Ensalada y Biblia

Ensalada

Rutina. Noche tras noche. Seis de la tarde. Se abre el refrigerador y se sacan los ingredientes. Lechuga de una bolsa re-sellable, pimientos, tomates, un aguacate, tres botellas de aderezo. La tabla de picar. Se reparte la lechuga en tres platos. Se baña del aderezo elegido: césar, ranchero, italiano. Se retoca con pimientos, aguacate, trozos de tocino o pollo.

Luego frente a la tele, una película o un programa policíaco grabado. Una rápida oración y el crujir de la ensalada entre los dientes. Un dejo de nostalgia por mi hogar, una paz contenida después de un día de trabajo, un descanso mental al hundirme en ficción detectivesca. Un ritual de ensaladas. Un recuerdo que me roba una sonrisa.

Por las mañanas, un desayuno ligero, mirando a las ardillas en el jardín; un día un ciervo. Conducir hasta la oficina. Llegar, desempacar y leer. Leer versículo por versículo la traducción de la Biblia. Revisar, cotejar, consultar el diccionario, los comentarios, los debates en torno al texto.

Ordenar el lonche y tener un breve receso, luego seguir la labor. A las 4 o 5, no recuerdo bien, finalizamos la jornada. Llegar al gimnasio a clase de pilates, unas vueltas en la piscina o sudar en la caminadora. Un baño fresco y, a las seis de la tarde, se abre el refrigerador.

Pero, sobre todo, en medio de esa rutina, durante varias semanas intercaladas, quizá meses, observé la vida de una pareja consagrada a Dios. Participé de sus conversaciones, me introduje en su mundo y aprendí lo que es amar a Dios y a su Palabra. Y por esa oportunidad de trabajar en la Nueva Traducción Vivienbe, bajo Jaime y Gail Mirón, siempre estaré agradecida.

Completas

Completas
Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Señor, es para siempre; no desampares la obra de tus manos. Salmos 138:8 (RVR60)
He comenzado muchas cosas que he dejado a la mitad: novelas y manuscritos, composiciones musicales, proyectos de bordado, rutinas de ejercicio. Sin embargo, ninguna de ellas ha surgido a la vida y gritado: «¡No me abandones!» Los únicos que me han dicho: «No me dejes», cuando es hora de abordar el avión para ir a un viaje de trabajo, son mis hijos y mi esposo.
Para Dios, por lo tanto, no somos planes aleatorios o buenos proyectos, ¡somos sus hijos! David nos dice en este salmo que Dios es misericordioso y fiel. Después nos cuenta que cuando clamó al Señor, Él le respondió y lo fortaleció. Luego nos recuerda que Dios es grande y excelso.
En los últimos dos versículos, David cierra con un broche de oro y hace eco a las palabras de Pablo: Dios nos salva y cumple los planes que tiene para nosotros. No nos deja a la mitad. No se cansa y nos bota. No retira de nosotros su compasión. Como explicó Pablo: «Estoy convencido de que Dios empezó una buena obra entre ustedes y la continuará hasta completarla el día en que Jesucristo regrese» (Filipenses 1:6, PDT).
Quizá hoy estás pasando momentos difíciles y te sientes como un cuadro a medio pintar, o un calcetín a medio zurcir, o una receta incompleta. No te desanimes. Para Dios eres su hija y no se dará por vencido hasta que estés completa, perfecta y preparada para la venida de su Hijo. Él cumplirá su propósito en ti.
Gracias, Señor, porque no te rindes y sigues moldeando mi vida.

Oración por quietud

Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. Salmos 37:7a (NTV)

Príncipe de paz, ¿cómo puedo estar quieta con niños pequeños? Desde que nacieron parece que no paro. ¡Si tan solo pudiera estar quieta! Añoro los días en que podía tomar una taza de café sin interrupciones. Cuando podía mirar por la ventana y soñar, o tomar una siesta. Pero necesito estar quieta para escucharte. Tranquilízame con tu amor. Líbrame de las distracciones. Ayúdame a encontrar un espacio, un lugar, unos segundos de silencio. Cultiva en mí la capacidad de apartarme en mi mente y en mi corazón, cuando espero en el médico o en la clase de dibujo, cuando estoy en el banco formada, para escuchar tu voz. Que mi vida sea una constante oración en tu presencia a pesar de la actividad y el bullicio a mi alrededor. Aquieta mi alma, Señor.

En el País de las Maravillas

¿Cómo imaginas el País de las Maravillas? Quizá en algún momento muchas de nosotras pensamos en los Estados Unidos como el país de las oportunidades, pero en realidad vamos a hablar del Conejo Blanco, el Sombrerero, el Gato Cheshire y la Reina de Corazones, unos cuantos de los personajes que encontramos en “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll. Algunos lo consideran una sátira, otros literatura “nonsense” o del absurdo, pero en este libro hallamos las preguntas trascendentales que todas deberíamos responder.

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En el camino

En el camino

Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Lucas 24:15 (RVR60)
El Camino de Santiago es una serie de rutas de peregrinación en el norte de España que ha inspirado y atraído a cientos y miles de cristianos desde el siglo IX. Hoy en día no solo se usa en el sentido religioso, sino espiritual. Sin importar la religión o profesión, cientos de peregrinos «caminan» solos o en grupo buscando respuestas.
Dos hombres anduvieron por lo que se ha vuelto otro camino muy importante, el de Emaús. Andaban cabizbajos, hablando entre sí de las terribles cosas que habían sucedido. El profeta que había hecho milagros poderosos y era un gran maestro había muerto en la cruz. Ellos, que habían creído que se trataba del Mesías, se preguntaban si se habían equivocado. Pero ¿qué de esas noticias que recién habían escuchado sobre la resurrección de Cristo?
Entonces Jesús se apareció y empezó a caminar con ellos. Escuchó lo que tenían para decir, luego los guio por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles que el Mesías tenía que padecer y que Jesús había cumplido todas las profecías. ¿Y dónde ocurrió esa importante lección teológica? ¡En el camino! No con pantallas ni libros, sino entre campos de trigo y cielos despejados.
No es necesario ir al Camino de Santiago para buscar respuestas a los vacíos del alma o a los dolores de la vida. Jesús todavía camina con nosotros. Él quiere acompañarnos en nuestro peregrinaje en esta tierra. ¿Cuándo fue la última vez que realizaste una caminata para orar y conversar con Dios? ¿Lo has hecho alguna vez? ¡No lo pospongas! Sal a la naturaleza y ejercita tus piernas, pero, sobre todo, encuentra a Jesús en el camino.
Señor, quiero caminar contigo.