Me encantan las paradojas

Paradojas. Verdades en supuesta contradicción.

La más completa libertad y la más absoluta esclavitud.

Libertad de corazón. Libertad del pecado. Libertad del yo. Esclavitud a Cristo. Esclavitud voluntaria. Esclavitud por gratitud. Soy libre, pero esclava. Estoy en cadenas, pero puedo volar.

Gozo y sufrimiento.

Sufrimiento. Cadenas. Lágrimas. Enfermedad. El nacimiento de un niño. Un parto, repleto de sufrimiento y de gozo. No hay alegría si no se experimentó el quebranto o si no hubo sudor y trabajo.

Riqueza y pobreza.

Secretos

Escrito cuando mis hijos eran bebés.

No siempre puedo hablar de lo que siento. ¿No te sucede lo mismo? Tú lloras y yo hago lo posible por entender qué es lo que quieres. ¿Hambre? ¿Cansancio? ¿Calor? ¿Frío? ¿Incomodidad? ¿Enfermedad? Anhelo que llegue el día que hables para que me digas con palabras cuál es tu molestia.

Pero reconozco que aún cuando empieces a balbucear y a decir tus primeras palabras, yo no lo sabré todo, no me enteraré de todo, no conoceré todo lo que anida en tu corazón. Porque nadie puede saberlo, solo uno mismo. Y Dios.

El autor y el paisaje

Después de leer sobre las Brontë y pensar en ellas nuevamente, me viene a la mente una de mis novelas favoritas: “Cumbres Borrascosas”. Sobre todo, recuerdo la descripción de los paisajes. Esas casas frías y grandes, donde el viento se colaba por cada ventana. La vívida imagen de los páramos, áreas expuestas al clima de Yorkshire.

No cabe duda que el lugar donde crecemos o vivimos resulta una influencia innegable. Los colores vivos de Oaxaca, el clima cálido de Querétaro, la actividad del Distrito Federal, y ahora, la neblina, los cerros, el frío, el calor, el viento tempestuoso azotando los techos durante la noche. Un clima cambiante y caprichoso, como mi actual estado de humor.

Confiar en el otro

La confianza plena no es algo de este siglo. El oficio de detective e investigador privado pulula. Se firman acuerdos prenupciales para proteger los bienes materiales. Dr. House predica que: “Todos mentimos”.

Pero el esposo de la mujer que se describe en Proverbios 31 confiaba plenamente en ella. ¿Aún se podrá? Un texto curioso en Juan nos dice que ni siquiera Jesús mismo se fiaba de los hombres, pues los conocía. Por ahí también se menciona la realidad del corazón: engañoso y perverso. ¿Tenemos esperanza?

Ensalada y Biblia

Ensalada

Rutina. Noche tras noche. Seis de la tarde. Se abre el refrigerador y se sacan los ingredientes. Lechuga de una bolsa re-sellable, pimientos, tomates, un aguacate, tres botellas de aderezo. La tabla de picar. Se reparte la lechuga en tres platos. Se baña del aderezo elegido: césar, ranchero, italiano. Se retoca con pimientos, aguacate, trozos de tocino o pollo.

Luego frente a la tele, una película o un programa policíaco grabado. Una rápida oración y el crujir de la ensalada entre los dientes. Un dejo de nostalgia por mi hogar, una paz contenida después de un día de trabajo, un descanso mental al hundirme en ficción detectivesca. Un ritual de ensaladas. Un recuerdo que me roba una sonrisa.

Por las mañanas, un desayuno ligero, mirando a las ardillas en el jardín; un día un ciervo. Conducir hasta la oficina. Llegar, desempacar y leer. Leer versículo por versículo la traducción de la Biblia. Revisar, cotejar, consultar el diccionario, los comentarios, los debates en torno al texto.

Ordenar el lonche y tener un breve receso, luego seguir la labor. A las 4 o 5, no recuerdo bien, finalizamos la jornada. Llegar al gimnasio a clase de pilates, unas vueltas en la piscina o sudar en la caminadora. Un baño fresco y, a las seis de la tarde, se abre el refrigerador.

Pero, sobre todo, en medio de esa rutina, durante varias semanas intercaladas, quizá meses, observé la vida de una pareja consagrada a Dios. Participé de sus conversaciones, me introduje en su mundo y aprendí lo que es amar a Dios y a su Palabra. Y por esa oportunidad de trabajar en la Nueva Traducción Vivienbe, bajo Jaime y Gail Mirón, siempre estaré agradecida.