Escribí en mi mente el capítulo 1 del libro Apreciadas, que originalmente fue un pequeño librito llamado “Ser amada y amar” en una noche. No me había pasado con anterioridad, pero esa noche sucedió.
Me vino una idea y le di vueltas toda la noche de modo que por la mañana tenía muy claro el bosquejo del capítulo e incluso los pasajes que mencionaría. ¿Lo más importante? Quería llegar y tocar el corazón de todas las mujeres, pero principalmente de aquellas que no se sentían dignas de recibir amor, ya que yo era una de ellas.
Me enfoqué en la historia de la mujer adúltera, inspirada por un libro de T.D. Jakes (Mujer, eres libre) y uno de Emerson Eggerichs (Amor y respeto). A este primer capítulo le siguieron otros tres, sobre otras tres mujeres que se encontraron con Jesús y recibieron el amor, la sanidad y la ayuda que no esperaban recibir.
Y de ese modo, publiqué mi primer libro para la serie de Ediciones Verbo Vivo llamada “Mujeres valiosas.”
Pero ese primer capítulo, siempre será un recuerdo inolvidable de una noche en vela, pero no por la ansiedad y el insomnio, sino por un momento de soledad, de sanidad y de creatividad en el que escribí, en mi mente, un mensaje de esperanza para todas aquellas que pensamos que no merecemos el perdón o una segunda oportunidad.
Y ese capítulo concluye así:
«Me emociona esta historia. Anhelo conocer a esta mujer adúltera para darle un abrazo y decirle gracias. Porque en su dolor, vi reflejado mi propio dolor. En su vergüenza, comprendí mi propia vergüenza. En su fe, anhelé la misma fe. En su encuentro con Jesús, he encontrado también a Jesús.
Y las buenas noticias siguen. Cuando aceptamos el amor de Dios y amamos, cosechamos con mayor abundancia. Nos deshacemos de las máscaras y nos topamos con la sorpresa de que los demás nos aceptan tal como somos. Dejamos a un lado los vicios que parchan nuestra soledad y descubrimos que no estamos solas pues Jesús siempre está allí. Evitamos la actividad frenética y encontramos en nuestros tiempos de sosiego la dicha de relaciones personales profundas y los momentos a solas con Dios.
La vida no es perfecta. En la vida hay sufrimiento. Somos producto de nuestras propias malas decisiones. Pero hay esperanza, pues existe una palabra llamada gracia. ¿Qué es lo que las mujeres deseamos? ¿Qué es lo que necesitamos? A Jesús».
