Completas

Completas
Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Señor, es para siempre; no desampares la obra de tus manos. Salmos 138:8 (RVR60)
He comenzado muchas cosas que he dejado a la mitad: novelas y manuscritos, composiciones musicales, proyectos de bordado, rutinas de ejercicio. Sin embargo, ninguna de ellas ha surgido a la vida y gritado: «¡No me abandones!» Los únicos que me han dicho: «No me dejes», cuando es hora de abordar el avión para ir a un viaje de trabajo, son mis hijos y mi esposo.
Para Dios, por lo tanto, no somos planes aleatorios o buenos proyectos, ¡somos sus hijos! David nos dice en este salmo que Dios es misericordioso y fiel. Después nos cuenta que cuando clamó al Señor, Él le respondió y lo fortaleció. Luego nos recuerda que Dios es grande y excelso.
En los últimos dos versículos, David cierra con un broche de oro y hace eco a las palabras de Pablo: Dios nos salva y cumple los planes que tiene para nosotros. No nos deja a la mitad. No se cansa y nos bota. No retira de nosotros su compasión. Como explicó Pablo: «Estoy convencido de que Dios empezó una buena obra entre ustedes y la continuará hasta completarla el día en que Jesucristo regrese» (Filipenses 1:6, PDT).
Quizá hoy estás pasando momentos difíciles y te sientes como un cuadro a medio pintar, o un calcetín a medio zurcir, o una receta incompleta. No te desanimes. Para Dios eres su hija y no se dará por vencido hasta que estés completa, perfecta y preparada para la venida de su Hijo. Él cumplirá su propósito en ti.
Gracias, Señor, porque no te rindes y sigues moldeando mi vida.

Abundante fruto

La Sagrada Familia es el lugar más visitado en España y con justa razón. La masiva construcción fue concebida por Gaudí, quien se inspiró en la tradición de las catedrales góticas y bizantinas, así como en la naturaleza que rodea Barcelona. Deseaba expresar a través de cada detalle el mensaje del Evangelio.
Uno de esos detalles que llaman la atención son las torres. Al principio parecen tener deformaciones, pero una segunda inspección nos mostrará que están repletas de frutos. Las torres son, en cierta manera, canastos de fruta. ¿Qué representan? ¿La belleza de la creación? ¿Una buena cosecha?

Algunos interpretan las nueve torres como el fruto del Espíritu. En Gálatas 5:19 leemos que «la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio».
El apóstol Pablo habló de nueve virtudes que solo Dios puede lograr en medio de un corazón hostil y egoísta por naturaleza. ¿Pudo acaso añadir uno más? Quizá. Pero, si bien estas características no son las únicas, ni son exclusivas de este pasaje, nos dan una amplia gama de cualidades que distinguen a un seguidor de Jesús.
Cuando el Espíritu Santo mora en nuestros corazones, nos ayuda a amar a nuestros enemigos, a gozarnos en medio de las pruebas, a sentir paz en medio de la tormenta, a mostrar paciencia con los que son más lentos, a ser gentiles con los débiles, a tratar con bondad a los ancianos, a cumplir con fidelidad nuestros votos matrimoniales, a humillarnos en vez de pavonearnos, y a controlar nuestra ira.
Cuando enseñamos esto a los niños, a veces dibujamos un canasto con nueve frutos. Sin embargo, me encanta la creatividad de Gaudí. No puso un fruto por torre, sino racimos de uvas, de granadas, de plátanos sobre cada torre. Mostró de ese modo, la abundancia que caracteriza al Dios Trino.
En mi vida no solo hay una manzana de amor para compartir con mis hijos. ¡Al contrario! Cuando tomo una manzana de amor y se la doy a mi hija, me doy cuenta que tengo otra para mi hijo, y una más para mi esposo, y una más para mi vecina, y una más para mi jefe, y una más para mi alumno más distraído.
En otras palabras, el fruto es tan abundante que rinde y sobra en cada situación, en cada evento y en cada minuto. Disfrutemos esta clase de fruto, compartamos esta clase de fruto, usemos esta clase de fruto. ¡Es abundante!

Caminos perfectos y no tan perfectos

Los romanos inventaron las primeras carreteras. Hasta hoy el Camino Romano es valorado y apreciado ya que logró conectar todo un Imperio. Bien decían: “Todos los caminos llevan a Roma”. Sin embargo, una vez que aparecieron los vehículos a motor las autopistas y carreteras asfaltadas se hicieron imprescindibles para el funcionamiento de la vida.

Hoy nos quejamos cuando algún tramo de la carretera está en reparación. También lamentamos que a veces las vías estén bloqueadas o en malas condiciones. Cuando transitamos por carreteras más elementales, echamos de menos las de cuota. Pero en pocas palabras, nos hemos acostumbrado a buenos caminos.