El autor y el paisaje

Después de leer sobre las Brontë y pensar en ellas nuevamente, me viene a la mente una de mis novelas favoritas: “Cumbres Borrascosas”. Sobre todo, recuerdo la descripción de los paisajes. Esas casas frías y grandes, donde el viento se colaba por cada ventana. La vívida imagen de los páramos, áreas expuestas al clima de Yorkshire.

No cabe duda que el lugar donde crecemos o vivimos resulta una influencia innegable. Los colores vivos de Oaxaca, el clima cálido de Querétaro, la actividad del Distrito Federal, y ahora, la neblina, los cerros, el frío, el calor, el viento tempestuoso azotando los techos durante la noche. Un clima cambiante y caprichoso, como mi actual estado de humor.

Me pregunto qué tanto influirá en lo que hoy escribo. Tantos cambios, como fruta fresca, a veces un ambiente más provinciano, en otras una ciudad vibrante, gente con costumbres diferentes, vegetación abundante, hoy una vista desértica.

Tarde o temprano todo reaparece en los libros. La nostalgia, la dicha, la soledad, las personas. Con disfraces, con máscaras, con finales diferentes, pero finalmente brotan por las letras para dejar libre al autor, para ayudarnos a comprender y asimilar lo vivido. Charlotte Brontë le llamaría una sutil venganza; Emily lo consideraría un mal necesario; Anne lo calificaría como la cruda realidad.

Yo le llamo: el ambiente de mi propia novela.

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