De películas y caballos

Hace unos meses, mi esposo y yo fuimos al cine para ver una película ganadora del Óscar. Por la sinópsis, supusimos que sería una cinta con temática para adultos. Estaba calificada como apta para mayores de 15 años, pero aun así, fue demasiado gráfica y violenta, y desviamos la mirada en algunas escenas.

Pero lo que más nos preocupó fue que frente a nosotros estaba una familia con dos niños entre los 8 y 10 años de edad. ¿Qué hacían ahí?

Cantidad y calidad

La cantidad, en definitiva, es tan vital como la calidad. No podemos separar una de la otra. A final de cuentas, convivir con los niños sucede a lo largo del día. Cuando los despertamos con un beso. Cuando salimos a la tienda. Cuando los bañamos y cenamos en familia. Cuando vemos juntos una película, en vez de dejarlos pegados a la pantalla para que no nos molesten. Convivimos al ir por la despensa y al podar las flores juntos; al cocinar lado a lado y pasear en bicicleta.

Ser padres es ser vulnerables

Ser padres es ser vulnerables. Muchas preguntas quedarán sin respuesta durante largas temporadas, o quizá jamás conoceremos los porqués en esta vida. Pero si bien el amor nos pone en riesgo, el amor también nos sostiene en los embates de esta vida, la esperanza nos trae consuelo y la fe nos dice que hay un propósito detrás de todo sufrimiento.