Secretos

No siempre puedo hablar de lo que siento. ¿No te sucede lo mismo? Tú lloras y yo hago lo posible por entender qué es lo que quieres. ¿Hambre? ¿Cansancio? ¿Calor? ¿Frío? ¿Incomodidad? ¿Enfermedad? Anhelo que llegue el día que hables para que me digas con palabras cuál es tu molestia.

Pero reconozco que aún cuando empieces a balbucear y a decir tus primeras palabras, yo no lo sabré todo, no me enteraré de todo, no conoceré todo lo que anida en tu corazón. Porque nadie puede saberlo, solo uno mismo. Y Dios.

Se solicitan custodios

Sin embargo, la labor de los custodios me hace pensar en la necesidad que tenemos hoy, más que nunca, de personas que cuiden y resguarden la belleza, la verdad y la pureza. Si tuviera que hacer una novela gráfica o una película de superhéroes quizá la llamaría: «Los custodios de lo bueno». La historia giraría alrededor de personas dispuestas a caminar una milla extra por resguardar la belleza de la naturaleza, la verdad bíblica y la pureza que aún puede existir en las mentes y en los corazones de quienes aman a Dios.