¡Si tan solo se quedaran callados! Es lo más sabio que podrían hacer. Job 13:5 (NTV)
Los síntomas siempre son los mismos. Siento calor, luego un ardor en el estómago y finalmente todo explota por mi boca por medio de las palabras. Cuando me doy cuenta, ya dije lo que no debía. ¿Y cuándo me pasa? Particularmente en las discusiones con las personas con las que me cuesta convivir.
Tristemente, esas palabras, aunque pida perdón, surgieron de mis entrañas y me recuerdan mi falta de dominio propio y de sabiduría. Supongo que lo mismo pasó con los amigos de Job. ¿Se sintieron consternados por el aspecto de su amigo o enfadados por lo que ellos entendían como una consecuencia a su pecado? En su intento por ayudar, solo causaron más daño.
Job los reprende en el capítulo 13. Les pide que se queden en silencio y lo dejen en paz. Incluso les pide que le permitan hablar y afrontar las consecuencias. Ansiaba decir lo que realmente pensaba. Su esperanza, a final de cuentas, estaba en Dios y no en los hombres. ¿Hemos sentido lo mismo? ¿O hemos estado en el lugar de los amigos de Job?
Probablemente tengamos una opinión al respecto de todo lo que sucede en las vidas de los demás y la nuestra, pero siempre recordemos que no lo sabemos todo ni vemos todo. Los amigos de Job, por ejemplo, ignoraban lo que había sucedido en la corte celestial entre Dios y Satanás. Por lo tanto, cuando experimentemos esas ganas de compartir, primero guardemos silencio y pidamos dirección y control a Dios antes de abrir la boca.
Señor, ayúdame a callar de amor.
Tomado de UN AÑO CON DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
