Este libro ya no se vende en físico, pero lo escribí durante un tiempo de espera en mi vida.
La contratapa dice:
La vida es una constante espera y no puede haber otra mujer más apropiada en “El arte de esperar” que Sara, la esposa de Abraham, el patriarca bíblico.
Para Dios somos como en un lienzo y Él es el artista, la autora presenta después de cada capítulo una aplicación en la que muestra la pincelada que Dios da a nuestra vida para ir perfeccionando su obra.
Les comparto la pincelada final de este libro:
El arte de esperar
He tomado la imagen del arte para hablar de la espera. El arte se plasma en diversas disciplinas, como la arquitectura, la pintura o la música, la escultura o la literatura. Nos hace pausar y suspirar, contemplar su belleza o su poca estética y arrugar las cejas. ¿Qué nos quiso comunicar el artista?
He propuesto que esperar es un arte. Algo que no se logra de la noche a la mañana, sino que conlleva un proceso. No es algo que de momento luzca hermoso sino hasta que se ha contemplado. Nadie pudo decir que el David de Miguel Ángel sería una maravilla tan solo observando un bloque de mármol. Del mismo modo, hoy vemos la obra en proceso, pero falta tiempo para mirarla completa y en exhibición.
Así que termino este pequeño tratado reflexionando en los elementos del arte.
El artista
Es quien practica una disciplina artística o destaca en ella, desde un gramático, un astrónomo o un músico, hasta un albañil, un alfarero o un ebanista. El artista es alguien que desea expresar o comunicar su visión del mundo a través de lo que crea. Y para fines de este libro, no me refiero a nosotras, sino al verdadero artista, Jesús. Él es quien se destaca en el arte de restaurar y salvar vidas. Sólo él sabe cómo crear algo bello de la nada. Y a través de ese arte, comunica a los demás su mensaje. ¿Acaso no hemos aprendido grandes cosas de Sara?
Obra de arte
Somos nosotras, aunque aún estamos en proceso de restauración. Lo que hoy ven los demás son pinceladas o brochazos sin ton ni son; notas musicales desordenadas que aún no adquieren una melodía definida. El artista trabaja con nosotras, un material menospreciado y corriente, para volvernos una verdadera inspiración. De hecho, el término proviene del latín «opera» que deriva de «opus» o trabajo. Hoy nosotras somos el trabajo del artista quien está moldeando nuestro carácter, y en un futuro cercano seremos el resultado de esa transformación.
Público
Un libro que no es leído, una pintura que no es admirada, una canción que no es interpretada, ¿es arte? En la Biblia se nos compara a cartas abiertas. Algunas personas, como Abraham, Sara e Isaac ya están en exhibición. Solo basta elevar la vista y contemplar sus vidas para aprender de ellos. Nosotras estamos en proceso de restauración, pero el público ya está aquí. Vecinos, amigos, familiares; cualquier par de ojos que se pose en nosotras, puede ver cómo Jesús, poco a poco, trabaja en nosotras.
Percepción
El arte es un fenómeno subjetivo, motivado por la cultura, la herencia y la opinión de las personas. Del mismo modo, cuando alguien contemple lo que Dios hace en nuestras vidas, habrá quien niegue con la cabeza y sienta compasión de nosotras. Para muchos será locura. Otros se intrigarán del resultado, pero quizá lo consideren tedioso. Unos más aprenderán de nuestras experiencias, como nosotras lo hemos hecho con Sara. Pero la opinión más importante será la del Artista, cuando deje la brocha a un lado y vea en nosotros su propio reflejo: la imagen de Jesús.
Técnicas
Todo comienza en la mente del Artista. Dios nos diseñó desde antes de la fundación del mundo. Somos su idea, y no se detendrá hasta plasmar en nosotras su propósito. Pero debe utilizar diversas técnicas dependiendo del material. A veces, usará el fuego del sufrimiento que moldea el vidrio; en otras, tomará el cincel de la disciplina que graba la piedra. Quizá seremos la pintura de las alegrías que decora el cuadro; tal vez la repetición del castigo hasta que la sinfonía adquiera coherencia. Pero ¿se quejará la obra por la aplicación de alguna técnica?
En el arte de la espera el experto es Dios. Que él plasme en nosotras su mano, y si esto implica uno, veinte, cincuenta años, ¿acaso importa? Seguimos en la trinchera, aguardando y esperando, y confiando en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y por supuesto, de la bella Sara.
