Abundante fruto

La Sagrada Familia es el lugar más visitado en España y con justa razón. La masiva construcción fue concebida por Gaudí, quien se inspiró en la tradición de las catedrales góticas y bizantinas, así como en la naturaleza que rodea Barcelona. Deseaba expresar a través de cada detalle el mensaje del Evangelio.
Uno de esos detalles que llaman la atención son las torres. Al principio parecen tener deformaciones, pero una segunda inspección nos mostrará que están repletas de frutos. Las torres son, en cierta manera, canastos de fruta. ¿Qué representan? ¿La belleza de la creación? ¿Una buena cosecha?

Algunos interpretan las nueve torres como el fruto del Espíritu. En Gálatas 5:19 leemos que «la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio».
El apóstol Pablo habló de nueve virtudes que solo Dios puede lograr en medio de un corazón hostil y egoísta por naturaleza. ¿Pudo acaso añadir uno más? Quizá. Pero, si bien estas características no son las únicas, ni son exclusivas de este pasaje, nos dan una amplia gama de cualidades que distinguen a un seguidor de Jesús.
Cuando el Espíritu Santo mora en nuestros corazones, nos ayuda a amar a nuestros enemigos, a gozarnos en medio de las pruebas, a sentir paz en medio de la tormenta, a mostrar paciencia con los que son más lentos, a ser gentiles con los débiles, a tratar con bondad a los ancianos, a cumplir con fidelidad nuestros votos matrimoniales, a humillarnos en vez de pavonearnos, y a controlar nuestra ira.
Cuando enseñamos esto a los niños, a veces dibujamos un canasto con nueve frutos. Sin embargo, me encanta la creatividad de Gaudí. No puso un fruto por torre, sino racimos de uvas, de granadas, de plátanos sobre cada torre. Mostró de ese modo, la abundancia que caracteriza al Dios Trino.
En mi vida no solo hay una manzana de amor para compartir con mis hijos. ¡Al contrario! Cuando tomo una manzana de amor y se la doy a mi hija, me doy cuenta que tengo otra para mi hijo, y una más para mi esposo, y una más para mi vecina, y una más para mi jefe, y una más para mi alumno más distraído.
En otras palabras, el fruto es tan abundante que rinde y sobra en cada situación, en cada evento y en cada minuto. Disfrutemos esta clase de fruto, compartamos esta clase de fruto, usemos esta clase de fruto. ¡Es abundante!

Evita la envidia y a Bach imita

«Cuando intentes un buen trabajo, encontrarás a otro haciéndolo también, incluso mejor que tú. No los envidies… El humor más indigno y despreciable es una nube al alma cristiana y nos espera en cada empresa, a menos que nos fortalezcamos con la gracia de la magnanimidad». Esto escribió Henry Drummond, un evangelista escocés del siglo XIX. 

¿No te parece que tiene razón? Siempre que hagamos algo, veremos que alguien resulta más exitoso que nosotros, pero si nos medimos por la opinión popular, quizá nunca logremos nada realmente importante. Por ejemplo, en una especie de encuesta que hizo el escritor Anthony Tommasini del New York Times en el año 2011, concluyó que Bach es el compositor más grande de todos los tiempos, después de recopilar una interesante cantidad de respuestas.

¿Qué es un maestro?

Hemos dicho que un maestro es un arquero, pero es algo más. La palabra hebrea moreh , que también se traduce como maestro, abarca dos imágenes mentales. La primera proviene de la descomposición de sus letras. La primera letra de esta palabra y la última forman el concepto de un vientre.

Podemos pensar que el proceso de enseñanza hace que la mente del alumno se impregne de la verdad, conceptos e ideas con la expectativa de que incubarán y se desarrollarán hasta producir un «bebé», algo útil, significativo y productivo.

¿Qué es un maestro?

Según el diccionario, un profesor enseña una ciencia o un arte, y tiene un título universitario. Los padres, los directivos y los alumnos tienen expectativas de nuestro rol: ayudar a que otros aprendan.

En el contexto hebreo, la palabra maestro es mucho más rica. La palabra yara se traduce como enseñar o disparar, y uno de sus usos aparece en el contexto de la arquería. De hecho, literalmente significa arquero.