Tu historia cuenta

«La eternidad lleva las marcas de nuestro presente», escribió James K. A. Smith. Imagina el tapiz de historias en el cielo, como un piso de mosaicos interminables, o una colcha tapizada de pequeños cuadros que cubre toda la tierra, o como las estrellas del cielo (imagen totalmente bíblica). 

Tu historia allá seguirá contándose. Quizá tú la compartas en cada banquete o mientras atiendes a los asuntos del Rey en los cielos nuevos y tierra nueva. Tal vez nos sentaremos a tomar el café, el té o una nueva bebida para intercambiar anécdotas. 

¿Será que las cicatrices aún las llevaremos presentes y serán la introducción a historias redimidas, sanadas y convertidas en un bien para bendecir a los demás? 

¿Qué más nos podemos llevar al más allá sino nuestras vivencias? Copio aquí una oración litúrgica y anglicana de la provincia de Kenia. 

«Oh, Dios de nuestros ancestros, Dios de nuestro pueblo, delante de cuyo rostro las generaciones humanas desaparecen: Te agradecemos pues en Ti estamos seguros para siempre, y porque los fragmentos rotos de nuestra historia se reúnen en el acto redentor de tu querido Hijo, a quien recordamos en el sagrado sacramento del pan y el vino. Ayúdanos a andar diariamente en la comunión de los santos, declarando nuestra fe en el perdón de pecados y la resurrección de nuestros cuerpos. Ahora envíanos en el poder tu Santo Espíritu para vivir y trabajar para tu alabanza y gloria. Amén». 

Qué hermoso pensar en que los fragmentos rotos de nuestras historias se han reunido en el acto redentor de Jesús. En palabras de William Blake: «La eternidad está enamorada de las producciones del tiempo». 

Tu historia cuenta, pues se seguirá contando en el más allá. Solo acuérdate de entregarla en las manos del Redentor para que sea restaurada.

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