No estoy muy segura de cuándo me enamoré de Oaxaca, pero así fue. Recuerdo que la primera vez viajé con mi familia (todavía era soltera), durante el mes de diciembre. Me quedé fascinada con la Noche de Rábanos, toda una tradición. En la segunda ocasión quise experimentar la Guelaguetza, así que viajé con mi mamá en julio.
Monte Albán. Su gastronomía. El arte. Todo conspiraba una historia que surgió de un personaje que escribí para otra novela (una que nunca vio la luz y sigue en los archivos del pasado). En aquella “otra historia”, Leo era el primo de la protagonista y estaba enamorado de una mujer oaxaqueña. Y jamás olvidaré que una de mis mentoras me dijo: «Me gustó la historia de X (de la novela que no ha visto aún la luz), pero me fascinó Margarita. Quiero saber más de ella».
Entonces no tuve más remedio. Comencé a escribir de la primera visita de Leo y de ahí me encaminé a una de las ciudades mágicas de México. ¿Y por qué Donají? Siempre me han gustado las leyendas que marcan las distintas ciudades y esta era una de ellas.
Agradezco mucho que la historia hizo lo que yo deseaba: robar una sonrisa de los oaxaqueños.
Una linda amiga escribió: «Solo para decirte que Donají me encantó. Tardé un poco en empezar a leerlo y, en verdad, te digo que una vez que lo inicié no quería soltarlo. Es una historia muy bonita y el mensaje es hermosísimo. Ahora quiero volver a leerlo para saborearlo lentamente. También me gustaría compartirlo con un par de amigas».
De la pluma de una oaxaqueña: «He terminado de leer Donají. Me lo obsequiaron hace poco por mi cumpleaños y supongo que fue debido a mi eterno enamoramiento de mis raíces oaxaqueñas.
Simplemente me fascinó. Cada página me permitió contemplar nuevamente el impecable cielo de Oaxaca, la magia de Monte Albán y la riqueza de nuestras tradiciones. Desde las primeras líneas me transporté de inmediato a mi tierra.
A diferencia de la protagonista, soy una oaxaqueña de piel blanca a quien casi nadie cree originaria de allá, y que además lleva profundamente arraigado en el corazón el recuerdo y el cariño de un paisano suyo.
Agradezco sinceramente las reflexiones que tu escritura despertó en mí, especialmente en tiempos en los que la fe, a veces, parece desvanecerse. Considero que es una obra entrañable y valiosa, que recomendaré ampliamente dentro de la asociación de oaxaqueños.
Actualmente radico en la Ciudad de México, consecuencia de los sueños y el esfuerzo de un impecable oaxaqueño, mi padre, quien luchó por salir adelante y construir nuevas oportunidades para su familia.
Suelo escribir con frecuencia, aunque en este momento me encuentro absorbida por las exigencias del trabajo de oficina. Por eso, este libro llegó a mi vida en el momento justo y encontró un lugar permanente en mi corazón. Nuevamente, muchas gracias por compartir una historia tan hermosa y significativa».
Gracias, Oaxaca, por insipirarnos.
