Para mis amigas

He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Mateo 1:23 (RVR60)

Una mujer en las noticias decía: «No saben lo que es vivir aquí». Tiene razón. No sé lo que es vivir en Afganistán bajo el régimen talibán; no sé cómo es vivir en una aldea empobrecida de la India; no sé lo que es tener un hijo con un defecto congénito del corazón y darme cuenta de que en mi país no hay hospitales capaces de operarlo.

Quizá así se sintieron los muchos personajes mencionados en el primer capítulo de Mateo. Después de muchas generaciones de judíos, desde Abraham hasta José el padre de Jesús, podían haber dicho: «Mira, Dios, somos el pueblo escogido y queremos seguirte. ¡Pero tú no sabes cómo es vivir en este mundo!» Y ¿qué hizo Dios?

Se mudó al vecindario. Dios se hizo hombre. Vino al mundo como un bebé que nació en Belén y al que nombraron Jesús. ¿Para qué? Para mostrarnos su amor y su plan de salvación. No había otra manera de ayudarnos, salvo muriendo en nuestro lugar por nuestros pecados. Nadie más, salvo Dios mismo, podía unir la brecha de separación.

Al empezar un nuevo año, podemos descansar en esta hermosa promesa: Dios está con nosotras. No es ajeno al dolor ni a la enfermedad, a la traición o al desengaño porque ya lo experimentó. No creemos en un dios indiferente a nuestros problemas; no leemos sobre un creador que hizo todo, se dio la media vuelta y se fue. ¡No! Tenemos un Dios al que podemos llamar Emanuel: Dios con nosotras.

Señor, gracias porque estás conmigo.

Leave a comment