Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan. Lucas 11:13 (NTV)
¿Cuál fue el mejor regalo que recibiste de parte de tus padres? ¿Educación, techo y comida, o una muñeca que se movía? Si ya tienes hijos, ¿qué te esfuerzas por regalarles en sus cumpleaños o en Navidad? ¿Un buen juguete? ¿Una escuela de renombre o clases extracurriculares? ¿Aparatos electrónicos de la más nueva generación? Y a ti, ¿qué te ha regalado Dios?
Seguramente con la última pregunta contestaremos que nos ha dado la vida, una familia, la salud o un trabajo. Quizá seamos más creativas para enumerar las muchas bendiciones que poseemos como una casa, un auto, un buen empleo o tranquilidad. Sin embargo, Jesús nos aclara cuál es el mejor don que recibimos del cielo: ¡es el Espíritu Santo! Y difícilmente se cuela en las listas antes mencionadas.
Sin embargo, el Espíritu Santo es Dios mismo morando en nosotras. ¿Qué puede superarlo? Absolutamente nada. Con Él de nuestra parte, estamos protegidas y selladas, apartadas para Dios y guiadas en esta vida. Él es el fuego que calienta, el viento que sopla, el aceite que unge, la nube que protege y la paloma que confirma que somos sus hijas.
¿Lo más increíble? Dios quiere dar este regalo a todos los seres humanos. Solo basta hacer una cosa: pedirlo. En otras palabras, cuando creemos en Jesús como Salvador y Señor, recibimos al Espíritu Santo. No necesitamos más que la fe. Si no has creído en Dios, pide a tu Padre Celestial el mejor regalo de todos: a Él mismo. Si ya lo tienes, ¡da gracias en cada oportunidad!
Gracias, Señor, por el Espíritu Santo.
Tomado de Un año en el Nuevo Testamento, editorial Origen.
