Los miedos de Lutero

Las personas más valientes no son las que no sienten miedo, sino las que lo enfrentan. Todos sentimos miedo pues es el mecanismo de defensa que Dios nos ha dado para huir de los peligros. ¡Y hay tantos peligros alrededor! Así lo comprueba la vida del hombre que escribió un himno de batalla. Martín Lutero experimentó muchos tipos de temores, pero de algún modo, todos lo empujaron a acercarse a Dios. 

Casitas para ratones

Desde el 2016, un grupo colectivo de artistas suecos llamados Anonymouse, ha estado creando casas miniaturas para ratones en Suecia, Francia y otros lugares. Aparecen de manera repentina en diferentes ubicaciones, en calles de ciudades importantes, y despiertan la imaginación de niños y adultos. Búscalos en Instagram y disfruta su creatividad.

Mi hija quedó fascinada con una de las fachadas de un pequeño restaurante italiano. Bien podía imaginar a un ratón llegando para cenar. Pero eso nos hizo pensar en que Jesús también habita nuestros corazones, algo que hizo que ella se rascara la cabeza. ¿Cómo puede Jesús caber en nuestra caja torácica? Ciertamente es un misterio. Y a Pablo le gustaban los misterios.

El destructor de imágenes

Una imagen, nos dice el diccionario, describe una figura, representación, semejanza, aspecto o apariencia de una determinada cosa, pero no es la cosa en sí. Por ejemplo, cuando decimos: “Eres la viva imagen de tu padre”, nos referimos a que la persona en cuestión tiene un parecido intenso con su progenitor, pero no es él.

C. S. Lewis escribió una poderosa declaración a su futura esposa, Joy Gresham, cuando aún no nacía entre ellos un romance que les regaló tres años de dicha. En una de sus cartas le dijo: “Hay tres imágenes en mi mente que debo continuamente olvidar y remplazar por otras mejores: la falsa imagen de Dios, la falsa imagen de mi prójimo, y la falsa imagen de mí mismo”.

La Gran Historia

Sobre la Gran Historia.

Historia, con mayúscula. Uno de mis momentos magisteriales más motivantes se ha dado cuando he podido enseñar historia. En primaria pude recorrer la historia de México con mis alumnos de tercero y cuarto grado. Cuando enseñé una segunda lengua, traté de introducir pequeñas viñetas históricas de la cultura para que mis alumnos comprendieran más el contexto de muchas palabras y frases. Después, cuando enseñé preparatoria y fui maestra de la materia: Historia de la Iglesia, mis sueños se cristalizaron. 

Hoy extraño enseñar historia, pero sobre todo la que lleva letra mayúscula, es decir, la gran Historia. ¿Por qué? Porque la historia importa. Lo que sucedió antes ha marcado una diferencia. De hecho, el cristianismo no es tanto una serie de doctrinas o una teoría, sino algo que pasó, que pasa y que pasará.