Lee Ezequiel 45 y 46.
Y, cuando entren y cuando salgan, el príncipe deberá estar entre ellos. Ezequiel 46:10 (NVI)
Cada noche, el comedor del campamento quedaba sucio. Aunque un grupo de camperos lo barría después de la cena, debido a otras actividades volvía a desordenarse y empolvarse. Misteriosamente, cada mañana, cuando los encargados despertaban, se encontraba en óptimas condiciones. ¿Quién lo mantenía en orden?
Durante la revelación de Dios a Ezequiel sobre la futura gloria del templo, se presenta al príncipe. No sabemos mucho de él, pero no se trata del Mesías. Quizá, simplemente, ejemplifica lo que un verdadero líder debe ser. ¿Qué hace? Ofrece sacrificios, presenta ofrendas en representación del pueblo y no se aísla del pueblo, sino que forma parte de la multitud.
Este misterioso personaje nos ofrece grandes lecciones. En muchas empresas e incluso iglesias, los líderes viajan en autos especiales y no se mezclan con el resto. Entran por puertas laterales y solo conviven con otros del mismo rango. Esta no es la imagen del príncipe misterioso que leemos aquí. Este es un líder siervo, uno que tiene un rol de pastor, pero un corazón de oveja.
¿Te acuerdas del comedor del campamento? Una mañana, los encargados se levantaron más temprano y descubrieron el secreto. Se trataba del conferencista y orador invitado, quien, sin llamar la atención, hacía un acto de amor y servicio todos los días, en silencio y en el anonimato. Todos se asombraron de la humildad de este líder-siervo, quien dijo: «No soy especial. Soy como el resto de los camperos. A todos nos toca limpiar». ¿Nos parecemos a este príncipe misterioso?
Señor, dame un corazón de siervo.
Tomado de Un Año en el Antiguo Testamento, Editorial Origen
Y sí, el líder misterioso fue mi abuelito Ronaldo.
