Gentil domador

Dice Luis D. Salem que los burros, hace mucho tiempo, eran bravos y aguerridos, no como los conocemos hoy. Por eso, Cristo fue domador de burros, como del intrépido Saulo o el voluble Pedro. 

Un amigo de don Luis, don Modesto Montañés, llegó a decir: «Yo no soy más que un asno feliz en el cual cabalga Jesús». 

Supongo que todos tenemos una historia de cuando andábamos rebeldes y reacios a ser montados, y como asnos salvajes dábamos de patadas y mordidas al que se acercaba. O quizá caímos en las crueles manos de un ser violento que usó la vara golpeadora para obligarnos a hacer lo que no queríamos, no debíamos, no entendíamos. 

Pero un día llegó el Gentil domador, que no venía a domesticarnos, sino a darnos libertad para ser aquello para lo que fuimos creados. Nos abrió las puertas a la creatividad, al servicio y a la belleza. Nos ayudó a escalar montes y cruzar valles, y a entender que podíamos llevar sobre nosotros a los demás en amor y compañerismo. 

Pero, para eso, Él debió cabalgar sobre nosotros primero, como aquel Día de Ramos, pero no olvidemos lo que el profeta Zacarías enseñó: «Nos cabalga un Rey». Y eso hace toda la diferencia.

El siguiente paso

Por Keila Ochoa Harris ¿Y ahora qué sigue? Me he preguntado esto en diversas ocasiones, cuando termino de llenar un formulario con mis datos para algún trámite oficial y miro alrededor. ¿Ahora qué? ¿Dónde lo llevo? ¿Qué hago? Sucede lo mismo con el camino de la vida. He elegido a Jesús. ¿Ahora qué?  El momentoContinue reading “El siguiente paso”