La vida: regalo de Dios

Mucho se ha escrito y se escribirá de Roberto Gómez Bolaños, conocido como Chespirito, pero quisiera aportar mi pequeño recuerdo. No tendría más de diez años, pues he verificado que la obra “Títere” se presentó hasta 1985, cuando el terremoto destruyó los teatros donde se montaba.

Mis abuelos, mi mamá, mis dos hermanas menores y yo nos sentamos en las butacas del Televiteatro para ver lo que sería —para mis hermanas y yo— nuestra segunda obra de teatro musical. (La primera fue Peter Pan con Lolita Cortés como Peter Pan y el Loco Valdés como el Capitán Garfio).

La historia de “Títere” se basa en el cuento de Pinocho, y si bien conocía la trama, me enganché desde el principio. Me costó de momento olvidar que Florinda Meza no era la Chimoltrufia, sino Betel, un hada buena. Y que Chespirito era Pepe Grillo, la conciencia de Pinocho, y no el Chapulín Colorado. Pero gracias al profesionalismo de los actores, pronto me sumergí en un mundo de canciones, coreografía y magia.

Lo aprendí de Winnie Pooh

Cuando estamos teniendo un mal día, basta con sumergirse en el bosque encantado que Alan Alexander Milne inventó, para toparse de nuevo con la inocencia salpicada de fino humor que nos remonta a nuestra niñez.

Milne, un prolífico escritor y amigo de J. M. Barrie (creador de Peter Pan), no pretendía escribir para niños ni ser recordado por sus libros sobre Christopher Robin, pero así sucedió. Su fama surgió a través de sus poemas y de los cuentos infantiles que escribió para su hijo. 

¿Y cómo nació Winnie the Pooh? Cuenta la historia que en 1914, un tren transportaba tropas con destino a Europa desde Winnipeg, Canadá. Se detuvo en Ontario y el teniente Colebourn compró una cachorra de oso negro por veinte dólares. La llamó Winnie, por la ciudad en donde la adoptó. Así, la cachorra se convirtió en la mascota oficial de la brigada 34. De paso por Inglaterra, Colebourn dejó a Winnie en el zoológico de Londres. Esta osita se volvió la favorita del público, así que se quedó allí hasta su muerte.

Por su parte, la esposa de Milne había regalado un osito «Edward» a su hijo Christopher. A los cinco años, Christopher acompañó a sus vecinos al zoológico londinense y conoció a Winnie. Se hizo amigo de la osa de modo que los cuidadores lo dejaban pasar para jugar con ella. Así que Christopher rebautizó a su oso de peluche Winnie the Pooh y aquellas visitas inspiraron a Milne para el primer poema de la serie.

¿Y qué es lo que Milne construyó en este universo de juguetes? Creó personajes interesantes, como Conejo, quien hace innumerables listas de pendientes y no logra terminar nada; o Kangu, quien como toda buena madre, anda detrás de su hijito para darle medicina o remendar su ropa; o Búho, quien finge saber leer cuando en realidad solo tiene los conocimientos básicos.

Los nuevos héroes de la traducción bíblica

Mi abuelo solía predicar que solo dos cosas son eternas: la Palabra de Dios y las almas de los hombres. Por esa razón, hace unos veranos nuestra familia visitó San Juan Atzingo, en el estado de Puebla, México, pues queríamos que nuestros hijos vieran que no todos los traductores bíblicos son rubios y altos, sino que hay una nueva generación de héroes: los traductores indígenas.