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Por Keila Ochoa Harris
Un Stradivarius es un instrumento de cuerda creado por un miembro de la familia italiana de Antonio Stradivari. Son valorados por los intérpretes del mundo y los coleccionistas de antigüedades porque las características sonoras de estos instrumentos son únicas. A menudo estos instrumentos se identifican por el nombre del músico famoso que lo utilizó en algún momento para sus interpretaciones.
¿Pero qué hace a un Stradivarius especial? Lo mismo que nos hace especiales a nosotros, los hijos de Dios.
En primer lugar, está la edad. Un Stradivarius antiguo es ampliamente valorado pues la experiencia y el tiempo le dan mayor resonancia. Nosotros somos tan antiguos como los pensamientos de Dios sobre nuestra existencia. Es verdad que apenas estamos en este mundo, pero en la mente de Dios ya existíamos desde antes de la fundación de la Tierra, cuando él planeó salvarnos y elegirnos para buenas obras.
Un Stradivarius está creado por un maestro. Del mismo modo, los seres humanos hemos sido hechos por un experto en la materia. Dios no se equivocó al darnos piernas largas o mucho cabello. Su destreza como artesano es superior a la de cualquier miembro de la familia Stradivari.
Tercero, a diferencia de los que no creen en Jesús, nos volvemos un instrumento virtuoso ya que un violín tocado con exquisitez durante mucho tiempo guarda los sonidos exquisitos que escucha. Se dice que “la madera recuerda”. En otras palabras, un virtuoso del violín educa a su instrumento. Somos especiales pues el Maestro nos toca día a día, y al producir sonidos perfectos nos va moldeando para ser perfectos.
Finalmente, somos un Stradivarius pues en estudios recientes se ha encontrado que algo especial que usaba la familia Stradivari provenía de la materia prima de la región en la que aún quedaban cenizas volcánicas. El fuego de esa tierra quedó en la memoria de las cenizas que hoy bañan a estos famosos violines. Esto nos recuerda que nosotros también hemos sido cubiertos por las cenizas, es decir, por la sangre preciosa de Cristo, y su sufrimiento nos da hoy vida.
Quizá en una subasta nadie daría más de dos pesos por nosotros. Tal vez ante el mundo no lucimos como un Stradivarius. Pero a final de cuentas, un instrumento en manos de un Maestro se vuelve un Stradivarius. ¿Estamos en las manos del Maestro?
