Una mirada a los salmos
Una peruana, una venezolana y una mexicana. Un devocional: un viaje por los salmos.
Como dice la contratapa:
Este libro devocional para mujeres lleva a la reflexión, pero principalmente a la adoración. Patricia Adrianzén de Vergara y Angélica Díaz de Vera pensaron en un libro de la Biblia que pudiera proveer sanidad integral, que fuera el instrumento para tener diariamente una cita con el médico eterno, un tratamiento auténtico de fe, una píldora para cada día. Por eso eligieron los Salmos, el salterio ubicado en el corazón de la Biblia que por más de 2000 años ha sido la guía de adoración, oración y comunión para ciento de mujeres. ¡Una autentica terapia espiritual! Aprendiendo a deleitarnos en su presencia y a responder con reverencia a su amor cada día.
Yo llegué un poco más tarde al proyecto, pero pude poner mi granito de arena y meditar en los salmos junto con ellas. ¡Qué gran experiencia!
Una píldora para hoy:
Yo me alegro cuando me dicen: «Vamos a la casa del Señor.». (Salmo 122:1) NVI
Alegría en la casa de Dios
¿Cómo te sientes, cuando después de un pesado viaje, llegas a tu destino? Hace poco viajé a Costa Rica sin mi hijo. El regreso fue una pesadilla. Un avión demorado, una conexión trunca, un equipaje extraviado. Pero nada me robó la sonrisa cuando abracé a mi hijo y lo pude besar. Del mismo modo, el salmista llegó a su destino, la ciudad de Jerusalén y prorrumpe en un canto de gozo.
Podemos imaginar la ciudad de Jerusalén a través de su descripción que nos habla de grandeza, hermosura, seguridad y solidez. Quizá todas tenemos una ciudad preferida, y al contar de ella a otros brillan nuestros ojos y tiembla nuestra voz. Pero el fundamento del gozo del salmista estaba en la casa del Señor, que representaba la presencia divina.
En tiempos bíblicos del Antiguo Testamento, la presencia de Dios habitaba el tabernáculo y moraba después en el templo. Sin embargo, hoy día sabemos que Dios no se encierra en el local donde la gente se reúne para alabar a Dios y estudiar la Biblia. Las Escrituras nos enseñan que Dios mismo mora en el corazón de sus hijos. Aun así, las epístolas comparan al pueblo de Dios con un edificio, con una casa que se construye ladrillo por ladrillo.
Del mismo modo, hoy podemos alegrarnos cuando otros nos invitan a convivir con otros hermanos en la fe. Ya sea en nuestra iglesia local, en una casa o un congreso, en un evento, en un concierto de alabanza o en una velada de oración, nuestros corazones deberían saltar de gusto al saber que iremos a reunirnos con la casa de Dios, los creyentes. Pero quizá hay situaciones que han menguado nuestro gozo. Recuerdo a mi sobrino despertar y quejarse por ser domingo. “¿Por qué no me quedo aquí? Desde aquí alabo a Dios”. Podríamos usar el mismo pretexto, pero sería inválido ante Dios, pues lo que él anhela es, precisamente, una adoración en unidad, en conjunto, en un solo cuerpo.
Si estás luchando con el desánimo, recuerda que no hay iglesia perfecta, que todos estamos en proceso de ser transformados día a día a imagen de Jesús. Pide a Dios que vuelva a darte esa alegría de ir a reunirte con tus hermanos, pues donde dos o tres se reúnen en nombre de Jesús, allí está él, en medio de ellos. Es verdad que también está en tu corazón, pero cuando varios de sus hijos nos unimos en armonía, su poder se desborda de maneras extraordinarias.
Oración: Señor, enséñame a alegrarme cuando vaya al lugar donde puedo adorarte con otros creyentes. Amén.
