Píldora de paciencia

¡Cuántas veces al día necesitamos una píldora de paciencia! Debemos repetir la misma instrucción una decena de veces; el hijo vuelve a incurrir en la misma falta; el esposo llama que llegará tarde del trabajo; el dolor de cabeza no nos abandona; en el banco el cajero nos atiende con lentitud; en la oficina gubernamental cambian la orden y requerimos otros papeles. Terminamos el día diciéndonos que se nos ha agotado la paciencia.

Tristemente, la Biblia marca cómo se obtiene la paciencia, y no es una píldora que se consiga en la farmacia. Santiago 1:2-3 dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Reina Valera 1960).

¿Qué produce la paciencia? ¡Las dificultades! Pero no olvidemos la promesa: “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”.

El legado de oro

Qué se le puede legar a un hijo? Existen las herencias donde se dejan casas, cuentas de banco o joyas que tarde o temprano se acaban. Pero la mayoría de los padres se esfuerzan en darle a sus hijos algo «no palpable», aunque sí vital: la educación.

¿Cómo podemos construir este legado para nuestros hijos? A continuación siete consejos que nos pueden ayudar.

Secretos

Escrito cuando mis hijos eran bebés.

No siempre puedo hablar de lo que siento. ¿No te sucede lo mismo? Tú lloras y yo hago lo posible por entender qué es lo que quieres. ¿Hambre? ¿Cansancio? ¿Calor? ¿Frío? ¿Incomodidad? ¿Enfermedad? Anhelo que llegue el día que hables para que me digas con palabras cuál es tu molestia.

Pero reconozco que aún cuando empieces a balbucear y a decir tus primeras palabras, yo no lo sabré todo, no me enteraré de todo, no conoceré todo lo que anida en tu corazón. Porque nadie puede saberlo, solo uno mismo. Y Dios.

Oración por quietud

Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. Salmos 37:7a (NTV)

Príncipe de paz, ¿cómo puedo estar quieta con niños pequeños? Desde que nacieron parece que no paro. ¡Si tan solo pudiera estar quieta! Añoro los días en que podía tomar una taza de café sin interrupciones. Cuando podía mirar por la ventana y soñar, o tomar una siesta. Pero necesito estar quieta para escucharte. Tranquilízame con tu amor. Líbrame de las distracciones. Ayúdame a encontrar un espacio, un lugar, unos segundos de silencio. Cultiva en mí la capacidad de apartarme en mi mente y en mi corazón, cuando espero en el médico o en la clase de dibujo, cuando estoy en el banco formada, para escuchar tu voz. Que mi vida sea una constante oración en tu presencia a pesar de la actividad y el bullicio a mi alrededor. Aquieta mi alma, Señor.