Ensalada y Biblia

Ensalada

Rutina. Noche tras noche. Seis de la tarde. Se abre el refrigerador y se sacan los ingredientes. Lechuga de una bolsa re-sellable, pimientos, tomates, un aguacate, tres botellas de aderezo. La tabla de picar. Se reparte la lechuga en tres platos. Se baña del aderezo elegido: césar, ranchero, italiano. Se retoca con pimientos, aguacate, trozos de tocino o pollo.

Luego frente a la tele, una película o un programa policíaco grabado. Una rápida oración y el crujir de la ensalada entre los dientes. Un dejo de nostalgia por mi hogar, una paz contenida después de un día de trabajo, un descanso mental al hundirme en ficción detectivesca. Un ritual de ensaladas. Un recuerdo que me roba una sonrisa.

Por las mañanas, un desayuno ligero, mirando a las ardillas en el jardín; un día un ciervo. Conducir hasta la oficina. Llegar, desempacar y leer. Leer versículo por versículo la traducción de la Biblia. Revisar, cotejar, consultar el diccionario, los comentarios, los debates en torno al texto.

Ordenar el lonche y tener un breve receso, luego seguir la labor. A las 4 o 5, no recuerdo bien, finalizamos la jornada. Llegar al gimnasio a clase de pilates, unas vueltas en la piscina o sudar en la caminadora. Un baño fresco y, a las seis de la tarde, se abre el refrigerador.

Pero, sobre todo, en medio de esa rutina, durante varias semanas intercaladas, quizá meses, observé la vida de una pareja consagrada a Dios. Participé de sus conversaciones, me introduje en su mundo y aprendí lo que es amar a Dios y a su Palabra. Y por esa oportunidad de trabajar en la Nueva Traducción Vivienbe, bajo Jaime y Gail Mirón, siempre estaré agradecida.

El álbum familiar

Encontramos un viejo álbum de fotografías, y como de costumbre, nos sentamos alrededor de él con un sin fin de preguntas para la abuelita. 

—¿Y éste quién es? ¿El abuelo? ¿El bisabuelo? 

—¿Cómo era este tío?

—¿Dónde vivían en ese entonces?

Mi hijo comienza a darse cuenta de que tiene una familia, y en ocasiones se asoma a los álbumes de fotografías y apunta a diversos miembros. Mi deseo es irle contando poco a poco las historias de sus ancestros, aquellos que le heredaron sus apellidos y algunos atributos. 

Leí un libro para padres donde el autor reflexiona sobre el «álbum familiar» que tenemos en la Biblia. ¿Cómo le narramos a nuestros hijos o nietos la historia de David? Quizá lo hacemos como si se tratara de un cuento, las aventuras de Caperucita Roja o Aladino. Pero tal como el autor de este libro atinó en concluir, la Biblia es mucho más que una colección de historias.

Los nuevos héroes de la traducción bíblica

Mi abuelo solía predicar que solo dos cosas son eternas: la Palabra de Dios y las almas de los hombres. Por esa razón, hace unos veranos nuestra familia visitó San Juan Atzingo, en el estado de Puebla, México, pues queríamos que nuestros hijos vieran que no todos los traductores bíblicos son rubios y altos, sino que hay una nueva generación de héroes: los traductores indígenas.