Recuerdo aquella tarde en que cursaba secundaria y escuché por primera vez “Orinocco Flow” de Enya. Desde entonces, quedé prendida de esa música suave, tranquila, armónica, pero que se catalogaba como Nueva Era, y como cristiana, cierta parte de mí se preguntaba qué relación había entre la música y la ideología de sus autores.
Pero entonces conocí a Moya Brennan y todo cambió. De hecho, Moya o Maire, es la hermana mayor de Enya. Moya, dos hermanos y dos tíos formaron mucho antes que Enya fuera famosa un grupo llamado Clannad. Sus canciones salieron en películas como “El último de los mohicanos” y “Titanic”. Cuando Enya abandonó el grupo para ser solista, el mundo discográfico denominó esta nueva música como “Nueva Era”, y allí colocaron a Clannad, a Moya y a muchos otros músicos celtas.
En realidad, esta música está basada en la música tradicional irlandesa, más que en religiones o pensamientos, y cuando Moya Brennan también grabó como solista lo demostró, pues ella es una cristiana y su álbum “Perfect Time” refleja esto a la perfección.
Moya, la mayor de nueve hijos, creció como católica, pero se rebeló a Dios. Se dedicó a la música, pero reconoció que estaba sola. Entró a una etapa de su vida donde bebía demasiado, usaba drogas y tuvo un aborto. Cuando perdió a su bebé supo que su vida era un caos, y su matrimonio también. Se dio cuenta que aún cuando subía al escenario y hacía películas, su vida estaba vacía y sin propósito.
Entonces buscó a Dios. Simplemente empezó a orar y a pedir que Dios la ayudara y la guiara para ser una mejor persona y encontrar la paz en su corazón. Todo sucedió poco a poco, pero en 1987 conoció a Tim. Tim, hijo de un misionero de profundas convicciones cristianas, se convirtió en su esposo y padre de sus dos hijos. También llegó a ser el mentor de una nueva etapa de Moya en su recién iniciado camino en el cristianismo.
Como escribió en su canción “Where I Stand”:
No temas a la quietud, una voz gentil me guiará fuera… días hermosos… hermosa vida de amor… lluvia que se diluye desde donde estoy, tenía una vida echada a perder en mis manos, iba por sendas desviadas, pero soy débil, no me dejes ir. Encontré tu amor en mi corazón cuando mi mundo se hacía pedazos. Tu aliento de oro borró mi oscuridad. Si te lo pido, no me dejes ir.
La música de Moya es una dulce cadencia que evoca la música celta, de la que ella es un experta. Habla las lenguas ancestrales y toca el arpa. Conoce bien el folclor de su pueblo y ha cantado junto a grandes luminarias, y ha compuesto canciones para muchas películas.
Moya, como ella misma lo explica, sigue una tradición cristiana que surgió cuando san Patricio pisó la Isla Esmeralda y habló de Jesús. Desde entonces, y a pesar de las guerras y la sangre, el amor de Cristo ha vencido y ha tocado a muchos corazones que hoy cantan a Dios y le alaban.
Moya ayuda a muchas organizaciones cristianas, como una para niños ciegos y otra para quienes se recuperan de adicciones. Pero lo más importante es que ha dedicado su música a Dios, y desde Irlanda, con amor, nos ofrece hermosas composiciones que nos remontan a praderas verdes, horizontes lejanos y la nostalgia de una hermosa isla.
Busca su música. Te recomiendo su álbum navideño.
