Satisfacción

«Uno que ama al otro no solo se siente movido por el deseo de verlo contento y saludable y con éxito en el mundo. El amor no puede satisfacerse por algo tan incompleto. Si en verdad amo al otro, debo, de algún modo, entrar al profundo misterio del amor de Dios por él». Thomas Merton

Señor, amo a mis hijos. Ciertamente deseo verlos sanos, felices y exitosos. Pero, de nada les sirve la salud, si no comprenden que están enfermos de pecado y no pueden hacer nada por sí mismos para librarse del pago de la maldad.

De nada sirve que estén felices, si basan su alegría en las cosas pasajeras de este mundo como los bienes materiales y las relaciones superficiales. De nada sirve que coloquen en la pared sus medallas y trofeos deportivos, académicos o laborales si no buscan, como meta principal en la vida, escuchar de tus labios las palabras: «Buen siervo y fiel».

Podrán poseerlo todo, pero no tienen nada si no te tienen a ti. Y qué difícil es enseñarles esto cuando están rodeados de ejemplos de personas que no te toman en cuenta y, en teoría, tienen todo lo que ellos desearían.

Señor, que tengan hambre de ti y sed de ti, y que nada les satisfaga hasta que encuentren en ti su todo.

«Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti». San Agustín

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