Oración por quietud

Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. Salmos 37:7a (NTV)

Príncipe de paz, ¿cómo puedo estar quieta con niños pequeños? Desde que nacieron parece que no paro. ¡Si tan solo pudiera estar quieta! Añoro los días en que podía tomar una taza de café sin interrupciones. Cuando podía mirar por la ventana y soñar, o tomar una siesta. Pero necesito estar quieta para escucharte. Tranquilízame con tu amor. Líbrame de las distracciones. Ayúdame a encontrar un espacio, un lugar, unos segundos de silencio. Cultiva en mí la capacidad de apartarme en mi mente y en mi corazón, cuando espero en el médico o en la clase de dibujo, cuando estoy en el banco formada, para escuchar tu voz. Que mi vida sea una constante oración en tu presencia a pesar de la actividad y el bullicio a mi alrededor. Aquieta mi alma, Señor.

Cuando la disciplina no cuaja

¿Alguna vez has hecho una gelatina que no cuaja? ¡Es frustrante! Cuando la consistencia es viscosa y líquida no parece gelatina. Es obvio que algo salió mal.  
Lo mismo me ha ocurrido en la disciplina con mis hijos. Estas semanas he tenido más derrotas que victorias. Siento que algo no está «cuajando». Así que me puse a analizar. Confesaré mis errores de estos días:
1. Muchas amenazas, pero poco cumplimiento.
2. Demasiadas reglas y consecuencias.
3. Mamá cansada, mamá que pasa por alto ciertos comportamientos.
En la disciplina, el ingrediente más importante es la consistencia. ¡Y ahí es donde he fallado más! Es claro por qué las cosas no están cuajando en casa.
Como no soy una experta, realicé una investigación sobre el tema. Encontré muchos consejos, que he resumido en cinco puntos principales:
1. Establecer reglas. 
Quizá en casa hay muchas reglas, pero como son demasiadas, es más difícil hacerlas cumplir. Para edad preescolar se recomienda de tres a cinco reglas esenciales, es decir, sobre las que no se admiten excepciones. 
Por ejemplo, no pegar, no hacer berrinches o no saltar en los sillones. Se pueden añadir reglas de tipo rutinario: hacer la tarea o tender la cama. Debemos elegir con cuidado qué reglas urgen más en casa y trabajar solo en ellas hasta que se dominen.
2. Tener un plan. 
¿Cuáles son las consecuencias si los niños fallan en alguna de las reglas? Existen varias posibilidades como el  tiempo fuera, la pérdida de privilegios o el castigo corporal. 
Cada regla debe tener su consecuencia específica, real y aplicable, no cosas imposibles de cumplir. Un plan nos ayudará a ser consistentes.
3. Llevar a cabo el programa. 
Si no le hacemos ver a nuestros hijos que las reglas están allí para cumplirse, harán lo que muchos en nuestra sociedad: romperlas y salirse con la suya. Aun cuando nos cueste trabajo, si el niño desobedeció una de las reglas, debemos aplicar las consecuencias advertidas.
4. Cuidado con los cambios de ánimo. 
Cuando estamos cansadas, es más fácil ser violentas o ignorar la conducta negativa. En medio del cansancio o del mal humor, debemos esforzarnos en controlarnos y llevar a cabo la sanción pertinente, con la actitud calmada y amorosa que nuestros hijos merecen.
5. Darle tiempo al tiempo. 
La disciplina en casa es un maratón, no una carrera de cien metros. Lleva tiempo. Cabe resaltar que cuando hablo de disciplina no solo me refiero a normas de conducta, sino a modelar un estilo de vida provechoso: disciplina para tocar un instrumento o practicar un deporte, hábitos de estudio y espirituales.
Necesito que las cosas vuelvan a cuajar en casa. Me siento esperanzada. Poco a poco son más los éxitos que los fracasos. Con consistencia y la ayuda de Dios, sé que la disciplina dará fruto a su tiempo.

El álbum familiar

Encontramos un viejo álbum de fotografías, y como de costumbre, nos sentamos alrededor de él con un sin fin de preguntas para la abuelita. 

—¿Y éste quién es? ¿El abuelo? ¿El bisabuelo? 

—¿Cómo era este tío?

—¿Dónde vivían en ese entonces?

Mi hijo comienza a darse cuenta de que tiene una familia, y en ocasiones se asoma a los álbumes de fotografías y apunta a diversos miembros. Mi deseo es irle contando poco a poco las historias de sus ancestros, aquellos que le heredaron sus apellidos y algunos atributos. 

Leí un libro para padres donde el autor reflexiona sobre el «álbum familiar» que tenemos en la Biblia. ¿Cómo le narramos a nuestros hijos o nietos la historia de David? Quizá lo hacemos como si se tratara de un cuento, las aventuras de Caperucita Roja o Aladino. Pero tal como el autor de este libro atinó en concluir, la Biblia es mucho más que una colección de historias.

De películas y caballos

Hace unos meses, mi esposo y yo fuimos al cine para ver una película ganadora del Óscar. Por la sinópsis, supusimos que sería una cinta con temática para adultos. Estaba calificada como apta para mayores de 15 años, pero aun así, fue demasiado gráfica y violenta, y desviamos la mirada en algunas escenas.

Pero lo que más nos preocupó fue que frente a nosotros estaba una familia con dos niños entre los 8 y 10 años de edad. ¿Qué hacían ahí?