Basta encender la radio o mirar el noticiero matutino, incluso se puede leer el periódico o las páginas de noticias de Internet; escucharás sobre asaltos, asesinatos, en otras ciudades del mundo o en tu vecindario. Sicarios, narcotraficantes, desempleados, pandillas, grupos terroristas.
En ocasiones pareciera que todo sucede lejos de ti, pero de vez en cuando, el horror toca tu puerta. Al vecino le roban su auto; a una conocida la secuestran. ¿Existe un lugar seguro? Tal vez te podrías mudar al campo, en medio de la nada. Pero sabes que aún allí merodean los criminales. Además, no puedes abandonar tu empleo o a tu familia.
¿Conclusión? Debemos co-habitar con la criminalidad. Debemos aceptar que vivimos en una sociedad conflictiva y peligrosa, pero no más que en tiempos antiguos. ¿La diferencia? Los medios de comunicación.
En el pasado quizá no te enterabas de lo que ocurría en la Alemania nazi, pero no por eso los judíos se salvaron del genocidio. Tal vez rara vez entraban a tu vecindario las noticias de la comunidad más cercana, pero aún así algún loco mataba a su esposa.
Si leemos las páginas de la historia, encontraremos que las personas de todas las épocas han vivido con la misma incertidumbre del día de hoy. ¿Volverá el cónyuge por la noche? ¿Estarán bien los hijos en el colegio? Muchas de esas personas sabían que en cualquier momento podían aparecer bandas de ladrones y quemar una aldea. Los enemigos raciales —en guerras y conflictos étnicos— no perdonaban a nadie.
No menciono esto para “minimizar” el problema; más bien, apelo a la realidad. Desde el principio se han registrado toda clase de injusticias y maldades. Así que la solución no es encerrarte en tu casa. Así que propongo algunos pensamientos:
El valor de la prevención: Si vives en una ciudad grande, actúa con sabiduría y sé sensato. No tientes a los “amantes de lo ajeno” y cuida tus pertenencias. Evita los lugares peligroso. En pocas palabras, persona prevenida, vale por dos.
El valor de las prioridades: Da valor a lo que realmente importa. Si te van a asaltar, no arriesgues tu vida por un celular o un anillo de compromiso. Más que el valor sentimental de una joya, está el poder compartir tu vida con quien te regaló ese presente. Los criminales —por lo general— van tras el dinero. Recuerda que puedes perder todos tus millones, pero jamás podrás recuperar una vida que se extingue.
El valor de lo intangible: Seamos sinceros; tarde o temprano nos topamos con personas que no le temen a la muerte. No son suicidas ni fanáticos, son seres humanos de carne y hueso, con familias y seres queridos, con planes y un futuro. Pero han visto más allá; han cuidado su parte espiritual, esa que le da sentido a la vida. Saben de dónde vienen y a dónde van. Los criminales detestan a estas personas. Son los que les dan sus joyas sin ofrecer resistencia; son los que conversan con sus captores e incluso piden a Dios por ellos; son los que perdonan al imprudente que atropelló a su hijo. Tal vez los calificamos de “tontos”, “mediocres”, “débiles”. Pero en el fondo los admiramos y anhelamos lo que ellos poseen. ¿Qué tienen? Una fe verdadera. Una fe en el Dios verdadero.
Estos son unos cuantos pensamientos para co-habitar con la criminalidad, pues nada de lo que diga puede evitar que algún día rocemos o experimentemos la tragedia; ni siquiera un seguro de vida ofrece eso. Pero como mencioné en el tercer punto, si conoces a alguien de este grupo de personas, esos que creen en el porvenir y no temen la muerte, aquellos que valoran la eternidad, pregúntales su secreto. Te sorprenderás.
