Caminos perfectos y no tan perfectos

Los romanos inventaron las primeras carreteras. Hasta hoy el Camino Romano es valorado y apreciado ya que logró conectar todo un Imperio. Bien decían: “Todos los caminos llevan a Roma”. Sin embargo, una vez que aparecieron los vehículos a motor las autopistas y carreteras asfaltadas se hicieron imprescindibles para el funcionamiento de la vida.

Hoy nos quejamos cuando algún tramo de la carretera está en reparación. También lamentamos que a veces las vías estén bloqueadas o en malas condiciones. Cuando transitamos por carreteras más elementales, echamos de menos las de cuota. Pero en pocas palabras, nos hemos acostumbrado a buenos caminos.

La Gran Historia

Sobre la Gran Historia.

Historia, con mayúscula. Uno de mis momentos magisteriales más motivantes se ha dado cuando he podido enseñar historia. En primaria pude recorrer la historia de México con mis alumnos de tercero y cuarto grado. Cuando enseñé una segunda lengua, traté de introducir pequeñas viñetas históricas de la cultura para que mis alumnos comprendieran más el contexto de muchas palabras y frases. Después, cuando enseñé preparatoria y fui maestra de la materia: Historia de la Iglesia, mis sueños se cristalizaron. 

Hoy extraño enseñar historia, pero sobre todo la que lleva letra mayúscula, es decir, la gran Historia. ¿Por qué? Porque la historia importa. Lo que sucedió antes ha marcado una diferencia. De hecho, el cristianismo no es tanto una serie de doctrinas o una teoría, sino algo que pasó, que pasa y que pasará.

Un anillo

Un anillo, un pequeño objeto circular, pero ¡qué codicia provocó en los corazones de los que lo hallaban! Causó guerras, muertes, traiciones y ceguera. Un pequeño anillo propició tres libros, unas fantásticas películas en las que la Tierra Media se debatía por obtener o rechazar el poder que esa miniatura ofrecía. En “El Señor de los Anillos” admiramos la honestidad de unos, la avaricia de otros y la lucha por el poder.

Hitler anhelaba el poder al igual que Stalin, Nerón, y tantos otros políticos, soldados, artistas y criminales.  Su ilusión:  dominar al mundo.  He-man, el hombre fuerte de las caricaturas, gritaba:  “¡Yo tengo el poder!” En otra tira cómica, Mumra, enemigo de los Thunder Cats declaraba: “¡Soy inmortal!”  Un día Lucifer, un hermoso ángel, quiso ser igual a Dios y fue echado del paraíso. Eva y Adán desearon conocer el bien y el mal y perdieron la comunión con Dios; salieron del huerto.

Sin embargo, Satanás y el hombre no comprenden qué es el poder. Curioso que la definición que más me agrada provenga de una película y de la boca de un personaje controversial que vivió durante la Segunda Guerra Mundial. Su nombre:  Schindler, su logro: rescatar judíos de la muerte dándoles trabajo en su fábrica.

Cierta noche, platica con Goethe, el general lunático encargado del campo de concentración. Entre copa y copa, Goethe bastante ebrio, habla del poder y declara:  “El control es poder”. Schindler, en sus cinco sentidos, pregunta:  “¿Por eso nos temen?” Goethe sonríe y le dice: “Nos temen porque tenemos el poder de matarlos.  Por eso nos temen”.

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Rebuznos

Luis D. Salem explica que las personas que rebuznan son las que, con «frases imprudentes echan a perder cosas de valor como la armonía en la familia, en la comunidad, etcétera». Y qué fácil es, en las redes sociales, rebuznar. 

Como Sancho Panza, decidamos poner silencio a nuestros rebuznos, y escribir y hablar cosas que enseñen y que incluyan un chispa de fe, esperanza y amor.