Uno de mis himnos favoritos

compartirles en este post este clásico por Jean Sibelius en mis propias palabras y en prosa.
Canción al Alma
Alma mía, quieta, tranquila, el Señor está de tu lado. Soporta con paciencia los dolores, trajines y sinsabores de la vida. Deja que Dios sea quien ordene y provea, pues en cada cambio de tu vida, Él permanece fiel. Tranquila, mi alma, que tu amigo el mejor, a través de caminos de espinas te conduce a un final de gozo.
Tranquila, mi alma, porque Dios se ha comprometido a dirigir tu futuro así como lo ha hecho en el pasado. Que nada haga tambalear tu esperanza y tu confianza; al final todos los misterios se resolverán. Aquiétate, mi alma, pues las olas y los vientos aún reconocen esa Voz que los dominó cuando Él estuvo acá abajo.
Ánimo, mi alma, cuando amigos queridos se marchen y todo se oscurezca en este valle de lágrimas; es entonces cuando conocerás mejor Su corazón y Su amor, pues vendrá a consolar tus penas y tus miedos. Tranquila, mi alma, pues solo Jesús puede reembolsar, de su propia abundancia, todo lo que Él mismo a veces se lleva.

Me encantan las paradojas

Paradojas. Verdades en supuesta contradicción.

La más completa libertad y la más absoluta esclavitud.

Libertad de corazón. Libertad del pecado. Libertad del yo. Esclavitud a Cristo. Esclavitud voluntaria. Esclavitud por gratitud. Soy libre, pero esclava. Estoy en cadenas, pero puedo volar.

Gozo y sufrimiento.

Sufrimiento. Cadenas. Lágrimas. Enfermedad. El nacimiento de un niño. Un parto, repleto de sufrimiento y de gozo. No hay alegría si no se experimentó el quebranto o si no hubo sudor y trabajo.

Riqueza y pobreza.

Secretos

Escrito cuando mis hijos eran bebés.

No siempre puedo hablar de lo que siento. ¿No te sucede lo mismo? Tú lloras y yo hago lo posible por entender qué es lo que quieres. ¿Hambre? ¿Cansancio? ¿Calor? ¿Frío? ¿Incomodidad? ¿Enfermedad? Anhelo que llegue el día que hables para que me digas con palabras cuál es tu molestia.

Pero reconozco que aún cuando empieces a balbucear y a decir tus primeras palabras, yo no lo sabré todo, no me enteraré de todo, no conoceré todo lo que anida en tu corazón. Porque nadie puede saberlo, solo uno mismo. Y Dios.

El autor y el paisaje

Después de leer sobre las Brontë y pensar en ellas nuevamente, me viene a la mente una de mis novelas favoritas: “Cumbres Borrascosas”. Sobre todo, recuerdo la descripción de los paisajes. Esas casas frías y grandes, donde el viento se colaba por cada ventana. La vívida imagen de los páramos, áreas expuestas al clima de Yorkshire.

No cabe duda que el lugar donde crecemos o vivimos resulta una influencia innegable. Los colores vivos de Oaxaca, el clima cálido de Querétaro, la actividad del Distrito Federal, y ahora, la neblina, los cerros, el frío, el calor, el viento tempestuoso azotando los techos durante la noche. Un clima cambiante y caprichoso, como mi actual estado de humor.

Confiar en el otro

La confianza plena no es algo de este siglo. El oficio de detective e investigador privado pulula. Se firman acuerdos prenupciales para proteger los bienes materiales. Dr. House predica que: “Todos mentimos”.

Pero el esposo de la mujer que se describe en Proverbios 31 confiaba plenamente en ella. ¿Aún se podrá? Un texto curioso en Juan nos dice que ni siquiera Jesús mismo se fiaba de los hombres, pues los conocía. Por ahí también se menciona la realidad del corazón: engañoso y perverso. ¿Tenemos esperanza?