Mientras mi mamá y Samy cocinaban el pay de nuez, empecé a redactar la lista de invitados a Navidad y fui diciendo los nombres en voz alta.
1 Mamá
2 Papá
3 Samy
4 Kahty
5 Bebé Benjamín
6 Abuela Teté
7 Tía Gaby
Me detuve.
—Mamá, ¿debe venir la tía Gaby?
—Por supuesto.
La tía Gaby tenía un solo defecto: siempre repetía la misma historia. Por ejemplo, si alguien mencionaba la palabra “accidente”, la tía volvía a contar aquella vez en que se cayó de las escaleras y se fracturó un brazo.
Seguí:
8 Primo Ricardo
Samy interrumpió mientras mamá mezclaba la harina, la sal y la mantequilla para formar una especie de migas de pan.
—Ricardo seguramente traerá un nuevo teléfono. Yo ni teléfono tengo.
9 Tía Zaira
—¿Tía Zaira? —pregunté.
—Grita mucho —suspiró Samy.
Mamá agregaba el huevo y el agua. No dejaba de amasar.
10 Prima Aurora
—Es muy berrinchuda. Pelea por todo —añadí.
—Solo tiene cuatro años —me recordó mamá.
¡Qué complicada fiesta!
11 Primo Fernando
12 Tío Hugo
¡Tío Hugo! Samy y mamá habían formado una bola que ahora refrigerarían durante treinta minutos, tiempo suficiente para lamentar que el tío Hugo estaba en la ciudad.
El tío Hugo podía ser el más divertido de la fiesta, siempre y cuando no tomara alcohol. Papá tenía prohibido ingerir bebidas alcohólicas en la casa, pero el tío Hugo se las ingeniaba para cargar una botellita oculta en su saco.
—¿Por qué hace eso, mami? ¿Por qué se emborracha?
—Tío Hugo está lejos de Dios. Debemos orar por él.
Y mientras tanto, corrían el riesgo de que les arruinara la fiesta.
13 Tío Nacho
Otro gran problema. Tío Nacho era un aguafiestas. Nada le gustaba. Si proponían ver una película, él ya la había visto y la consideraba aburrida. Si jugaban, tío Nacho se desaparecía. Si comían pavo, le hacía daño. Si optaban por bacalao, tío Nacho, de repente, detestaba alimentos marinos.
Mamá y Samy comenzaron a preparar el relleno: nuez, huevos, mantequilla, azúcar, miel y vainilla.
—Ya voy trece. ¿Quién falta?
—Tu tía Rosa y tu tío Manuel.
Samy y yo nos miramos con alegría. Eran los únicos tíos que nos simpatizaban de común acuerdo, y adorábamos al pequeño Isaí de año y medio.
Mamá sacó la masa y la extendió para añadir el relleno. Mientras lo hacía, terminé la lista.
—Dieciséis personas.
Mamá terminó el pay y lo metió al horno. Los tres nos sentamos alrededor de la mesa y mamá nos miró con seriedad.
—Comprendo que no todos en la familia son como uno quisiera. Pero para un pay se requieren varios elementos. ¿Qué pasa si comes cada ingrediente por sí solo, Samy?
—¡Guácala! No me gusta el huevo sin cocer, ni el azúcar a solas.
—Del mismo modo, una familia se compone por diferentes miembros. La suma de todos nos hace un rico pay, aunque quizá el tío Hugo por ahora sepa a….
—Huevo crudo —interrumpí.
—Y aún así, Navidad implica amar como Jesús. Dios ama al tío Nacho tanto como a la tía Rosa, o a la abuela Teté. Y nosotros podemos ser una luz en esta familia, amándolos, respetándolos y honrándolos. No elegimos en qué familia nacer, pero sí podemos decidir amarla y respetarla
—¿Aún si el tío Hugo llega… borracho?
—Mucho más si llega así, pues entonces él comprenderá que lo amamos, a pesar de su conducta, y quizá eso le recuerde que Dios también le ama, y que desea cambiarlo.
—Creo que falta alguien más en la lista, Kathy.
—No, Samy, ya son todos.
—Falta Jesús. Solo si él es el invitado principal, podremos amar a todos. Aún al primo Ricardo.
—Y no olviden el pay de nuez. No hay Navidad en la familia Pimentel sin mi famoso pay de nuez —declaró mamá.
—¿No les huele a quemado? —preguntó Samy.
—¡Oh no! ¡El pay! —gritó mamá.
Nueva lista: alternativas urgentes de postre porque el pay se quemó. ¿Ideas?
