Como un girasol

Así es, de la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones. Mateo 7:20 (NTV)
A mi hija le encantan los girasoles, la alegría del verano. No solo le gusta cómo rotan mirando al sol, sino que admira su tamaño, que va de entre dos y tres metros, y sus pétalos de color amarillo. Pero ¿sabías que no solo sirven como adorno? Son más que flores bonitas. Cuando se secan y parecen morir, nos regalan sus semillas como alimento, su aceite como combustible y sus raíces para limpiar la tierra de metales.
Quizá por eso Jesús terminó su sermón en el monte recordándonos que no es bueno juzgar a los demás. Las apariencias engañan fácilmente pues, aunque muchos lucen los pétalos del supuesto éxito, no producen frutos, es decir, no benefician a los demás. ¿Cómo entonces saber quién es quién?
Así como identificas un manzano por sus manzanas y una higuera por sus higos, identificamos a la gente por sus acciones. Y hay básicamente dos acciones que importan, y que Jesús explica en la última parte de su discurso. Están los que escuchan su enseñanza y la siguen, y los que oyen sus instrucciones, pero no obedecen.
Cuando escuchamos y no obedecemos, somos como árboles malos, sin fruto y utilidad. En otras palabras, somos espinas que jamás producirán uvas. Sin embargo, la obediencia producirá la evidencia de que seguimos a Dios y bendecirá a otros. Cuando la gente nos «pruebe» verá en nosotras el resultado del amor, la paciencia, la bondad y mucho más. Por lo tanto, el día de hoy, seamos girasoles que sigamos a nuestro Sol de justicia en obediencia.
Señor, quiero obedecer tus mandatos y dar así fruto.

Perlas

Cuando me invitó al salón del tesoro no lo podía creer. ¿Qué hacía yo entre las joyas del Rey? Aun así, acepté y crucé la puerta con expectación. No me decepcioné. ¡El lugar brillaba!  Oro, plata, bronce, diamantes, esmeraldas, y perlas, muchas perlas.

En primer lugar, me llamó la atención una fuente de perlas. Las delicadas esferas, más pequeñas que una gota, brotaban con armonía. El Rey se acercó y tomó unas cuantas en su mano.  “Son lágrimas de mis hijos”, me explicó.  “En esta fuente guardo todas aquellas lágrimas que he enjugado; perlas de dolor por la muerte de un ser querido, enfermedad o decepción”.

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¿Qué es un maestro?

Hemos dicho que un maestro es un arquero, pero es algo más. La palabra hebrea moreh , que también se traduce como maestro, abarca dos imágenes mentales. La primera proviene de la descomposición de sus letras. La primera letra de esta palabra y la última forman el concepto de un vientre.

Podemos pensar que el proceso de enseñanza hace que la mente del alumno se impregne de la verdad, conceptos e ideas con la expectativa de que incubarán y se desarrollarán hasta producir un «bebé», algo útil, significativo y productivo.

¿Qué es un maestro?

Según el diccionario, un profesor enseña una ciencia o un arte, y tiene un título universitario. Los padres, los directivos y los alumnos tienen expectativas de nuestro rol: ayudar a que otros aprendan.

En el contexto hebreo, la palabra maestro es mucho más rica. La palabra yara se traduce como enseñar o disparar, y uno de sus usos aparece en el contexto de la arquería. De hecho, literalmente significa arquero.

Caminos perfectos y no tan perfectos

Los romanos inventaron las primeras carreteras. Hasta hoy el Camino Romano es valorado y apreciado ya que logró conectar todo un Imperio. Bien decían: “Todos los caminos llevan a Roma”. Sin embargo, una vez que aparecieron los vehículos a motor las autopistas y carreteras asfaltadas se hicieron imprescindibles para el funcionamiento de la vida.

Hoy nos quejamos cuando algún tramo de la carretera está en reparación. También lamentamos que a veces las vías estén bloqueadas o en malas condiciones. Cuando transitamos por carreteras más elementales, echamos de menos las de cuota. Pero en pocas palabras, nos hemos acostumbrado a buenos caminos.