La presa

Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Marcos 15:34 (RVR60)

En agosto de 1975, el tifón Nina provocó lluvias tan intensas que el agua superó la capacidad de la presa de Banqiao, en China. La estructura colapsó y arrastró a otras sesenta presas en un efecto dominó. Se estima que más de 20 mil personas murieron directamente por la inundación, pero más de 230,000 fallecieron por los efectos secundarios. Probablemente, 11 millones de personas se vieron afectadas.

El escritor Marty Machowski compara el juicio de Dios por los pecados del hombre con el agua de ríos y lluvias. La presa de la compasión de Dios y sus segundas oportunidades contenían la ira divina hasta ese día en que Jesús murió por nuestros pecados. Y mientras Jesús colgaba de la cruz, la presa reventó y el juicio se desbordó sobre la persona de Jesús.

El Señor Jesucristo experimentó todo el peso de nuestras culpas ese día. ¡Con razón elevó su voz en un grito de angustia! «Al que no cometió ningún pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que en él nosotros fuéramos hechos justicia de Dios» (2 Corintios 5:21, RVR60).

Aquella tarde, en la que no estuvimos presentes, todo el peso de nuestro pecado cayó sobre unos hombres santos, inocentes y amorosos, pero también suficientemente fuertes para soportar tanto dolor. En palabras de Isaías: «Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo y causarle dolor. Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado, tendrá muchos descendientes. Disfrutará de una larga vida, y en sus manos el buen plan del Señor prosperará» (Isaías 53:10, NTV).

Señor Jesús, gracias a tu dolor, hoy yo soy parte de esos descendientes, de esos hijos que ganaste gracias a tu sacrificio. Que tu plan prospere en mi vida hoy y hasta mi último aliento.

Publicado en 40 días entre la cruz y la tumba.

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