esforzarnos en controlarnos y llevar a cabo la sanción pertinente, con la actitud calmada y amorosa que nuestros hijos merecen.
5. Darle tiempo al tiempo. 
La disciplina en casa es un maratón, no una carrera de cien metros. Lleva tiempo. Cabe resaltar que cuando hablo de disciplina no solo me refiero a normas de conducta, sino a modelar un estilo de vida provechoso: disciplina para tocar un instrumento o practicar un deporte, hábitos de estudio y espirituales.
Necesito que las cosas vuelvan a cuajar en casa. Me siento esperanzada. Poco a poco son más los éxitos que los fracasos. Con consistencia y la ayuda de Dios, sé que la disciplina dará fruto a su tiempo.

Gentil domador

Dice Luis D. Salem que los burros, hace mucho tiempo, eran bravos y aguerridos, no como los conocemos hoy. Por eso, Cristo fue domador de burros, como del intrépido Saulo o el voluble Pedro. 

Un amigo de don Luis, don Modesto Montañés, llegó a decir: «Yo no soy más que un asno feliz en el cual cabalga Jesús». 

Supongo que todos tenemos una historia de cuando andábamos rebeldes y reacios a ser montados, y como asnos salvajes dábamos de patadas y mordidas al que se acercaba. O quizá caímos en las crueles manos de un ser violento que usó la vara golpeadora para obligarnos a hacer lo que no queríamos, no debíamos, no entendíamos. 

Pero un día llegó el Gentil domador, que no venía a domesticarnos, sino a darnos libertad para ser aquello para lo que fuimos creados. Nos abrió las puertas a la creatividad, al servicio y a la belleza. Nos ayudó a escalar montes y cruzar valles, y a entender que podíamos llevar sobre nosotros a los demás en amor y compañerismo. 

Pero, para eso, Él debió cabalgar sobre nosotros primero, como aquel Día de Ramos, pero no olvidemos lo que el profeta Zacarías enseñó: «Nos cabalga un Rey». Y eso hace toda la diferencia.